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La Vaina de la IA: ¿Un Bacano sin Anuncios o con un Viaje de Publicidad?

¡Qué lo que, mi gente! Estamos viviendo en un momento chulísimo, pero también con su buena dosis de tigueraje digital. Por años, el internet nos ha acostumbrado a tener un viaje de cosas gratis: buscadores, páginas, aplicaciones… ¿y cómo se mantenían? Pues con la publicidad, ese combustible silencioso que hacía que la rueda girara. Uno ni lo pensaba mucho, estaba de lo más bien usando sus servicios sin sacar un chelito, y la verdad, ¿quién le iba a decir que no a eso? Pero ahora, con la llegada de los chatbots y los buscadores con inteligencia artificial, la vaina se ha puesto un poco más compleja, y nos toca a nosotros, los usuarios y los desarrolladores, a replantearnos ese equilibrio que teníamos.

Porque ahora, el producto no es solo un contenido que uno consume, sino respuestas que se supone deben ser fiables, sin peros ni agendas ocultas. Y ahí es donde entra el dilema principal de la IA sin Anuncios. Si hay la más mínima sospecha de que lo que te dice una IA está influenciado por quién paga, mi hermano, eso deja de ser un detalle técnico y se convierte en un tema de confianza que es la base de todo. Ya no estamos hablando de un banner que te interrumpe en una página, sino de la integridad de la información que estas máquinas te están dando.

En los últimos meses, hemos visto a las grandes ligas de la IA tomar posiciones bien claras. Algunos están metiendo publicidad en sus productos gratuitos, asegurando que es la única forma de mantener el acceso para todos. Otros, en cambio, se han negado de plano, diciendo que la publicidad podría dañar la percepción del usuario y la calidad de sus respuestas. El panorama que se está dibujando es el de una IA a dos velocidades, una que parece más un Netflix (pagas y te olvidas de los anuncios) y otra más parecida a YouTube (contenido gratis a cambio de ver publicidad). Y esto se da justo cuando el sector necesita demostrar que puede ser un negocio sostenible, porque mantener estas inteligencias artificiales, créanme, cuesta un dineral.

La confianza se ha convertido en el producto más valioso aquí. Un ejemplo claro lo tenemos con Perplexity. Esta compañía se atrevió a probar anuncios en 2024, mostrando respuestas patrocinadas debajo de las del chatbot. Pero de una vez, a finales del año pasado, le dieron para atrás y aseguraron que no tienen planes de seguir por ese camino. Asegún un ejecutivo le dijo al Financial Times, “el usuario debe creer que esta es la mejor respuesta posible para seguir usando el producto y estar dispuesto a pagar por él”. La conclusión fue directa, sin rodeos: si los anuncios siembran dudas, el valor del producto, por más jevi que sea, se cae. Aunque claro, la puerta siempre queda abierta para un futuro, que aquí en la tecnología, uno nunca sabe.

Y si hablamos de guerra contra los anuncios, ahí está Anthropic. Ellos no solo defienden que su chatbot se mantenga sin publicidad, sino que lo han convertido en su carta de presentación. Antes de la Super Bowl, lanzaron una campaña con un lema que te dejaba claro el mensaje: “Los anuncios están llegando a la IA. Pero no a Claude”. Una vaina bien atrevida, que apunta al rumbo del sector sin mencionar a nadie, pero a buen entendedor… Esta campaña caricaturizaba recomendaciones comerciales dentro de conversaciones personales, dejando ver lo incómodo que podría ser ese escenario para el usuario. Un coro de risas, pero con un mensaje serio.

Pero, ¿y la reacción de los otros panas? Sam Altman, el cerebro detrás de OpenAI, no se quedó callado. Calificó la campaña de Anthropic como “claramente deshonesta”. Él defendió que el modelo con anuncios que explora su compañía seguiría principios distintos, con publicidad “separada y claramente etiquetada”, sin influir en las respuestas del sistema. Para Altman, esto es un tema de acceso: para que la IA sea de uso masivo y gratuito, se necesitan nuevas fuentes de ingresos. Dique que Anthropic ofrece un producto caro para los que pueden pagarlo, mientras OpenAI busca un alcance masivo con acceso para todo el mundo, un poco como la guagua del pueblo.

La verdad es que entrenar y mantener estos sistemas de inteligencia artificial es una locura de dinero. Se queman millones en servidores, energía, talento humano y constante investigación. Estamos hablando de una inversión que no es solo un par de cheles, sino un viaje de miles de millones de dólares al año. Es por eso que la presión por encontrar modelos de ingresos sostenibles es cada vez mayor a medida que el uso de la IA se dispara. En este contexto, algunos actores relevantes no tienen de otra que explorar la publicidad como una forma de financiar el acceso gratuito. Vemos pruebas en productos como ChatGPT y en formatos de Google Search con IA, donde los contenidos patrocinados aparecen separados de las respuestas. Ojo, que Google no ha introducido anuncios en su chatbot Gemini, lo que demuestra que cada quien está jugando su propia mano.

Entonces, ¿qué significa todo esto para nosotros, los usuarios dominicanos? ¿Preferimos pagar un poquito, aunque sea un chelito, para tener una experiencia limpia y sin chercha, o estamos dispuestos a bregar con un viaje de anuncios a cambio de que la tecnología sea gratis? La decisión no es fácil, y lo que es seguro es que este debate definirá el futuro de cómo interactuamos con la IA. Será interesante ver cómo evoluciona esta vaina y cuál de los dos caminos termina siendo el que más le conviene a la gente. Sea cual sea, esperamos que sea para el beneficio de todos.

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