Este Viernes Santo, la capital dominicana amaneció con un aire distinto, casi irreal. Lejos del acostumbrado bullicio y los eternos ‘tapones’, Santo Domingo disfrutó de un ‘desahogo vial’ que muchos solo habían soñado. Mientras una buena parte de la gente se tiraba ‘pa’l campo’ o ‘pa’ la playa’, quienes se quedaron en la metrópolis vivieron una jornada tranquila, marcada por la camaradería, los juegos de dominó y, en algunos barrios, hasta piscinas en plena calle. La ciudad, que normalmente parece un ‘klk’ de motores y guaguas, se transformó en un oasis de paz que invitaba al sosiego y a la conexión familiar.
Este fenómeno no es casualidad; refleja una combinación de profundo respeto por la Semana Mayor y, en muchos casos, la prudencia ante los llamados de las autoridades. Para muchos, este día sagrado es sinónimo de ‘recogimiento’, un momento para la reflexión lejos del ajetreo. Otros, quizás por costumbre o por preferir el calor del hogar, simplemente optan por no salir. Lo que es indudable es el contraste con un día normal, donde el ‘tigueraje’ de los vehículos y la prisa son la ‘vaina’ de cada día, haciendo que este Viernes Santo se sintiera como un respiro bien merecido para los urbanitas.
Lugares que usualmente son epicentros de la vida social y nocturna, como la avenida España en Santo Domingo Este o el Malecón, lucieron inusualmente serenos. Quien conoce la avenida España sabe que es un hervidero de música a todo volumen, motores y un ‘viaje’ de gente, pero en Viernes Santo, los colmadones cerrados y la vigilancia policial crearon un ambiente casi bucólico. Era ‘chulo’ ver a los niños volando ‘chichiguas’ – un juego que evoca la nostalgia de tiempos más simples – y a parejas paseando de la mano, algo impensable en el caos habitual. En el Malecón, aunque con menos gente, el panorama era similar, con algunos aprovechando para ejercitarse en el aire fresco y limpio.
El dominó, ese deporte-ciencia tan arraigado en la cultura dominicana, se convirtió en el protagonista indiscutible en los barrios populares. En sectores como el ensanche Isabelita, Los Mameyes y Los Frailes, las mesas se llenaron de jugadores que, entre fichas y risas, pasaron la tarde. Es parte de nuestro ‘coro’, de cómo socializamos y mantenemos viva la tradición. Antonio Fortuna, un residente de Isabelita, lo resumió ‘de una vez’: ‘A Dios hay que guardarle esos días. Yo mismo no salgo a ninguna parte’, una frase que encapsula la mezcla de devoción y disfrute tranquilo que caracteriza a muchos dominicanos en esta fecha. La idea de ‘no hay playa, solo dominó’ es un sentir común.
Mientras la mayoría disfrutaba de esta pausa, no todo fue perfecto. La estampa de las calles despejadas, un verdadero milagro en esta ciudad, se veía empañada en algunos puntos por la acumulación de basura, especialmente en Los Frailes y en la Marginal de Las Américas. Esto nos recuerda que, aun en los días de mayor recogimiento y tranquilidad, hay ‘vainas’ que aún debemos mejorar como sociedad. Sin embargo, la capacidad de los dominicanos para transformar un día de asueto en un momento de unión familiar y goce simple, sea en el patio de la casa o con una piscina improvisada en la calle, es algo ‘jevi’ de ver.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




