¡Klk, gente del patio! Aquí les traemos una vaina que tiene a San Francisco de Macorís en candela y a la comunidad médica con los nervios de punta. Se trata del lío que envuelve al ginecólogo Wilber Polanco Sanz, señalado de un hecho gravísimo: la supuesta violación sexual de una joven haitiana. El doctor, de una vez, ha salido al ruedo negando los hechos y rechazando todas las acusaciones en su contra. Asegún él, su trayectoria ha sido de servicio, incluso ayudando a pacientes extranjeros, y este señalamiento es un “malentendido” o algo peor que le quieren montar.
Asegún lo que se rumora por los cuatro costados en la tierra del cacao, la muchacha, de apenas 20 años, acudió al consultorio del galeno por una consulta ginecológica rutinaria, con la sospecha de estar en la dulce espera. La cosa tomó un giro inesperado —y bien feo, por cierto— cuando, en medio de una ecografía, el médico supuestamente le cubrió el rostro y la situación se puso color de hormiga. La joven, con el corazón en la mano y lágrimas en los ojos, dice que el doctor la amenazó con mandarla pa’ Migración si se atrevía a soltar la boca. ¡Qué vaina esa! ¿Quién se va a sentir seguro con un trato así?
Este suceso no es solo un caso aislado, mi gente. Refleja una realidad compleja en nuestro país, donde la población haitiana, muchas veces en situación de vulnerabilidad, puede ser blanco fácil de abusos, precisamente por ese miedo a las autoridades migratorias. El tigueraje de algunos se aprovecha de la indefensión, y eso es algo que no podemos tolerar. San Francisco de Macorís, una ciudad con un movimiento comercial y social tremendo, es un espejo de la República Dominicana en ese sentido: tiene un viaje de gente de todos lados, y la convivencia, aunque generalmente es de lo más bien, a veces se empaña con situaciones así.
La muchacha, que vive en Pimentel, a pesar del tremendo susto y las amenazas que le habría proferido el doctor, no se quedó callada. Con un coraje que aplaudimos desde aquí, decidió presentar una querella formal. “Yo quiero que él pague por lo que me hizo, porque un doctor no puede hacerle eso a una gente que viene a buscar salud”, expresó la joven. Y es que el juramento hipocrático, ese compromiso de velar por la salud y el bienestar de los pacientes, debería ser sagrado. Este tipo de acusaciones, cuando salen a la luz, sacuden la confianza en todo el sistema de salud, que es algo tan importante para nosotros, los dominicanos.
El contexto de San Francisco de Macorís es clave aquí. Es una ciudad vibrante, un epicentro del Cibao, donde la gente es echá’ pa’lante, pero también donde las noticias corren como pólvora en cualquier coro o chercha. Un caso como este, que involucra a un profesional de la salud y a una persona vulnerable, rápidamente se convierte en el tema principal de la esquina, en el salón, o en la mesa del colmado. La presión social y mediática que se genera es inmensa, y el sistema de justicia tiene que manejarse con pinzas para asegurar que se haga justicia de verdad, sin importar la posición social de los implicados.
Para el doctor Polanco, la situación es un trago amargo. Él insiste en su inocencia, y en nuestro sistema legal, todo el mundo tiene derecho a ser considerado inocente hasta que se demuestre lo contrario. Será el proceso judicial el que tenga que determinar la verdad de esta historia. La justicia dominicana, a pesar de sus desafíos y los chismecitos que a veces se arman, tiene la responsabilidad de investigar a fondo, de sopesar las pruebas y de emitir un veredicto justo. No es tarea fácil, pero es lo que se espera de un estado de derecho.
Estos incidentes ponen sobre la mesa la importancia de la ética profesional, especialmente en una rama tan íntima y delicada como la ginecología. Los pacientes, en particular las mujeres, depositan una confianza ciega en sus médicos, esperando un trato respetuoso y profesional en todo momento. Un quebrantamiento de esa confianza es un golpe durísimo, no solo para la víctima, sino para la percepción general de la profesión. Los códigos de conducta existen para algo, y en situaciones así, es cuando su observancia se vuelve más crítica que nunca.
La comunidad, tanto en San Francisco de Macorís como a nivel nacional, estará atenta al desarrollo de este caso. La transparencia en el proceso judicial es fundamental para mantener la fe en nuestras instituciones. No es un secreto que a veces la gente tiene sus dudas sobre cómo se manejan los asuntos en los tribunales, y casos como este son una oportunidad para demostrar que la justicia es igual para todos, sin importar tu cédula o tu apellido. La guagua de la justicia tiene que arrancar y llegar a su destino sin desvíos, sea quien sea el que vaya montado.
En fin, este caso es un reflejo de que la dignidad humana y el respeto deben prevalecer siempre. La valentía de la joven para denunciar, a pesar de las amenazas y su situación migratoria, nos recuerda que hay que alzar la voz contra cualquier abuso. Y al mismo tiempo, el derecho a la defensa del Dr. Polanco debe ser garantizado. Esperamos que el desenlace de esta historia traiga paz a la supuesta víctima y claridad a la verdad. ¡Qué bacano sería que la justicia actúe rápido y con equidad para que no queden dudas en la mente de nadie!
Esta vaina no está chula para nadie, pero es necesario que se esclarezca todo. El sistema legal dominicano tiene ahora la batuta, y es su turno de tocar la melodía de la verdad. Manténganse conectados, porque de seguro este coro dará para más. ¡Y que la justicia sea tan clara como el agua del río! Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




