¡Atención, mi gente de la cripto! Aquí estamos, como siempre, trayéndoles la primicia del patio digital que está dando de qué hablar. La verdad es que el mundo de las criptomonedas no para, y menos cuando una plataforma de la talla de Base, esa que nos trae Coinbase, decide coger su propio rumbo. Este 18 de febrero, señores, se armó la vaina: Base anunció que se va a operar de forma independiente, dejando atrás el OP Stack de Optimism. ¡Un cambio que tiene a más de uno con los ojos pela’os y el bolsillo en un hilo!
¿Y qué significa eso, dirán ustedes? Pues miren, mi gente, es como cuando un hijo ya está grande y decide montar su propio negocio, dejando la empresa familiar. Base, que hasta ahora operaba bajo el paraguas técnico del OP Stack de Optimism – piensen en esto como un sistema operativo estándar, tipo Android, para las redes de capa 2 – ha decidido que es hora de desarrollar su propio código, sus propias especificaciones, y su propia infraestructura. Wilson Cusack, el que está al frente de la ingeniería de la red, lo confirmó sin rodeos: van hacia un “stack unificado” que les da autonomía plena sobre su desarrollo de protocolo. ¡Esto no es un simple capricho, no! Esto es un movimiento estratégico de esos que te dejan pensando un viaje.
La Base de Coinbase siempre ha sido un jugador importante en el ecosistema de las soluciones de escalado para Ethereum. Las redes de Capa 2, como Optimism y Base, son esenciales para que Ethereum pueda manejar más transacciones y a menor costo, haciendo la blockchain más accesible para el usuario común. Imaginen el congestionamiento de una calle principal en hora pico; las Capa 2 son las nuevas avenidas elevadas que descongestionan el tráfico. Hasta ahora, Base era un componente clave de la famosa “Superchain”, un coro de redes interconectadas que compartían gobernanza y seguridad, todo bajo el mismo librito de Optimism. Era como tener a todos los hermanos trabajando en el mismo negocio familiar, con la misma receta secreta para el sancocho. Ahora, Base quiere hacer su sancocho con su propia sazón. Aunque aseguran que seguirán siendo compatibles con el ecosistema, ya no dependerán de los tiempos de actualización ni de los límites que les ponía el chef principal. ¡A ver qué le sale!
Esta movida no es poca cosa, mis hermanos. Implica que Base va a manejar su propio repositorio de código, sin que nadie de Optimism le diga qué hacer. Los nodos de la red, que son como los empleados que hacen que todo funcione, deberán seguir las especificaciones técnicas de Base, no las de Optimism. Esta soberanía operativa les permitirá hacer hasta seis actualizaciones de red (los famosos hardforks) al año para meterle funciones nuevas de una vez, de forma más ágil y sin depender de terceros. Y ojo, que después del primer hardfork, si los nodos no actualizan su software, se quedan fuera del coro. ¡Esto es serio, señores! Aunque para el usuario final, la verdad es que la vaina será imperceptible, según dicen, porque las transacciones seguirán fluyendo.
¿Y cuál es el tigueraje detrás de todo esto? Pues la meta es alcanzar una capacidad de procesamiento de un gigagas, o sea, mil millones de unidades de gas por segundo. ¡Un número que asusta y suena como a carro de concho que anda a la velocidad de la luz! Esto busca darle soporte a aplicaciones que manejan un tráfico brutal y, lo más importante para el usuario de a pie, mantener esas comisiones de transacción en lo más bajito posible. Además, le van a meter pila a la consistencia de la red, con el objetivo de lograr un 99.99% de bloques procesados. ¡Están buscando la perfección, mi gente, como el que busca el pico de la botella en el dominó!
Recordemos que la Superchain es como un equipo de baloncesto donde todos buscan escalar Ethereum de forma coordinada. Ahí están los pesos pesados como OP Mainnet (la red principal de Optimism), Zora, Mode, Fraxtal, y hasta proyectos recientes como Unichain de Uniswap, Ink de Kraken y Soneium de Sony. Todos ellos contribuían con un dinerito a un fondo común, como si fuera una junta de vecinos para el mantenimiento del barrio digital, a cambio de usar la tecnología compartida y de beneficiarse de la seguridad que le heredaron de Ethereum. Era un trato chulo y bacano para todos los involucrados, pero Base decidió que prefería jugar en su propia cancha, con sus propias reglas y sus propios uniformes.
Ahora bien, y aquí viene la parte que más le duele a Optimism, esta ‘independencia técnica’ de Base es un golpe al bolsillo que te deja viendo estrellitas y buscando un asiento para sentarte. La salida de Base de ese esquema de ingresos compartidos de la Superchain, que les pedía el 2.5% de ingresos brutos o el 15% de ganancias netas, priva a Optimism de ¡aproximadamente el 94% de sus comisiones diarias! Sí, escucharon bien, ¡el 94%! Base metía al saco 13.15 ETH diarios, que ya no entrarán. ¿Y saben qué pasó con el token OP? Pues, mi gente, cogió un fuete que ni les cuento. Se desplomó un 25% hasta los USD 0.13, la peor caída en lo que va de año. ¡Eso sí que es un tropezón que te sacude hasta la cédula! Esto demuestra que en el mundo cripto, la interdependencia financiera es una vaina seria.
Asegún Coinbase, esta autonomía es una medida necesaria para ser más ágiles, no depender tanto de otros y optimizar su escalabilidad sin comprometer la seguridad de Ethereum. Es como decir: “Mira, te quiero mucho, pero necesito mi espacio para crecer y convertirme en la mejor versión de mí mismo”. Este movimiento, sin duda, marca un antes y un después en la relación entre los proyectos de capa 2 y las infraestructuras modulares. ¿Será que veremos más redes siguiendo los pasos de Base, buscando su propia independencia tecnológica? ¿O esta vaina es solo una excepción en un ecosistema que aún valora la colaboración? Lo que sí está claro es que en el mundo cripto, cada día hay una noticia nueva que nos tiene con el corazón en la boca, ¡así que a estar pilas y a seguir aprendiendo, que este viaje apenas comienza y la chercha está buena!
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