¡Atención, mi gente! Si usted es de los que vive pegado a la pantalla del celular, la tablet o la computadora, o si tiene sus muchachitos que no sueltan esos aparatos, póngale ojo al Cristo porque la cosa se está poniendo seria con la visión. Ya no es un secreto para nadie que el uso de pantallas de forma prolongada está provocando un viaje de problemas oculares, y en nuestra República Dominicana, la situación no es diferente. Lo que antes era menos común, hoy día se ha vuelto un dolor de cabeza (literalmente) para muchos, especialmente para nuestros niños y jóvenes.
La verdad es que las clases en línea, ese coro constante con los dispositivos y el poco tiempo que los chiquitos y hasta los adultos pasan al aire libre, han creado el escenario perfecto para que la miopía, el astigmatismo y el estrabismo se pongan de lo más bien. La doctora Claudia Rodríguez Vilorio, una oftalmóloga pediátrica de pura cepa, nos ha tirado la luz sobre este tema, confirmando que cada vez se ven más casos en consulta. Y es que, mi gente, el ojo no está diseñado para pasarse el día entero mirando a una distancia tan corta.
Ella misma nos explica que el estímulo que nos mete el aparatico – ya sea el celular, la tablet o el monitor – hace que el ojo trabaje demasiado de cerca. Es como si el ojo se pusiera en modo “acometido” todo el tiempo, se alarga más de la cuenta y no se relajan las estructuras que tienen que ver con el enfoque. Esa situación, a la larga, te puede cambiar la graduación del ojo y hasta provocar un estrabismo, que es cuando los ojos no se alinean bien. ¡Imagínense ustedes la chercha si uno termina con los ojos cada uno por su lado!
No es solo un problema del patio, no señor. La Asociación Americana de Optómetras ya le puso nombre a este cuadro: “Síndrome de Visión por Computadora”. Esto incluye desde la fatiga visual, la visión borrosa, un dolor de cabeza que no te deja tranquilo, hasta molestias en el cuello y los hombros por la mala postura. Y no se crea que esto es un relajo, porque si uno no le echa un ojo a tiempo, el daño puede ir a más. La doctora Rodríguez Vilorio recomienda algo sencillo pero efectivo: hacer pausas cada 20 minutos para mirar lejos y parpadear. Además, hay que apagar el celular por lo menos dos horas antes de dormir, y lo más importante, ¡ir a los chequeos regulares! Tanto niños como adultos necesitamos que nos revisen los ojos.
Y si hablamos de los recién nacidos, la cosa es todavía más delicada. Hay que llevarlos al oftalmólogo durante su primer mes de vida. ¿Para qué? Para asegurarse de que todo está jevi y las estructuras de sus ojitos están sanas. Muchos padres se descuidan en este punto, pensando que si el niño ve “bien”, no hay problema. Pero la verdad es que mientras más temprano se detecte cualquier detalle, mejor se puede manejar y prevenir males mayores.
Pero el punto más álgido es con los más pequeños de la casa. ¡Ojo ahí, padres! La especialista es enfática: los niños menores de seis años no deben tener acceso a dispositivos electrónicos, a menos que sea una videollamada ocasional para saludar a la familia. A partir de los seis años, la recomendación es de un máximo de dos horas al día, y que no sean seguidas. ¡Nada de pasarse la tarde entera con la tablet! Mientras más grandes son los muchachos, se podría aumentar un poco el tiempo, pero siempre, siempre con sus descansos para que los ojos puedan darse un respiro y no terminar con un ojo “cansao”.
La doctora ha visto en su consulta, tanto en Medicalnet y la Torre de Corazones Unidos como en Prisma Visión en Higüey, que muchos de estos problemas de miopía mejoran cuando se suspende el uso de pantallas. Esto es una buena noticia, porque significa que no todo está perdido. Además del daño físico a la forma del ojo por el trabajo de cerca, no podemos olvidar la luz azul que emiten estos dispositivos. Esa luz es un bacano para el ojo, pero también le da en la madre a la producción de melatonina, la hormona que nos ayuda a dormir. Si uno no duerme bien, ya saben, el cuerpo entero se descompone.
El problema es un mal mundial. Estudios internacionales proyectan que para el año 2050, casi la mitad de la población global será miope. ¡Un disparate! Y esto no es solo por las pantallas, sino por un cambio en nuestro estilo de vida. Antes, los muchachos salían a la calle a jugar un coro de pelota, a correr, a subir árboles. Hoy, muchos se la pasan encerrados, lo que reduce la exposición a la luz natural, que es vital para el desarrollo ocular, y la oportunidad de enfocar a diferentes distancias. Esa exposición a la luz solar no solo es buena para la visión, sino también para el estado de ánimo y la salud en general.
¿Qué podemos hacer, aparte de las pausas y los chequeos? Promover actividades al aire libre es clave. Incentivar a los niños a jugar en parques, a practicar deportes, a explorar la naturaleza. También, es importante que los adultos demos el ejemplo. Si papá y mamá están pegados al celular todo el día, ¿qué se espera de los hijos? Es un tema de conciencia colectiva, de cambiar hábitos que se han vuelto costumbre, pero que nos están pasando factura en la salud visual. Hay que educar a la gente, desde los más pequeños hasta los abuelos, sobre la importancia de cuidar esos órganos tan preciados.
Nuestra visión es un regalo, mi gente, y en estos tiempos modernos, con tanta tecnología a mano, es fácil olvidarlo. Pero la salud no tiene precio. Así que, antes de echarse el celular al ojo por otra hora más, recuerde darle un respiro a su vista, salga un rato a la calle y mire el horizonte. ¡Su salud visual se lo va a agradecer de una vez! No esperemos a que la vista se nos ponga “turbia” para empezar a cuidarla, porque después el remedio puede ser más fuerte que la enfermedad.
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