¡Atención, mi gente! La República Dominicana no está jugando con el tigueraje, y eso ha quedado más que claro con la reciente entrega de dos compatriotas a las autoridades estadounidenses. Hablamos de Cristian Abreu, conocido en el bajo mundo como “Chapo”, y Louis Junior Rodríguez Serrano (o Lowi Junior Rodríguez Marte, según el papelo), quienes han sido extraditados por un coro de delitos que van desde el robo y el fraude hasta el porte ilegal de armas y lavado de activos. Las autoridades criollas, con la Procuraduría General de la República (PGR) y la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) al frente, y la colaboración de los U.S. Marshals, se armaron la gorda para poner a estos dos señores de una vez pa’ la yoni, ¡y sin chance a pataleos!
Esta movida es un palo fuerte y demuestra el compromiso de nuestro país en la lucha contra el crimen transnacional. Los dos dominicanos fueron trasladados desde aquí, con todas las de la ley, hasta el Aeropuerto Internacional de Las Américas (AILA-JFPG), donde se les entregó formalmente a los oficiales de Estados Unidos. De ahí, cogieron un vuelo directo, ¡pa’ que le caigan atrás a sus deudas con la justicia gringa! Cuando hablamos de que Extraditan Dominicanos por casos así, estamos enviando un mensaje claro a nivel internacional de que aquí no hay relajo con la impunidad, y que el que la debe, la paga, asegún la justicia.
Cristian Abreu, alias “Chapo”, tendrá que responder por un viaje de imputaciones en Estados Unidos, que incluyen asociación delictuosa para cometer robo, complicidad y, agárrense, uso, porte y posesión de armas de fuego, violando varios artículos del Código de Estados Unidos. ¡Eso no es poca cosa, señores! Mientras tanto, Louis Junior Rodríguez Serrano, el otro implicado, tiene sus asuntos pendientes con la justicia en la Corte del Distrito de Nueva Jersey. A él lo persiguen por fraude por medios electrónicos, fraude por correo postal y lavado de activos. ¡Un verdadero cherchero de los delitos financieros!
Estas extradiciones no son una medida que se toma a la ligera, ni de un día para otro. Se realizaron atendiendo a los decretos del Poder Ejecutivo, los números 53-26 y 41-26, que son los que autorizan su entrega a Estados Unidos para que enfrenten las acusaciones. Esto no es un simple capricho, es un proceso legal y diplomático bien montado que demuestra la seriedad con la que el gobierno dominicano, junto al Departamento de Estado de los Estados Unidos y sus agencias de seguridad, están trabajando para combatir la criminalidad que trasciende nuestras fronteras. Es un bacano ver cómo las instituciones se coordinan para que la justicia, tarde o temprano, le ponga el ojo a quienes andan haciendo de las suyas.
La República Dominicana se ha convertido, en los últimos años, en un jugador clave en la cooperación internacional para la búsqueda y captura de fugitivos. Antes, quizás era más fácil que algunos se “perdieran” en el país después de cometer fechorías en el extranjero, pero esa película ya cambió. Ahora, hay una estrecha colaboración con países amigos, especialmente con Estados Unidos, para desmantelar redes criminales y asegurar que los delincuentes no encuentren refugio. Este tipo de acciones fortalece la confianza en nuestro sistema judicial y la imagen de nuestro país a nivel global.
Es importante resaltar que estas operaciones no solo buscan castigar a los culpables, sino también proteger a la ciudadanía. El robo, el fraude y el tráfico de armas son delitos que afectan la seguridad y la estabilidad económica de cualquier nación. Al colaborar en la extradición de individuos acusados de estos crímenes, estamos contribuyendo a un mundo más seguro y a un ambiente más justo para todos. No se trata solo de “mandar gente pa’ fuera”, sino de asegurar que la justicia prevalezca y que nadie se sienta por encima de la ley, ni aquí ni en ningún otro lado.
Esta acción también es un recordatorio potente para aquellos que creen que pueden usar nuestro territorio como un trampolín o un escondite para sus actividades ilícitas. La cooperación internacional, en particular con Estados Unidos, es una herramienta poderosa en la lucha contra el narcotráfico y el delito transnacional. Cada vez más, los criminales se encuentran con que las fronteras son cada vez más permeables para la justicia, y que no importa dónde se escondan, las autoridades están montando un cerco para atraparlos.
En resumen, lo que vemos con estas extradiciones es un avance significativo en la consolidación de la República Dominicana como un socio fiable en la lucha contra el crimen organizado. Es un paso más hacia un país donde la impunidad tiene cada vez menos espacio y donde la colaboración entre naciones es una realidad palpable. Es un chulo saber que el gobierno y las instituciones están de lo más bien con su rol de salvaguardar la justicia, tanto a nivel local como internacional. ¡Y que se preparen los demás, porque el que la haga, la paga!
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