Estados Unidos lleva años presionando a las grandes tecnológicas para que reduzcan su dependencia de China en la fabricación de sus dispositivos y componentes. La administración de Donald Trump abrió esa línea con aranceles y restricciones, y se ha mantenido hasta el momento como parte de la estrategia geopolítica con Pekín.
En este contexto, Apple se ha convertido en el caso más ilustrativo, donde su producto estrella, el iPhone, ha dependido casi por completo de fábricas chinas durante más de una década. Por ello, el lanzamiento del iPhone 17 marcará un punto de inflexión.
Aunque no se producirá en suelo estadounidense, por primera vez toda la gama, incluidos los modelos Pro —los más complejos de ensamblar—, saldrá también de plantas ubicadas en la India.
El país oriental ofrece costes competitivos, mano de obra cualificada y un marco político más estable en la relación con Estados Unidos. En este nuevo tablero, Apple ha dado un paso firme para reequilibrar su cadena de suministro.
India toma el relevo con el iPhone 17
Cinco fábricas indias trabajan ya a pleno rendimiento para producir toda la serie del iPhone 17, incluidas las versiones Pro, hasta ahora reservadas a China. Este salto es histórico para la marca, que nunca había conseguido ensamblar sus modelos más avanzados fuera del país asiático.
El gran protagonista es Tata Group, el conglomerado se ha convertido en el primer ensamblador 100 % de la India de iPhone y, según las previsiones de Bloomberg, esta compañía asumirá hasta la mitad de la producción nacional en los próximos dos años.
Su papel se suma al de plantas gestionadas por Foxconn y otros socios que ya operan en Bangalore, Chennai y Hosur. Entre abril y julio, India exportó iPhone por valor de 7.500 millones de dólares, casi la mitad de lo logrado en todo el año fiscal anterior.
China, por su parte, ha reaccionado con medidas de presión, en el cual más de 300 ingenieros clave han regresado a su país por orden del gobierno de Xi Jinping, lo que ha obligado a Apple a cubrir esas vacantes con técnicos de Taiwán y Japón, a un coste mayor.
Lo que representa el iPhone 17
Este cambio de escenario coincide con un dispositivo que apuesta de nuevo por el hardware. Y es que se dice que el iPhone 17 llegará con pantallas a 120 Hz en toda la gama, un modelo Air ultradelgado y un rediseño completo en la serie Pro.
Son mejoras tangibles, del tipo que históricamente impulsan las ventas y que convierten a esta generación en un test decisivo para validar la apuesta de India como centro de producción. No obstante, China seguirá siendo un socio indispensable.
La complejidad de futuros productos como el esperado iPhone plegable seguirá requiriendo la capacidad técnica de sus plantas. Sin embargo, para la producción masiva, India se ha consolidado como un hub de referencia, capaz de sostener el volumen y garantizar estabilidad.
Para Apple, el traslado de parte de la producción es algo más que un ajuste logístico, es un movimiento geopolítico que redefine el mapa de la electrónica mundial. Estados Unidos no ha logrado que la compañía lleve la fabricación a su territorio, pero sí ha forzado un cambio que reduce la hegemonía china.
Con cinco plantas a pleno rendimiento, la compañía abre un segundo centro de gravedad en su cadena de suministro. Y eso cambia no solo dónde se fabrica un iPhone, sino también cómo se reparten las piezas del tablero tecnológico global.
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