Detrás del pizarrón y la vocación de ser maestro, existe una realidad poco visible: docentes con dolor crónico, trastornos mentales, enfermedades cardiovasculares y metabólicas, una lista de patologías que lentamente los va incapacitando hasta que no ven otra salida que solicitar su pensión y retirarse, muchas veces, antes de lo previsto.
Durante más de 20 años, Bernice Vicioso se entregó en cuerpo y alma a una sola tarea: alfabetizar niños de primer y segundo grado de la primaria, brindando servicios tanto en centros privados como escuelas públicas.
Hoy día, la mujer de 75 años, es hipertensa, padece de asma, ha empezado a olvidar dónde pone las cosas y camina con lentitud fruto de los espolones calcáneos que desarrolló luego de permanecer tanto tiempo de pie en los salones de clase, rematados por una rotura en la cabeza del fémur tras un accidente doméstico en su cocina.
“Tengo cuatro amigas, que fueron mis compañeras, y todas están malas de los nervios. Yo no, porque no me estresaba. Trabajaba una sola tanda en la escuela y en las tardes tenía una sala de tareas en mi casa. Yo no voceaba, por eso nunca me afecté la garganta”, comentó.
Aulas sobrepobladas
De acuerdo con su relato, uno de los aspectos que más influye en el desequilibrio mental es la falta de control en aulas sobrepobladas.
Para supervisar a sus alumnos, Vicioso agrupaba las sillas en grupos de diez y así hacía rondas dentro del salón de clases.
“En la Escuela República de Colombia tenía 31 alumnos, la mayoría varones, que siempre hablan mucho. En escuela pública yo diría que es un número normal, pero es un número alto para una sola maestra”, reconoció.
En el año 2019, el Ministerio de Educación estableció a través del artículo 9 de la ordenanza 02-2019, que “los centros educativos agruparán a los estudiantes en secciones de entre 30 y 35 estudiantes. Las secciones no podrán tener más de 35 estudiantes ni menos de 18”.
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La corriente magisterial Renovación Docente denunció a través de sus redes sociales que “algunas seccionales no se pronuncian sobre esta problemática, hay aulas con 40, 43, 45, 47 e incluso 50 estudiantes, lo que afecta la calidad de la enseñanza y el aprendizaje”.
“La salud mental es fundamental. Si un maestro no tiene la salud mental garantizada, su comportamiento pudiera afectar 35 familias”, dijo en recientes declaraciones Luis René Canaán, director ejecutivo de la Administradora de Riesgos de Salud para Maestros (ARS Semma).
“Es muy difícil mantener la calma cuando los mandas a callar y no obedecen”, afirmó Gustavo Rodríguez, maestro de secundaria en el Ensanche Quisqueya.
Pensión por enfermedad
Entre los años 2024, 2025 y lo que va de 2026, a 375 maestros les fue concedida su pensión por enfermedad, de acuerdo con los registros del Instituto Nacional de Bienestar Magisterial (Inabima).
La enfermedad cardiovascular hipertensiva fue la patología más repetida, afectando a 141 maestros (37.6 % del total). Le sigue la restricción en los movimientos de la columna y daño cervical, reportado en 133 y 123 docentes, respectivamente.
Otros 87 maestros fueron diagnosticados con alteración de la marcha; 41 con osteoartrosis de rodillas y dos con desgarro del manguito rotador.
En la parte de salud mental, 46 profesores sufrieron de trastorno depresivo; 14 presentaron ideación suicida y 40 hicieron crisis por alteración nerviosa.
Además, 48 maestros sufren de diabetes mellitus; ocho tienen pérdida de la agudeza visual y otros tres, etapa avanzada de glaucoma. Asimismo, ocho diagnósticos de carcinoma, siendo mama y próstata los principales.
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Un detalle que llama la atención es que el 100 % de los maestros que pasaron al régimen de pensión presentan varias patologías conjuntas.
“Tenemos muchos hipertensos, tenemos muchos diabéticos, que son enfermedades crónicas y estamos avanzando en la promoción y prevención para que estas enfermedades no degeneren en mayores consecuencias catastróficas… ¿Qué nos falta? Ampliar la red y saldar la deuda que hay con salud mental para los maestros, tener cobertura más amplia en otorrinolaringología”, expresó el doctor Canaán.
Del mismo modo, dijo que el uso continuo del teclado y la forma de escribir en la pizarra afecta el cuerpo, aumentando así los diagnósticos por túnel carpiano y desviaciones a nivel de columna.
Diagnósticos repetitivos
En el año 2013, el propio Inabima ya había publicado el estudio “Enfermedades y fallecimientos de los docentes”, el cual determinó que el 36.7 % de los profesores dominicanos tuvo que dejar las aulas por desórdenes mentales, el 21.7 % por enfermedades del aparato locomotor y el 12.6 % por padecimientos del sistema cardiovascular. En ese entonces, el cáncer fue responsable del 19.4 % de los fallecimientos en los maestros.
Más de una década después, los datos muestran que el diagnóstico sigue siendo el mismo: enseñar en República Dominicana continúa enfermando a quienes sostienen el sistema educativo.



