¡Klk, gente! Aquí su periodista del patio con las últimas de lo que se está cocinando a nivel global. Los Estados Unidos, esa potencia mundial, se ha metido en una vaina seria: está invirtiendo un dineral en chips propios y soberanos. La idea es no depender de nadie y tener el control total de su tecnología, una movida que no es nueva, pero que ahora se siente más apremiante que nunca. El objetivo principal es fortalecer la producción interna de semiconductores, una misión donde Invierte en Chips se ha convertido en el mantra de la administración actual. Imagínense, el país que tiene a las Big Tech más brutales del mundo, con empresas como Google, Amazon y Microsoft, todavía le hacía falta un empujón para ser autosuficiente en la fabricación de esos cerebritos electrónicos. Y, ¿saben qué es lo más chulo de esta historia? Que el socio principal en este coro no es una empresa de allá, sino una surcoreana que nos tiene acostumbrados a la calidad: Samsung.
Este relajo tecnológico no es poca cosa, ¡no señor! Applied Materials ha puesto nada más y nada menos que 5,000 millones de dólares sobre la mesa para un proyecto que busca la hegemonía tecnológica de Estados Unidos. Esta platica está destinada al EPIC Center, una instalación de casi 17,000 metros cuadrados de sala limpia en el corazón de Silicon Valley. EPIC, que significa Equipment and Process Innovation and Commercialization, es la punta de lanza para la investigación y desarrollo de equipos avanzados para semiconductores. La vaina es acelerar el proceso, recortar los ciclos de desarrollo que antes tomaban entre 10 y 15 años para llevar un chip desde el laboratorio hasta la producción masiva. ¡De una vez! La cosa es poner a EEUU al frente, sin tanto rodeo ni esperar por nadie, porque en este mundo digital, el que parpadea pierde.
Y es justo aquí donde Samsung se mete en el tigueraje. La empresa surcoreana, una de las fundiciones más importantes del planeta, ha entrado como socio fundador en el EPIC Center. Esto no es coincidencia, mi gente. En plena era de la inteligencia artificial, donde cada nanómetro cuenta y la memoria de alto ancho de banda (como las HBM4) es la que parte y reparte para alimentar a monstruos como NVIDIA, la presencia de Samsung es crucial. Ellos son los que están supliendo a NVIDIA con las nuevas memorias HBM4, y su experiencia en la fabricación de chips de vanguardia es, sinceramente, bacana. Su participación garantiza no solo recursos, sino un ‘know-how’ que no se consigue en cualquier esquina.
Pero ojo, que lo de Samsung en Estados Unidos no se queda solo en Silicon Valley. Esta gente está haciendo un viaje de inversiones allá. Ya tienen una instalación grandísima en Taylor, Texas, dedicada a la producción de chips de 2 nanómetros, que son la última generación en tecnología. Esto demuestra que la estrategia de Samsung es global y que entienden la importancia de tener presencia en mercados clave como el estadounidense. No es solo un tema de negocios; es una movida estratégica que fortalece sus lazos y asegura su posición como líder indiscutible en la fabricación de semiconductores.
Ahora bien, volviendo al tema de la soberanía, esta vaina tiene su quilombo. La meta inicial, que muchos recordaríamos de la administración de Donald Trump, era reindustrializar a Estados Unidos con empresas y mano de obra netamente estadounidenses. Por eso le metieron un dineral a Intel para que resurgiera de sus cenizas y se convirtiera en una fundición de primer nivel. Y, ¡lo lograron! Intel está de vuelta con procesadores avanzados y listo para competirle a cualquiera. Pero la realidad es que el músculo industrial que está llegando no es solo americano. Empresas extranjeras de peso pesado, como la propia Samsung y la gigante taiwanesa TSMC, también están expandiendo su presencia en suelo estadounidense.
TSMC, que es como el papá de los pollitos en el mundo de los semiconductores, también está montando fábricas en Arizona. Esto es un testimonio de la complejidad del asunto. Aunque el objetivo es la autosuficiencia, la realidad es que el ecosistema global de chips es tan intrincado que no se puede construir de la noche a la mañana solo con empresas locales. Es un matrimonio de conveniencia, donde Estados Unidos pone la tierra y el capital, y las empresas extranjeras ponen el tigueraje y la tecnología de punta. Así que, aunque el país se está reindustrializando con una inversión chula, gran parte de ese poder viene de los mismos jugadores de siempre, pero ahora con direcciones postales en los Yankees.
Esta movida no es solo por los chelitos, ¿eh? Hay un trasfondo geopolítico importante. La pandemia del COVID-19 nos demostró lo frágiles que son las cadenas de suministro globales. Cuando faltaron chips, se paró la producción de carros, de electrónicos y de un viaje de vainas. Por eso, asegurar el suministro de estos componentes vitales se ha convertido en una prioridad nacional para muchos países, incluyendo a los Estados Unidos. La guerra comercial y tecnológica con China también juega un papel fundamental, impulsando la necesidad de tener capacidad de producción propia para evitar depender de rivales estratégicos.
Mientras tanto, Samsung sigue en su flow. Además de todas estas inversiones y colaboraciones, están a tope con la investigación. No solo están con la producción masiva de las memorias HBM4, sino que ya están dándole cerebro al posible reemplazo: las memorias DRAM de próxima generación. Y para que vean lo importante que es esta gente, hasta ByteDance, la compañía detrás de TikTok, está en conversaciones con Samsung para que le fabriquen su propio chip de inteligencia artificial. Esto te dice que, no importa de qué lado del charco estemos, Samsung es un actor que se las trae y que su influencia en el mundo tecnológico está de lo más bien.
En resumen, lo que vemos es a Estados Unidos haciendo una movida jevi para asegurar su futuro tecnológico, invirtiendo miles de millones de dólares. Pero en este juego global, las alianzas son clave, y la presencia de gigantes como Samsung no es solo una adición, sino un pilar fundamental para lograr esa anhelada soberanía. Es una estrategia donde la cooperación internacional es tan importante como la inversión local, y donde los chips, esos pequeños cerebritos, son el centro de una partida de ajedrez geopolítica que nos afecta a todos.
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