Tras los recientes y devastadores sismos del 24 de junio en Venezuela, que, según las cifras oficiales hasta el 7 de julio, dejaron más de 4.700 muertos, 856 edificios afectados y 190 colapsados, el dolor y la devastación nos obligan a mirar hacia el futuro. Es una ‘vaina’ durísima ver cómo la tierra puede arrastrar barrios enteros y universos de vida. La tragedia en lugares como La Guaira, con su balance tan lamentable, nos pone a pensar ‘de una vez’ en la calidad de nuestras construcciones. ¿Qué podemos aprender de países como Chile y Japón, que son ‘duros’ en la materia de ‘Edificios Anti-Terremotos’ y ya han vivido ‘un viaje de’ sismos?
Según la noticia, existen dos ‘filosofías’ principales cuando se trata de diseñar estructuras sismorresistentes. La primera, más convencional y presente en la mayoría de las normas mundiales, acepta que un edificio puede sufrir daños severos y quedar inutilizable en un terremoto muy fuerte, pero bajo ninguna circunstancia debe colapsar, para así evitar muertes por aplastamiento. La segunda ‘filosofía’, que es la que va más alante y que es ‘la que está en la nota’, busca que la edificación no sufra daños y siga operativa, ‘como si na” hubiera pasado, incluso ante un sismo ‘grandísimo’.
Para lograr esa segunda meta, se emplean técnicas ‘jevis’ como los aisladores sísmicos y los disipadores de energía. El ingeniero civil estructural Juan Carlos de La Llera, rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y el profesor Eduardo Kausel, del MIT, son ‘los duros’ que explican estos conceptos. Imaginen los aisladores sísmicos como si el edificio estuviera montado ‘sobre patines’, o ‘colgando del cielo’, lo que permite que el suelo se mueva sin transmitir la fuerza al inmueble. Por otro lado, los disipadores de energía, que funcionan como ‘amortiguadores’ de un carro, absorben la energía del movimiento y evitan que los pisos se deformen demasiado, reduciendo los daños ‘a un nivel mínimo’.
Pero no todo es tecnología de punta. Para las construcciones convencionales, la base es el ‘hormigón armado’ con una buena cantidad de ‘enfierradura’. Kausel lo explica con una tiza: si la envuelves en cinta ‘scotch’, no se rompe fácil. Pues así mismo la barra de hierro le da ‘ductilidad’ al concreto, la capacidad de deformarse sin quebrarse. Es ‘bacano’ saber que el fierro tiene que tener estrías para adherirse bien al hormigón y los ‘estribos’ son como cinturones que ‘amarran’ todo para que las columnas no se ‘pandeen’. ¡Ahí es que está el ‘tigueraje’ de la construcción!
La ‘calidad’ del hormigón es clave, no se puede ‘inventar’ echándole más agua de la cuenta o mucha arena. Y, ‘claro’, tiene que haber control de calidad. Otro punto ‘importantísimo’ es que el primer piso no puede ser ‘demasiado abierto’ o flexible, como los típicos para comercios o parqueos, porque en un sismo ‘se va de una vez’. Chile exige muros resistentes hasta en los estacionamientos. Y ni hablar de los estudios geotécnicos del suelo, que son ‘fundamentales’ para evitar ‘vainas’ como la amplificación de movimientos (el ejemplo de la gelatina en un tazón) o la ‘licuefacción’, que es cuando el suelo se convierte en un fluido y ‘el edificio se vuelca’.
Las imágenes de la tragedia en Venezuela, con edificios colapsados y ‘los pisos uno arriba del otro’, o lo que los expertos llaman ‘falla de panqueque’, ‘dan a entender’ que hubo ‘defectos de construcción’. Según De La Llera, se ve una falta ‘grande’ de ‘enfierradura’ y de elementos que ‘confínen’ el hormigón. Kausel añade que vio escombros sin fierro o con fierros como ‘espagueti’, sin el concreto pegado, lo que indica falta de adhesión. Para él, es ‘obvio’ que hay fallas de construcción; los sismos fueron intensos, pero la magnitud del daño ‘no cuadra’ solo con eso. ¡Hay que ‘meterle mano’ a los controles!
De La Llera insiste en que el uso de aisladores sísmicos y disipadores de energía debería ser ‘un estándar’, como los frenos ABS en los carros. Es una ‘vacuna’ contra las catástrofes sísmicas y ya hay soluciones económicas, incluso para viviendas sociales. No se puede ‘coger esa vaina a relajo’. La reflexión final de Kausel es ‘chula’ y clara: ‘las normas no son decoración’. Hay que hacer las cosas ‘con calidad’ y ‘sin inventar’, porque ‘no hay sustituto para la excelencia’. Si no se construye bien, ‘cualquier cosa puede pasar’, y eso ‘lo vimos claro’ en Turquía en 2023. La vida de la gente es lo que ‘vale la pena proteger’.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




