Una noticia que ha caído como un cubo de agua fría en el patio, pero que reafirma el compromiso con la transparencia, es la reciente detención de un inspector de Migración en el mismísimo Aeropuerto Internacional de las Américas (AILA). Se trata de Esteban Nohassis Mogena González, quien, según el reporte, se puso el chaleco de ‘facilitador’ para que varias personas con impedimento de salida pudieran coger un vuelo sin problema. ¡Qué vaina! Este ‘tigueraje’ en plena puerta de entrada y salida del país ha dejado a más de uno con la boca abierta, demostrando que la lucha contra la corrupción interna está más activa que nunca.
Aparentemente, Mogena González no estaba en eso de escanear huellas ni de completar los trámites migratorios como manda el protocolo. Más bien, según las evidencias presentadas por la Dirección General de Migración (DGM), el hombre recibía ‘un viaje de dólares’ para hacer la vista gorda y dejar que la gente se volara los controles. Uno de los pasajeros, de acuerdo a la noticia, hasta logró abordar un vuelo con destino a Las Bahamas, lo que evidencia la seriedad del asunto y el riesgo que representa este tipo de prácticas para la seguridad nacional y la integridad del sistema migratorio.
Pero la DGM no estaba en chercha. La misma institución llevaba meses detrás del inspector, siguiendo sus pasos con un operativo de inteligencia ‘bien jevi’. Habían notado inconsistencias en su trabajo, esos detallitos que no cuadran, y se dedicaron a recopilar un sinnúmero de evidencias documentales, testimoniales y audiovisuales que finalmente sirvieron para presentarlo ante el Ministerio Público. Esto demuestra que el ‘tigueraje’ tiene sus días contados cuando las instituciones se ponen serias.
La cosa no se quedó ahí. Tras conocer la solicitud de medida de coerción, la Oficina de Atención Permanente de Santo Domingo Este no se anduvo con chiquitas y le impuso tres meses de prisión preventiva. Ahora, Mogena González tendrá que cumplir esa medida en el Centro de Corrección y Rehabilitación Najayo Hombres, donde, como decimos por ahí, la ‘guagua se le paró’. Los cargos no son para nada livianos: se le atribuye presunta violación de artículos del Código Penal Dominicano y de la Ley General de Migración núm. 285-04, que incluyen asociación de malhechores, falsificación de documentos y alteración de registros.
El vicealmirante Luis Rafael Lee Ballester (ARD), director general de Migración, ha sido claro y conciso: la institución mantiene una política de cero tolerancia frente a los actos de corrupción. Esto no es solo una advertencia, sino una acción contundente que busca limpiar la casa y garantizar que cada servidor público cumpla con su deber a cabalidad. Este tipo de procesos, aunque dolorosos, son necesarios para fortalecer la confianza de la ciudadanía en sus instituciones y asegurar que nadie, sin importar su cargo, esté por encima de la ley.
La desvinculación definitiva del inspector de sus funciones, un procedimiento que ya inició la DGM, es la confirmación de que no se tolerarán esas ‘malas mañas’ dentro de sus filas. Este caso envía un mensaje fuerte y claro a cualquier otro que esté pensando en ‘darse ese lujo’: la justicia y la integridad institucional están vigilantes, y el que la hace, la paga. La transparencia y el apego a la ley son el norte de una entidad tan crucial para el orden del país como la Dirección General de Migración.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



