Bávaro, esa joya de nuestro turismo que atrae a ‘un viaje de’ gente de todas partes, está viviendo una ‘vaina’ que no está ‘pa’ na’ chula en sus sectores Sueño Verde y Tres Piezas. Los residentes de estas comunidades, que día a día se la buscan honestamente, están hasta el moño con la situación de sus Calles Intransitables. Es un verdadero dolor de cabeza transitar por aquí, con hoyos que parecen cráteres lunares y un lodo que no deja a nadie salir ‘de lo más bien’. Esto no es un cuento, es la pura verdad que afecta a cientos de trabajadores hoteleros que arriesgan el pellejo y sus vehículos en el trayecto diario.
Esta situación no es de ahora; lleva ‘un viaje de’ tiempo cocinándose. Estos sectores surgieron al compás del boom turístico de la zona, alojando a gran parte de la mano de obra que hace posible que Bávaro sea el destino ‘jevi’ que conocemos. Sin embargo, ‘asegún’ cuentan los vecinos, el desarrollo de las infraestructuras básicas, como las calles y el alumbrado, se quedó rezagado. Es como si el progreso se olvidara de quienes lo construyen. La indiferencia de las autoridades municipales ante este ‘lío’ es un clamor que se escucha desde el mismísimo ‘tigueraje’ del barrio hasta las amas de casa que ven cómo se les daña la ‘guagua’ o los zapatos al salir a la calle.
Más allá del simple malestar, el impacto económico es algo serio. Un trabajador que llega tarde por un problema con el transporte en estas vías deterioradas puede perder su jornada o incluso su empleo, afectando directamente la economía familiar. Reparar las suspensiones de las ‘guaguas’ o comprar gomas nuevas se ha vuelto un gasto recurrente que los salarios no aguantan. Imagínense el polvo que levantan los vehículos, que no solo ensucia todo, sino que también provoca problemas respiratorios, especialmente en niños y ancianos. Esto no es ‘bacano’, es una realidad cruda que mella la calidad de vida de todos.
Y ni hablar de la seguridad, ¡’klk’ con eso! La falta de alumbrado público en esas calles es un llamado a la delincuencia. Cuando cae la noche, estas zonas se convierten en boca de lobo, un escenario perfecto para los atracadores. Los residentes viven con el miedo constante a ser despojados de sus pertenencias o, peor aún, sufrir un accidente grave debido a la oscuridad y las malas condiciones de las vías. Esto ha alterado la vida comunitaria; la gente ya no puede compartir un ‘coro’ tranquilo fuera de casa o ir a la bodega sin temor a un encuentro desagradable. La sensación de abandono es palpable.
Los comunitarios no están pidiendo la luna; sus demandas son básicas y justas: calles asfaltadas, alumbrado digno y un semáforo en esa intersección peligrosa que ha sido testigo de ‘un viaje de’ choques. La supuesta desatención de los organismos pertinentes podría llevar a una tragedia mayor, y ahí sí que la ‘chercha’ se va a acabar. Es hora de que el ayuntamiento de Higüey, junto a otras instituciones del Gobierno Central, se pongan las pilas ‘de una vez’ y demuestren que el desarrollo no es solo para los turistas, sino también para los que viven y hacen país en estos rincones.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




