¡Qué bacanería! La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha soltado la bomba, confirmando que Egipto mantiene su estatus de ‘nivel oro’ en la ruta para erradicar la hepatitis C. Esto no es cualquier vaina, señores, según la noticia, este país norteafricano se ratifica como un verdadero pionero a nivel mundial en el control de esta enfermedad. La noticia de que Egipto Erradica la Hepatitis C es un hito de salud pública que está dando mucho de qué hablar.
Asegún el reporte, la entrega de este reconocimiento tan jevi fue formalizada por el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, directamente al ministro de Salud egipcio, Khaled Abdel Ghaffar. El coro se armó en la sede de la Oficina Regional del organismo para el Mediterráneo Oriental en El Cairo, con medios internacionales y locales de lo más pendientes, lo que demuestra la magnitud de este logro.
Este aval no solo es un simple papelito; revalida el tremendo hito que Egipto consiguió en 2023, cuando se convirtió en el primer país del mundo en obtener este reconocimiento. La evaluación del periodo 2023-2025, aprobada en julio pasado por el Comité Regional de Validaciones de la OMS, solidifica aún más este triunfo, colocándolo en la cima de los esfuerzos globales contra la hepatitis C.
Pero, ¿qué significa ese ‘nivel oro’? La OMS no lo entrega a cualquiera, ¿oíste? Esta es la máxima acreditación que concede el organismo a aquellos países que demuestran haber diagnosticado a más del 80 % de las personas infectadas y, lo más importante, haberles proporcionado tratamiento antiviral al mismo porcentaje. Además, exige que se garanticen altos estándares en la seguridad de las transfusiones sanguíneas y las inyecciones, una vaina clave para evitar la propagación.
El logro resulta especialmente significativo, si nos ponemos a pensar que durante décadas, Egipto registró una de las tasas de prevalencia del virus más altas del mundo. Este problema, según la historia, tiene sus raíces en la reutilización de jeringuillas de cristal durante las campañas estatales de vacunación contra la esquistosomiasis —una enfermedad parasitaria que da un viaje de problemas—, realizadas entre los años 1950 y 1980.
El punto de inflexión, esa jugada maestra que lo cambió todo, llegó con la campaña nacional ‘100 millones de vidas sanas’. Esta iniciativa permitió realizar pruebas de detección gratuitas a más de 60 millones de personas, ¡un número que se pasa! Y no solo eso, se suministró tratamiento con antivirales de acción directa fabricados localmente a 4.5 millones de pacientes, una verdadera muestra de tigueraje en la salud.
Gracias a este despliegue masivo y su posterior integración en el sistema de salud, la hepatitis C en Egipto se redujo de cerca del 10 % a menos del 0.38 % en poco más de una década. Esto es el resultado de haber diagnosticado al 87 % de las personas infectadas y haber curado al 93 % de las diagnosticadas, un éxito que debería ser un modelo para el mundo entero.
No todo fue alegría durante la jornada, pues el máximo responsable de la OMS también soltó una alerta importante. Adhanom Ghebreyesus habló sobre el severo impacto que sufren las redes asistenciales de la región debido a los conflictos armados en Gaza, Sudán, el Yemen, el Líbano y Afganistán. Recordó que las hostilidades han golpeado a unas 2,000 instalaciones sanitarias, insistiendo en que el personal y la infraestructura médica deben ser protegidas bajo el derecho internacional humanitario, porque la salud es primero, sin importar la vaina.
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