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¡Qué Cuartos y Qué Vaina! Cientos de Miles de Hospitalizaciones Evitables en RD

El reciente informe de Sisalril y OPS ha dejado a más de uno con la boca abierta, ¡y con razón! Imagínense ustedes, que en tan solo cinco años, desde el 2019 hasta este 2024, nuestro sistema de salud ha visto casi 400 mil ingresos que, según los expertos, se pudieron haber prevenido. ¡Eso sí es una vaina gorda! Este estudio, que se enfoca en las Hospitalizaciones Evitables dentro del Seguro Familiar de Salud (SFS), nos pone de frente con una realidad que, aunque la sentimos a diario en el tapón o en la farmacia, ahora está en blanco y negro: estamos perdiendo un viaje de cuartos y, lo que es peor, exponiendo a nuestra gente a un “calvario” innecesario.

Este bombazo informativo nos llega de la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (Sisalril) junto con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), y lo que revelaron este martes es para sentarse a analizar. De los egresos hospitalarios totales en este quinquenio, un impresionante 16% fueron por condiciones que pudieron manejarse fuera del hospital, con tratamientos ambulatorios oportunos y una atención primaria robusta. De esas 395,248 internaciones que no tenían que ser, más de la mitad, un 52%, afectaron a mujeres, mientras que los hombres representaron el 48%. Esto no es solo un numerito más, mi gente; esto representa vidas, familias, ingresos perdidos y, sobre todo, una señal de alarma bien prendida sobre dónde debemos enfocar nuestros esfuerzos como país.

Pero, ¿qué significa exactamente una “hospitalización evitable”? No es más que un internamiento por una condición de salud que, si se hubiese detectado a tiempo y se le hubiese dado seguimiento adecuado en el primer nivel de atención, en la consulta del médico del barrio o en el centro de atención primaria, no habría llegado a ser tan grave como para requerir un hospital. Son condiciones sensibles a la atención ambulatoria, el famoso ACSC (Ambulatory Care Sensitive Conditions). Es como si tu carro empieza con un ruidito y, en vez de llevarlo al mecánico de una vez, esperas a que se le caiga una rueda para ir a la gomera. Ahí está el meollo del asunto, el porqué de esta situación que nos tiene a todos pensativos.

República Dominicana, como muchos países en desarrollo, enfrenta desafíos significativos en su sistema de salud. La Atención Primaria, esa primera puerta de entrada al sistema, a menudo está subfinanciada o infrautilizada. Históricamente, hemos tenido una cultura más orientada al hospital, a la atención curativa de la enfermedad ya avanzada, que a la prevención y al mantenimiento de la salud. Sin embargo, un sistema de salud eficiente y sostenible debe tener una atención primaria fuerte como columna vertebral. Es ahí donde se detectan los problemas pequeños antes de que se conviertan en un “bochinche” grande, donde se manejan las enfermedades crónicas y se educa a la población.

Los costos asociados a estas casi 400 mil hospitalizaciones evitables son un verdadero dolor de cabeza, ¡un viaje de cuartos! El informe estima que se esfumaron cerca de 12.4 mil millones de pesos dominicanos solo en servicios prestados por estas internaciones. Imagínense ustedes todo lo que se pudiera hacer con esa cantidad de dinero: construir más y mejores centros de atención primaria, equiparlos con lo último, capacitar al personal de salud, lanzar campañas de educación masivas y hasta mejorar las infraestructuras de las guaguas para que la gente llegue más fácil a sus citas. Es una pérdida económica que impacta directamente en la sostenibilidad del SFS y en la capacidad del Estado para invertir en otras áreas vitales.

Las causas principales detrás de este “desorden” de ingresos hospitalarios evitables no son nuevas, pero su persistencia sí es preocupante. El informe de Sisalril y OPS señala a la gastroenteritis, la diabetes mellitus, las enfermedades cerebrovasculares, las afecciones respiratorias bajas y la hipertensión como las campeonas de esta lista. Entre ellas, concentran el 60.6% de todos los casos evitables. Estas son condiciones que, con un diagnóstico temprano, seguimiento médico constante, medicamentos accesibles y, sobre todo, cambios en el estilo de vida, podrían manejarse sin llegar a una sala de emergencia o a una cama de hospital.

Tomemos la diabetes, por ejemplo, o la hipertensión, que son dos de los males que más aquejan a nuestra población del patio. Mucha gente no sabe que las tiene hasta que es demasiado tarde, o si lo saben, no le dan el seguimiento adecuado por falta de tiempo, de cuartos o simplemente por la falta de conciencia sobre la seriedad del asunto. Una buena alimentación, ejercicio regular y visitas periódicas al médico pueden hacer la diferencia entre una vida normal y una serie de complicaciones graves que terminan en una hospitalización. Y ni hablar de la gastroenteritis, muchas veces evitable con higiene básica y acceso a agua potable.

Este estudio no solo arroja luz sobre los números, sino que también nos invita a una profunda reflexión sobre nuestra cultura de salud. ¿Por qué el dominicano, en ocasiones, prefiere aguantar un malestar hasta que es insostenible en lugar de ir a un chequeo preventivo? Factores como el desconocimiento, la percepción de que la atención primaria es de menor calidad, la barrera del costo (aún con el SFS), y hasta la “chercha” de no querer perder un día de trabajo por una consulta, contribuyen a esta lamentable situación. Es un desafío cultural que requiere un esfuerzo conjunto de educación y accesibilidad.

El objetivo principal de este análisis estratégico, según Sisalril y OPS, es generar la evidencia necesaria para optimizar los recursos del SFS y, de esta manera, reducir los internamientos que no tienen razón de ser. La meta es clara: fortalecer la Atención Primaria de Salud para asegurar que todos los dominicanos tengan acceso efectivo a servicios de calidad y, de paso, garantizar la sostenibilidad del sistema de salud a largo plazo. No se trata solo de “curar”, sino de “prevenir” para que no haya que curar con urgencia.

Las recomendaciones del informe son un punto de partida fundamental. Se propone priorizar paquetes de intervenciones en Atención Primaria enfocados en el control cardiometabólico y la prevención secundaria. Esto implica establecer estrategias estandarizadas y de mejora continua. En cristiano, significa que necesitamos un plan claro y uniforme para manejar enfermedades como la diabetes y la hipertensión desde el primer nivel, con protocolos definidos y asegurando que los centros de atención primaria cuenten con todo lo necesario para hacerlo bien.

La implementación de estas recomendaciones podría significar un cambio de paradigma en cómo concebimos la salud en la República Dominicana. Implica una inversión significativa en los llamados “UNAP” (Unidades de Atención Primaria), en la capacitación del personal de salud, y en la promoción de hábitos saludables. Pero, más allá de la inversión monetaria, se requiere un compromiso político sostenido y una participación activa de la comunidad. Es un “coro” que tenemos que montar entre todos: gobierno, sector salud, empresas, y cada ciudadano.

Pensar en la atención primaria es pensar en el futuro. Es invertir en una sociedad más sana, más productiva y con una mejor calidad de vida. Cuando una persona puede manejar su diabetes desde su casa, con el apoyo de su centro de salud local, se evita el estrés de una hospitalización, el costo para su bolsillo y para el sistema, y el impacto negativo en su familia. Es un círculo virtuoso que debemos impulsar con “tigueraje” y determinación.

Este estudio, titulado formalmente “Hospitalizaciones Evitables por Condiciones Sensibles a la Atención Ambulatoria en el Seguro Familiar de Salud”, no es solo un documento más. Es una hoja de ruta, un llamado a la acción para Sisalril y la OPS, pero también para el gobierno, los prestadores de servicios de salud y, por supuesto, para cada dominicano. Afianzar el compromiso para elaborar estrategias y políticas públicas robustas es clave para que el Seguro Familiar de Salud cumpla su promesa de bienestar para todos.

Tenemos que dejar de ver el médico solo cuando la “cosa se pone fea”. Necesitamos adoptar una cultura de prevención, de chequeos rutinarios, de cuidar nuestra alimentación y mover el esqueleto. No es un lujo, es una necesidad y, como bien lo demuestra este informe, es la forma más inteligente de ahorrar cuartos y, lo más importante, de salvar vidas y mejorar la calidad de vida de nuestra gente.

La tarea es grande, pero con voluntad y colaboración, podemos lograr que estas cifras de hospitalizaciones evitables sean cada vez menores. Es hora de que el “klk” en la calle se convierta en un “klk” de salud y bienestar. Desde el barrio hasta los hospitales de tercer nivel, debemos trabajar juntos para construir un sistema de salud que realmente nos sirva y nos proteja.

Al final del día, esto no es solo un tema de números o de presupuestos. Es un tema de gente, de nuestros abuelos, nuestros padres, nuestros hijos, nuestros vecinos. Es asegurarles una vida más plena y menos complicada por enfermedades que pudieron haber sido manejadas “de una vez” y con menos “lío”.

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