Parece que Elon Musk tiene un don para no dejar indiferente a nadie y seguir acumulando titulares, y esta vez no es por SpaceX, Tesla ni por sus recientes enfrentamientos con el gobierno de Canadá, que se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza para sus negocios.
Ahora, el magnate y su empresa de inteligencia artificial, xAI, se enfrentan a una seria acusación: la de haber robado, presuntamente, el nombre de su chatbot integrado en X, Grok. Según la denuncia, el nombre ya estaba registrado por una pequeña compañía del sector tecnológico.
Musk, en el centro de una disputa por la marca Grok
Ron Shah, fundador de la startup Bizly, denunció públicamente que su empresa ya había solicitado en 2021 el registro del nombre Grok para una aplicación basada en inteligencia artificial destinada a reuniones asincrónicas.
Según él, el lanzamiento del chatbot de Musk con el mismo nombre no solo fue una sorpresa, sino también el desencadenante de una cadena de problemas que ahora pone en peligro la supervivencia de su compañía. Y es que, según afirma, la irrupción mediática del CEO de Tesla provocó la cancelación de una importante ronda de financiación para Bizly, que estaba a punto de cerrarse.
Inversores se retiraron, preocupados por el conflicto de marca registrada, y desde entonces la situación financiera de la empresa ha empeorado drásticamente. Shah asegura que ahora su compañía se encuentra “al borde del cierre”.
Amigos y conocidos del propio Ron Shah, al ver en las noticias que Elon Musk lanzaba un producto llamado Grok, asumieron que el magnate había comprado su empresa o había adquirido los derechos del nombre.
“¿Te ha comprado Elon? ¡Felicidades!”, le escribieron muchos, sin saber que en realidad estaba a punto de perderlo todo. Desde su perspectiva, Musk no solo usó un nombre que ya estaba en proceso de ser protegido, sino que además lo hizo ignorando los riesgos legales y éticos que esto implicaba.
Aunque xAI aún no ha respondido a las solicitudes formales ni ha enviado ningún tipo de comunicación oficial, Shah ha intentado contactar con el equipo legal para resolver el conflicto de forma amistosa, incluso ofreciéndose a vender la marca a un precio razonable, pero hasta el momento, no ha recibido respuesta.
Cabe destacar que esta no es la primera vez que Musk se ve envuelto en problemas por el uso de marcas registradas. Ya ocurrió algo similar con el cambio de nombre de Twitter a X, que también generó tensiones legales con empresas que poseían derechos previos sobre esa denominación.
Lo que sí parece claro es que el magnate y su entorno legal están acostumbrados a moverse en terrenos grises, sorteando normativas o forzando su interpretación para avanzar en sus iniciativas sin freno y consiguiendo lo que desean.
En el caso de Grok, la ley de marcas registradas en Estados Unidos protege principalmente al consumidor final, es decir, se centra en evitar la confusión sobre quién está detrás de un producto o servicio. En este contexto, si ambas empresas operan en sectores similares y su producto se llama igual, la disputa legal se complica aún más.
Bizly asegura que invirtió más de 2 millones de dólares en desarrollar su plataforma Grok, y ahora ese esfuerzo podría quedar en nada. Aunque por ahora Shah no ha presentado una demanda formal, la tensión sigue en aumento.
El gobierno de Canadá rompe con Tesla
La relación entre Canadá y las empresas de Elon Musk atraviesa su momento más tenso. En plena escalada comercial entre Washington y Ottawa, la provincia de Columbia Británica ha dado un paso inesperado al anunciar la exclusión total de Tesla y sus productos del programa de incentivos para coches eléctricos.
Esto implica que, a partir de ahora, cualquier coche de la marca, así como cargadores y baterías asociados, quedan fuera de los beneficios económicos ofrecidos a los ciudadanos.
La decisión se produce tras la imposición de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos —bajo el liderazgo de Donald Trump—, una medida que el gobierno canadiense considera un intento de presión para endurecer sus políticas migratorias y de control fronterizo.

Imagen generada con IA
En respuesta, Canadá ha optado por dirigir sus represalias hacia sectores estratégicos, y Musk, con su peso en movilidad eléctrica, se ha convertido en objetivo directo. Para Columbia Británica, la prioridad ahora será favorecer a fabricantes locales y reducir la dependencia de empresas extranjeras, especialmente aquellas con vínculos con gobiernos que aplican sanciones económicas.
La ruptura no solo supone un golpe para Tesla en términos de ventas y competitividad en el país, sino que también marca un cambio de rumbo en la política industrial canadiense, cada vez más centrada en proteger sus intereses frente a las tensiones bilaterales.
Aunque la medida afecta de forma directa a los consumidores que ya no podrán acceder a ayudas al comprar un Tesla, el mensaje político detrás es claro: en este pulso económico, Canadá no está dispuesta a ceder, y Elon Musk se encuentra, una vez más, en el centro de la tormenta.
Conoce cómo trabajamos en ComputerHoy.
Etiquetas: Elon Musk