La reciente y triste noticia sobre la muerte de una adolescente bajo custodia de Conani, donde tres menores están bajo investigación, ha puesto de nuevo el foco en un tema delicado y crucial: la justicia de RD aplicada a nuestros jóvenes. Muchos se preguntan, ¿qué vaina es lo que pasa cuando un muchacho o muchacha se ve envuelto en algo tan serio? La Ley 136-03, nuestro Código para el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de Niños, Niñas y Adolescentes, junto a su modificación por la Ley 106-13, es la que pone la pauta en estos casos.
Contrario a lo que mucha gente piensa, el sistema para menores no es un relajo, pero tampoco es una réplica del penal de adultos. Aquí la cosa es diferente, enfocada más en la reeducación y la reinserción. La ley es clara: si un menor tiene menos de 13 años, no es penalmente imputable, punto. Pero si está entre los 13 y 15 años, la sanción máxima es de cinco años de privación de libertad, y si tiene entre 16 y 18 años, el tope es de ocho. Es un viaje de diferencias para asegurar que el desarrollo del joven no se apague de una vez.
Ahora, estas sanciones de privación de libertad no son para cualquier vainita, mi gente. Están reservadas para crímenes de alto calibre, esos que ponen la piel de gallina en la jurisdicción ordinaria: homicidio, lesiones permanentes, violación, agresión sexual, secuestro, robo agravado o tráfico de drogas, o cualquier otro delito que en el sistema de adultos conlleve penas superiores a cinco años. El objetivo no es meter un ‘tigueraje’ sin sentido, sino proteger a la sociedad y al propio menor, entendiendo la seriedad de sus actos.
Mientras el proceso avanza, los tribunales pueden aplicar medidas cautelares, que van desde un simple presentarse periódico hasta el arresto domiciliario. Pero la más fuerte es la privación provisional de libertad en un centro especializado. Esta vaina es de carácter excepcional y solo se puede extender por un máximo de cuatro meses durante la investigación, según lo dicta la Ley 136-03. Si el Ministerio Público quiere extenderla, tiene que pedir un coro al juez y éste puede autorizar hasta dos meses más, siempre evaluando la situación de manera bacana.
El sistema tiene sus tiempos definidos para que la justicia no se quede estancada, eso es chulo. Una vez que se presenta una acusación, el tribunal tiene 15 días para la audiencia preliminar y emitir una decisión. Si el caso se va a juicio de fondo y el menor sigue privado de libertad, el juez tiene un plazo máximo de 30 días para celebrar la audiencia y dictar sentencia de primera instancia. Incluso si hay un recurso de apelación, la Corte de Apelación de Niños, Niñas y Adolescentes puede mantener la medida, pero por no más de 30 días. La idea es que todo sea rápido y se resuelva la situación del jeque lo antes posible.
Es crucial entender que detrás de esta legislación hay una filosofía de protección integral. No se trata de criminalizar a nuestros jóvenes, sino de ofrecerles una oportunidad de corregir el rumbo. Conani, por ejemplo, más allá de ser un hogar de paso, tiene la misión de fomentar el desarrollo y la protección. El sistema busca que, si un muchacho se desvía, pueda reencauzar su camino sin que su futuro se vaya por un hoyo. Es un enfoque que procura que, al final del día, el joven pueda integrarse a la sociedad como una persona de bien, y no como un número más en el sistema penitenciario.
Al final del día, la responsabilidad no es solo de la justicia. La familia, la comunidad, la escuela: todos tenemos que poner de nuestra parte para que nuestros menores no terminen en estos aprietos. Prevenir es mejor que lamentar, y un ambiente sano es la mejor ‘guagua’ para el desarrollo de cualquier muchacho. Es un compromiso social que debe ser jevi para todos.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



