La noticia ha caído como un jonrón con las bases llenas y dos outs en el noveno: el Imperio Japonés del béisbol, esa potencia que nos tenía acostumbrados a dominar el Clásico Mundial, se ha quedado fuera de las semifinales por primera vez en la historia del torneo. ¡Una vaina de no creer! Para los que vivimos y respiramos pelota, este resultado es un verdadero terremoto, un indicativo de que el béisbol internacional está más competitivo que nunca y que ya no hay cabida para las certezas absolutas. Los nipones, conocidos por su disciplina y su calidad, no pudieron superar el escollo de cuartos de final, dejando a los fanáticos con la boca abierta.
Desde la creación del Clásico Mundial de Béisbol en 2006, la selección de Japón ha sido sinónimo de excelencia, un contendiente eterno al trofeo. Con una mezcla de tradición y figuras de calibre mundial, los Samuráis de la pelota siempre presentaban un equipo con un *tigueraje* y una estrategia que los hacía temibles. Su historia en el torneo es de leyenda, marcada por victorias memorables y por la emergencia de estrellas que se convirtieron en íconos globales. Eran los reyes del *coro*, los que dictaban la pauta, y verlos en una posición distinta, sin estar en la antesala de la gran final, es un giro inesperado que nadie tenía en el guion.
En la primera versión del Clásico en 2006, los japoneses demostraron de una vez su calibre. A pesar de algunos tropiezos tempranos, supieron recuperarse con una determinación inquebrantable para alzarse con el primer campeonato mundial. Aquella vez, le dieron su pela a Cuba con un marcador de 10 carreras por 6, y el lanzador derecho Daisuke Matsuzaka, con su arsenal de lanzamientos, fue electo como el Jugador Más Valioso del torneo. Fue un aviso al mundo de que el béisbol no era solo cosa de las Grandes Ligas y que había un nuevo gigante en la cancha.
Tres años más tarde, en la segunda edición de 2009, los nipones se reivindicaron como campeones mundiales. En una final cardiaca, se midieron a sus acérrimos rivales de Corea del Sur, ganándoles con un apretado marcador de cinco carreras por tres en un partido que se fue a entradas extras. ¡Imagínate la tensión de esa vaina! Otra vez, Matsuzaka fue la figura estelar, repitiendo como Jugador Más Valioso, consolidando su estatus como una leyenda del béisbol japonés y del Clásico.
Luego vinieron los años donde los latinos y los gringos les empezaron a coger el piso, ¿verdad? En 2013, Japón llegó hasta las semifinales, pero ahí la *guagua* se les quedó parqueada ante Puerto Rico, quienes a la postre perderían la final contra nuestra República Dominicana, un momento *épico* que todos los dominicanos recordamos con orgullo y que nos puso a celebrar como nunca. Los Samuráis estaban *ahí*, en la *chercha*, pero ya no con el mismo dominio de antes.
Para 2017, la historia se repitió: otra vez en semifinales, y esta vez, el pleito fue contra los Estados Unidos. Fue un partido apretadísimo que terminó dos carreras por una a favor de los norteamericanos, quienes luego se coronarían campeones venciendo nuevamente a Puerto Rico. Los japoneses seguían demostrando su calidad, pero ese último paso se les hacía cuesta arriba, como si la suerte no les sonriera en los momentos cruciales.
El Clásico Mundial no se celebró hasta seis años más tarde, en 2023, debido a las consecuencias de la pandemia de Covid-19. La espera valió la pena, pues regresaron con un equipo de ensueño, liderado por el fenómeno Shohei Ohtani, el ‘Babe Ruth japonés’, quien venía con un *flow* de bateador y lanzador que tenía al mundo entero *jevi*. Bajo su batuta, Japón buscaba volver a colocarse como los monarcas del béisbol mundial y la expectativa era enorme. Y lo lograron, ¡y de qué manera!
En esa oportunidad, los nipones ganaron de forma invicta, demostrando un nivel de juego que a muchos nos dejó sin aliento. Vencieron en la final a los Estados Unidos, con Ohtani protagonizando un momento de *película* al ponchar a Mike Trout para sellar el campeonato. Fue un final *chulo*, de esos que se quedan grabados en la memoria, coronándose campeones por tercera vez y consolidando su legado en el torneo.
Sin embargo, la pelota es redonda y viene en caja cuadrada, como decimos en el patio. De forma casi poética, sería el propio Shohei Ohtani el último out de Japón durante el enfrentamiento ante Venezuela en los cuartos de final del actual Clásico Mundial de Béisbol. ¡Qué vaina más dura! El héroe de la edición anterior, ahora cerrando una derrota inesperada.
Esa derrota ante la selección venezolana, con un marcador de ocho carreras por cinco, marca un hito en la historia del evento: es la primera vez desde la creación del Clásico Mundial de Béisbol que Japón no alcanza, siquiera, la ronda semifinal. Los venezolanos, con su *tigueraje* y su ofensiva explosiva, les dieron una cátedra de béisbol, dejando a los nipones *en el aire* antes de lo esperado.
Para nosotros, los dominicanos, que vivimos la pelota con una pasión que quema, esto es un recordatorio de que en el deporte no hay nada escrito. El béisbol es un viaje de sorpresas, donde la pasión, la estrategia y un poco de suerte se unen para crear momentos inolvidables. La caída del Imperio Japonés, aunque inesperada, le añade un drama fascinante al torneo, demostrando que cualquier equipo puede dar el golpe y que el nivel de la pelota mundial sigue subiendo.
A pesar de la derrota, los nipones posaron en gesto de agradecimiento tanto al público presente en Miami como a la banca de Venezuela, una muestra de su disciplina y su espíritu deportivo, características que siempre los han distinguido. Seguro que esta experiencia les servirá para volver con más fuerza en la próxima edición. Porque si hay algo que sabemos, es que los Samuráis de la pelota nunca se rinden y siempre están listos para *echar el pleito*. Este tropezón, aunque doloroso, es solo una pausa en su gloriosa trayectoria.
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