¡Qué chercha se armó en el ruedo político con las recientes declaraciones de la Dra. Milagros Ortiz Bosch! La directora de Ética e Integridad Gubernamental, una figura que lleva años en el tigueraje de la política dominicana, ha puesto el dedo en la llaga al afirmar que la gestión del gobierno actual no es más que la continuación lógica y coherente de los principios democráticos que enarboló el inmenso José Francisco Peña Gómez. Asegún ella, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) no surgió por una “chiripa” electoral, sino por una profunda defensa de la democracia interna y, más importante aún, por el respeto al legado de Peña Gómez y las bases partidarias. Esta es una vaina que hay que desmenuzar bien, porque nos habla de la identidad y el camino que ha tomado el país bajo la batuta del PRM.
Cuando Ortiz Bosch habla, hay que escucharla, porque ella ha estado ahí, en el ojo del huracán, desde hace un buen rato. En una entrevista en el programa La Plaza Radio Show, soltó la verdad sin titubeos: el PRM nació de una necesidad, de un “de una vez” para rescatar la institucionalidad y la participación que el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) había comenzado a perder. “La historia hay que contarla para que no desaparezcan sus razones,” enfatizó, recordándonos que la génesis del partido moderno fue una lucha interna por recuperar la voz de la militancia y el apego a los reglamentos. Es como decir, ¡klk!, que se armó un coro para enderezar el camino, para que la democracia no se fuera por un barranco.
El maestro José Francisco Peña Gómez, un prócer de nuestra democracia, sembró unas semillas que hasta el sol de hoy siguen dando frutos. Su vocación por la justicia social, su compromiso inquebrantable con la participación ciudadana y su fe en la institucionalidad son pilares que el PRD, en sus mejores tiempos, consolidó. Hablamos de mecanismos de consulta directa, de darle un espacio jevi a las mujeres y a los jóvenes, de fortalecer una institucionalidad que muchas veces se tambaleaba. Ortiz Bosch nos subraya que esta tradición no se perdió, sino que fue retomada y amplificada en la construcción del PRM. Es como si el espíritu de Peña Gómez, esa “luz de la esperanza”, guiara los pasos de los que hoy están en el poder.
La coherencia, esa palabra tan usada y a veces tan hueca en la política, aquí toma una dimensión diferente. Según Milagros, el gobierno de Luis Abinader no está improvisando; está siguiendo un guion bien trazado por esos valores que Peña Gómez defendía a capa y espada. La lucha contra la corrupción, la transparencia en la gestión pública y el fortalecimiento del sistema de justicia no son meros eslóganes, sino acciones concretas. Es una clara señal de que no están en chercha, sino en un trabajo serio para limpiar la casa y construir una nueva cultura política. Están poniendo la vara alta, ¡un viaje de alta!, para que nadie se equivoque.
Y es que la “no impunidad” no es una frase vacía. Ortiz Bosch lo dejó clarito: “No estamos perdonando a nuestros propios compañeros. Eso es dar un ejemplo y construir una nueva cultura.” Esta es una declaración de peso, porque en este patio estamos acostumbrados a que “entre bomberos no se pisen las mangueras.” Pero aquí, la Dirección General de Ética e Integridad Gubernamental (DGEIG) ha metido el pie sin miedo, remitiendo cerca de 60 expedientes a la Procuraduría General de la República y un sinnúmero de casos a la administración pública. Esto es un “asegún” que va en serio, demostrando que la ética y la transparencia no son solo para la foto.
La transparencia, ese cristal que nos permite ver lo que se cocina en el Estado, también ha experimentado un salto chulo. La funcionaria destacó que el país ha alcanzado más de un 95% de cumplimiento en respuesta a solicitudes de información pública. ¡Imagínense! Cuando arrancaron, apenas se llegaba a un 40%. Eso sí que es un cambio, ¡klk! Ya no es tan fácil esconder las cosas debajo de la alfombra. Esta es una señal clara de que la gente tiene derecho a saber, y que el gobierno está comprometido con esa apertura, lo cual es fundamental para cualquier democracia que se respete.
Este proceso de transformación no es solo una moda, es un compromiso con el futuro. Ortiz Bosch indicó que fortalecer la transparencia es parte de una transformación cultural que requiere constancia, educación ciudadana y, sobre todo, protección efectiva a quienes se atreven a denunciar. Porque no es fácil ser un denunciante en un país donde las redes de complicidad a veces son más fuertes que la ley. Pero se está trabajando para que esa “vaina” cambie, para que la gente tenga la confianza de hablar y que sus voces sean escuchadas y protegidas.
Finalmente, la administración actual no solo está enredada en temas de ética y transparencia, sino que también tiene una visión de desarrollo basada en resultados tangibles. Hablamos de crecimiento económico sostenido, una expansión turística que está “bacana“, aumento de exportaciones, programas sociales que llegan a la gente y una ampliación significativa del acceso a la educación superior. Es decir, que no solo están lavando la cara, sino que están construyendo un futuro más próspero para todos. El país está cambiando su conducta institucional, y eso no es un discurso, es una realidad que se ve y se siente.
En definitiva, las palabras de Milagros Ortiz Bosch resuenan como un llamado a la coherencia y al compromiso con los ideales democráticos que forjó Peña Gómez. Es una invitación a ver más allá de la coyuntura y entender que el PRM, a través de sus acciones, busca honrar una tradición que valora la transparencia, la participación y la justicia. Y aunque el camino es largo y lleno de desafíos, el mensaje es claro: este gobierno está construyendo con hechos, ¡y eso es lo que cuenta! Una vaina que, asegún los viejos del PRD, hubiera puesto a Peña Gómez más que orgulloso.
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