La comunidad de Neiba, particularmente el sector Cerro al Medio, se ha visto envuelta en un manto de dolor y consternación tras una tragedia vial que le arrebató la vida a una adolescente de apenas 14 años. Lo que debió ser un día normal, con la jovencita regresando de sus estudios, se tornó en una pesadilla que ha dejado a toda una familia destrozada y al pueblo con el corazón arrugado. Este lamentable suceso nos obliga a echarle mente a la seguridad vial en nuestro país, donde desgraciadamente, estos accidentes son el pan nuestro de cada día.
Yomailis Penélope Feliz Sosa, una vida joven llena de sueños y esperanzas, estudiante ejemplar y residente de la calle Natividad, perdió la vida de forma abrupta e injusta. Según las informaciones que andan por el patio, la muchacha acababa de bajarse de una guagua escolar privada, y al intentar cruzar la calle, fue impactada de una vez por una jeepeta. El diagnóstico médico, según el acta de levantamiento de cadáver, fue un shock hipovolémico por trauma craneoencefálico abierto severo, confirmando la severidad del golpe y el impacto devastador.
Lo más lamentable de esta situación, asegún se cuenta, es que el conductor de la jeepeta presuntamente no respetó la señal de pare que, por ley, deben activar los vehículos escolares al detenerse para que los estudiantes bajen o suban. Este ‘tigueraje’ en la vía, esa falta de consideración por la vida de los demás, es lo que en muchas ocasiones nos cuesta la paz y nos sumerge en el luto. ¿Será que algunos conductores no le dan mente a la fragilidad de la vida de los muchachos que transitan por nuestras calles?
El hecho de que Yomailis llegara sin signos vitales al Hospital San Bartolomé de Neiba a las 11:40 de la mañana de este viernes 20 de febrero, solo subraya la rapidez con la que una negligencia al volante puede truncar un futuro. La médico legista Mayorys Rivas dio constancia del deceso, y ahora las autoridades correspondientes, incluyendo a la Policía Nacional y la DIGESETT, tendrán que meter mano para esclarecer las circunstancias y determinar las responsabilidades penales de este palo tan duro.
Esta tragedia en Neiba es un recordatorio crudo y doloroso de la crisis de seguridad vial que tenemos en la República Dominicana. Somos uno de los países con las tasas más altas de accidentes de tránsito y muertes en las vías, y una parte considerable de estas víctimas son peatones y usuarios vulnerables como los niños y adolescentes. No se trata solo de números; se trata de vidas que se apagan, familias que quedan marcadas y comunidades que sufren un golpe brutal. ¿Qué estamos haciendo al respecto como sociedad?
La responsabilidad en estos casos es un coro que no solo canta el conductor. Claro, el que va al volante tiene la mayor parte del compromiso de respetar las leyes, manejar con precaución, no ir a un viaje de velocidad y, sobre todo, ponerle cabeza cuando ve una guagua escolar. Pero también hay otros actores. ¿Están nuestras escuelas garantizando que los puntos de recogida y entrega sean seguros? ¿Tenemos suficientes aceras, cruces peatonales bien señalizados y reductores de velocidad en las zonas escolares?
Las empresas de transporte escolar privado tienen que pararse en la raya y asegurarse de que sus vehículos estén en óptimas condiciones, que sus conductores estén capacitados y, lo más importante, que sigan a rajatabla los protocolos de seguridad. Esto incluye el uso obligatorio de la señal de pare y la supervisión de que los estudiantes crucen la calle de forma segura. No es solo un negocio; es la seguridad de nuestros hijos lo que está en juego, y eso no tiene precio.
Los padres también tenemos un rol fundamental en educar a nuestros hijos sobre seguridad vial. Enseñarles a mirar ambos lados antes de cruzar, a usar los pasos peatonales, a no distraerse con el celular y a ser conscientes de su entorno. Es una tarea que no termina nunca, porque el peligro acecha en cada esquina. Hay que estar atento, siempre dándole seguimiento a los cuentos que les enseñamos.
Las autoridades gubernamentales, desde el Ministerio de Obras Públicas hasta la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT), tienen que intensificar sus campañas de concienciación y, lo que es más importante, la fiscalización en las calles. No es posible que sigamos viendo un viaje de gente que maneja a la maleta, como si las calles fueran de ellos. Hay que poner orden, multar a los infractores y, si es necesario, retirar licencias a quienes demuestren ser un peligro público.
La muerte de Yomailis Penélope Feliz Sosa no puede ser en vano. Tiene que ser un llamado de atención para todos: conductores, padres, educadores y autoridades. Necesitamos una cultura vial donde la vida sea lo más chulo y se respete por encima de todo. Que el dolor de Neiba sirva para que hagamos un examen de conciencia y nos comprometamos a construir un país donde nuestros muchachos puedan ir y venir de la escuela con la certeza de que llegarán a salvo a casa. ¡No podemos seguir contando estas historias tan tristes!
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