Era el juicio antimonopolio del siglo, que iba a marca un antes y un después en el control que los ciudadanos y los políticos aún pueden ejercer sobre los todopoderosos monopolios tecnológicos que ya controlan por completo nuestras vidas, y más que lo harán con la IA. Pero se ha quedado en nada. Una gran victoria para Google.
A grandes rasgos, el juez Amit Mehta ha confirmado que Google es un monopolio en el mercado de los buscadores, y deberá hacer algunas concesiones, que se pueden retrasar años. Lo más importante para la compañía de Sundar Pichai es que no tendrá que vender Chrome.
Tampoco se verá obligada a sus acuerdos con Apple y Mozilla, a los que paga miles de millones de dólares para que el buscador de Google sea la opción por defecto en Safari y Firefox.
Google se sale con la suya, aunque recurrirá
El juez Amit Mehta ha pasado meses meditando la sentencia, y escuchando las propuestas del Departamento de Justicia, que iban desde vender Chrome o Android, hasta compartir sus datos de búsqueda o romper el multimillonario contrato con Apple.
Al final, el juez solo va a aplicar las medidas más ligeras. Declara a Google un monopolio en el sector de los buscadores, y como castigo le impone compartir algunos datos del índice de búsqueda y métricas de usuario con la competencia.
Esto hubiese sido un duro golpe hace unos años, pero lo es menos ahora que la IA está poniendo patas arriba la búsqueda en navegadores, y prácticamente todos parten de cero.
Google también tendrá que poner ciertos límites a los acuerdos con Apple, Mozilla y otros para usar su buscador por defecto, pero no los impide. Apple respira tranquila, Google le va a seguir pagando una millonada.
Finalmente, no podrá imponer a los fabricantes de móviles y otros dispositivos que usan Android, que incluyan sus apps, como el propio buscador, Gemini, Chrome, o el asistente de Google.
Lo mejor para la compañía, es que finalmente no tendrá que vender Chrome y Chromium, porque el juez ha reconocido que ninguna otra empresa puede asegurar que va a mantener el nivel de calidad y seguridad del navegador y su motor. También considera que el uso de Chrome para promocionar el buscador no es ilegal en sí mismo.
Pese a qué, técnicamente, Google ha ganado, teniendo en cuenta lo que podría perder, va a recurrir todo lo que pueda, primero en los juzgados y luego en el Tribunal Supremo, lo que podría retrasar años la puesta en práctica de todas estas medidas antimonopolio.
La sentencia ha decepcionado, y algunos nos preguntamos si existe poder en la Tierra que pueda establecer un control sobre las todopoderosas compañías tecnológicas, antes de que sea demasiado tarde. Por desgracia, parece que no.
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