Algunos de los dispositivos que solemos desechar de forma regular, como los teléfonos móviles antiguos, pueden esconder un preciado tesoro en forma de oro.
En 2022, el planeta generó unas 62 millones de toneladas de residuos electrónicos, una cifra que podría alcanzar los 82 millones en 2030. Esto se debe a la enorme cantidad de portátiles, teléfonos móviles y otros aparatos que se desechan al llegar al final de su vida útil.
Un equipo de la Universidad de Flinders, en Australia, ha desarrollado un nuevo procedimiento para extraer oro, tanto de la chatarra electrónica como de la roca mineral, sin recurrir a sustancias tóxicas como el cianuro o el mercurio. Conviene aclarar que la mayoría del oro que se produce procede de procesos mineros que dependen de químicos dañinos.
En la minería convencional, se utiliza cianuro para disolver el metal de la roca, lo que contamina suelos y ríos. Por su parte, la minería artesanal suele recurrir al mercurio para amalgamar el oro, que luego se calienta para liberarlo.
La propuesta de este equipo de investigadores parte de una solución de ácido tricloroisocianúrico, un compuesto habitual en el tratamiento de aguas y limpieza de piscinas.
Al combinarlo con un catalizador en agua salada, lograron disolver el oro. Después, un polímero de polisulfuro, fabricado a partir de azufre elemental, captura el metal con gran eficacia, incluso cuando hay otros metales presentes.
El oro puede recuperarse con alta pureza mediante pirólisis o polimerización inversa, y lo interesante es que el polímero puede reutilizarse. Además, el proceso permite reciclar tanto el agua como los químicos empleados, aumentando la sostenibilidad.
Los investigadores ya han probado la técnica con minerales, placas de circuitos y otros residuos electrónicos. “Nuestro objetivo es apoyar a los mineros económicamente, ofreciéndoles alternativas más seguras al mercurio”, señalaron en el estudio.
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