¡Klk con el peso dominicano! En el patio, se está sintiendo una vaina rara con nuestra moneda, y es que, aunque el RD$1 sigue siendo curso legal, la gente ya no lo quiere ni en pintura. Esta es una situación que muchos estamos viviendo en el día a día, donde ese chelito que antes servía para algo, ahora parece que no vale nada. Según el reconocido economista Henry Hebrard, esto no es más que la cruda realidad de la inflación, que no solo hace que los precios suban, sino que le quita el pulmón al poder adquisitivo real de nuestro querido peso dominicano.
Hebrard, con su experiencia, explicó que esta es una señal típica de países donde la inflación ha llegado a un nivel que las monedas de baja denominación dejan de comprar lo más mínimo. Ya la gente no quiere esa vaina de estar manejando cheles que no rinden, y para los comercios y bancos, esa gestión se vuelve un costo más grande que la ganancia. Este panorama, como era de esperarse, trae consigo dos efectos que nos pegan directamente: los precios se redondean y, de una vez, se desincentivan las transacciones que se hacen con efectivo. Es una percepción generalizada que el dinero ha perdido su valor, y eso se siente en la calle.
La verdad es que el tema del redondeo es un relajo, una práctica que al final del día le está metiendo un golazo al consumidor. Imagínate tú, vas al supermercado, ves algo en RD$99 y ¡zas!, terminas pagando RD$100 sin chistar, porque la devolución de ese peso se queda en el aire. Asegún Hebrard, esta es una práctica abusiva que, aunque parezca insignificante, incrementa los precios de forma ‘invisible’. Y lo más jevi es que él mismo enfatiza que ese redondeo ¡jamás debería ir en contra del consumidor final! Es una alerta clara para que el pueblo esté atento.
Ante este panorama tan peliagudo, el consultor empresarial ha soltado la voz de alarma. Ha exhortado a las entidades regulatorias, como PROCONSUMIDOR y los gremios comerciales, a que se pongan las pilas y le pongan freno a esta ‘costumbre’ que está afectando el bolsillo de la gente. Es una llamada al orden para que se reglamente de una vez por todas esta práctica y se proteja al consumidor dominicano que con tanto sudor se gana sus cuartos.
Pero ¿de dónde viene toda esta vaina de la inflación? El experto apunta sin rodeos al aumento en los precios del petróleo y los combustibles que el país importa, una situación que, cuando llega, lo hace con un doble impacto. Primero, se siente directo en el alza de los combustibles, que tienen un peso importante en la canasta familiar y hacen que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se dispare sin piedad. El pueblo sabe lo que eso significa para la guagua y la luz.
El segundo impacto, y no menos importante, se registra porque el alza del petróleo y los combustibles golpea los precios del transporte y de materias primas esenciales, como fertilizantes y plásticos. Esto es un efecto dominó que encarece una gran cantidad de productos, incluso aquellos que no tienen petróleo en su composición. Es como un sancocho que, aunque no le pongas de todo, el fogón te lo cobra más caro.
Hebrard ilustró a la perfección la realidad de nuestra economía con una frase que ya es un clásico: ‘En República Dominicana los precios suben por el ascensor, pero bajan por la escalera (si es que encuentran la escalera)’. Esta vaina se debe, según el economista, a que varios sectores clave están concentrados en pocas manos, lo que reduce la competencia y deja a los consumidores desorganizados sin poder ejercer presión sobre la oferta. Es un ‘tigueraje’ que ha estado presente por mucho tiempo y que sigue haciendo de las suyas en el mercado.
Esta situación con el RD$1 peso no es un tema de poca monta, sino un síntoma claro de desafíos económicos que requieren atención inmediata. Es crucial que las autoridades y el sector privado trabajen de la mano para buscar soluciones que alivien el peso de la inflación sobre la gente de a pie y garanticen un sistema de precios más justo y transparente. Si no se le presta atención a esta ‘vaina’, la confianza en nuestra moneda podría seguir en declive, y eso sí sería un relajo grande.
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