Béisbol, montañas rusas y hoteles para astronautas: cómo era vivir al lado de la NASA en los años 60

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La película de Netflix ‘Apolo 10 1/2′, de Richard Linklater, es un ejercicio de nostalgia centrado en la vida en los años 60. Para ser más exactos, el protagonista en concreto comparte recuerdos de su infancia viviendo en Houston, muy cerca de la NASA, junto con otras ideas un poco más imaginativas como un relato fantástico sobre el primer viaje a la Luna (con él como protagonista). Se trata de una buena descripción de lo que fueron aquellos años ya tan lejanos en Estados Unidos, cuando se mezclaba la incertidumbre por el futuro con la esperanza de los avances tecnológicos y espaciales.

La película puede ayudar a hacernos una idea de lo que fueron esos años en aquella parte del país. La NASA y su actividad siempre han fascinado, como lo hace la zona cercana al Área 51, que se ha sabido explotar turísticamente a la perfección (a unos 133 kilómetros al noroeste de Las Vegas, además de kilómetros infinitos de desierto, puedes encontrar viviendas, un buzón abandonado, moteles e incluso un bar alien). Tanto es así, que todavía hay personas que no creen que el viaje a la Luna se produjese jamás y que las imágenes que todo el mundo vio por la tele no eran más que escenas grabadas en un decorado.

El accidente del primer Apolo

La Guerra Fría fue la culpable de que se acelerasen las cosas. El presidente Kennedy dijo que los estadounidenses irían a la Luna antes del final de la década, y aunque no vivió para ver cumplida esa proclamación, el Programa Apolo tomó forma rápidamente. También hubo accidentes, como relata la propia NASA: el 27 de enero de 1967, los tres astronautas que volarían la primera misión Apolo el mes siguiente (Gus Grissom, Ed White y Roger Chaffee) perdieron la vida en un incendio repentino que arrasó su módulo de comando durante una prueba de la plataforma de lanzamiento en el Complejo 34. El lanzamiento del Apolo 11 desde la plataforma 39A se produjo el 16 de julio de 1969.

placeholderEl director de vuelo Eugene F. Kranz es fotografiado durante una simulación en el MSC de Houston en 1965. Crédito de la foto: NASA
El director de vuelo Eugene F. Kranz es fotografiado durante una simulación en el MSC de Houston en 1965. Crédito de la foto: NASA

Pero más allá de los astronautas, en Houston también vivía gente. El gobierno federal había elegido aquella zona como el centro para sus naves tripuladas, un lugar que era conocido como ‘la ciudad de los pantanos’ y por su equipo de béisbol (los Colt 45.S), de la noche a la mañana pasó a ser ‘la ciudad espacial’. El lugar perfecto para que se alojaran los astronautas. “El suroeste de Houston ofrecía espacio, pero no era glamuroso”, contaban en ‘Abc 13‘. “Esperábamos que abrieran nuevos complejos. Los edificios en los que trabajábamos se estaban cayendo a pedazos”.

Después de que terminó el programa del transbordador, Houston no perdió su título de “Ciudad espacial”. Los astronautas despegaron de otras partes del mundo, pero el control de la misión en Houston opera la estación espacial internacional. Durante la década de los 60, la NASA avanzó todo lo posible en los objetivos marcados por el presidente Kennedy y la idea de llevar un humano a la Luna mediante el proyecto Gemini (que sería seguido por el Apolo). En 1969, Neil Armstrong se convirtió en el primer astronauta en llegar a la superficie. Durante las décadas de 1960 y 1970, la NASA también lanzó una serie de sondas espaciales llamadas Mariner, que estudiaron Venus, Marte y Mercurio.

El Space Center Houston: atrae más de 1 millón de amantes del espacio cada año. A través de sus amplios programas educativos, exhibiciones y objetos interactivos

Pero en Houston también vivía (y viven) personas, muchas de las cuales, aunque se veían afectadas en mayor o menor medida por las actividades de la NASA, no pusieron jamás un pie en el espacio. En las zonas residenciales recién construidas, los ciudadanos corrientes podían ver pasar los transbordadores mientras jugaban. Y, por supuesto, respiraban todo lo relacionado con el espacio, así lo quisieran o no.

placeholderEl astronauta Walter Schirra montando en la parte trasera de un coche durante un desfile de bienvenida en Houston, Texas en 1962. Crédito de la foto: NASA
El astronauta Walter Schirra montando en la parte trasera de un coche durante un desfile de bienvenida en Houston, Texas en 1962. Crédito de la foto: NASA

Un ejemplo de toda la locura del espacio es el Space Center Houston: atrae más de 1 millón de amantes del espacio cada año a través de sus amplios programas educativos, exhibiciones y objetos interactivos que duran todo el tiempo. Se puede caminar a través de la réplica del transbordador espacial Independence, pasear por otra réplica de la primera estación espacial de Estados Unidos (Skylab) y tocar una roca. Si llegas un viernes al mediodía, quizá incluso puedas conocer a un astronauta. También cuenta con el Laboratorio de flotabilidad, el Control de misión de la EEI y los laboratorios de simulación… el Space Center Houston es especialmente completo para calmar las ansias de conocer el espacio (sin viajar a él).

El Astrodome, anunciado como la “octava maravilla del mundo”, abrió el 9 de abril de 1965. Eso llevó al equipo de béisbol, los mencionados Colt .45s, a cambiar su nombre por el de Astros

En los 60 la gente se conformaba con Astroworld, el adorado parque de atracciones de Houston, inaugurado en los 60 y que, desgraciadamente, terminó pasando a mejor vida. El Astrodome, anunciado como la “octava maravilla del mundo”, abrió el 9 de abril de 1965. Eso llevó al equipo de béisbol, los mencionados Colt .45s, a cambiar su nombre por el de Astros. Incluso el perro de los Supersónicos se llamó Astro, en honor a toda esta fiebre por el espacio. A día de hoy en Houston pueden encontrarse también cosas más variadas: el Buffalo Bayou Park, la extravagante calle 19 en The Heights o las playas de Gavelston a menos de una hora.

La llegada de los astronautas a Houston cambió y transformó, irremediablemente, la ciudad. Para el verano del año 62, había más de 1.500 empleados viviendo en la zona. Para 1965, esa cifra crecería a 4.900 empleados y al menos 4.800 trabajadores subcontratados. Un estudio estimó que la entrada de la NASA en Houston sumó 57.500 personas a la región en los primeros cuatro años. Y, conforme crecían los trabajadores, también lo hacía la necesidad de crear oficinas.

Para albergar a todos los nuevos residentes, surgieron comunidades enteras en las llanuras costeras que alguna vez estuvieron desprovistas de árboles y que rodeaban Clear Lake. El área vio crecer su población de 6.500 en 1960 a más de 30.000 en 1965. Aparecieron zonas como “Timber Cove” y “El Lago”. Nassau Bay, el pequeño suburbio ubicado a tan solo 30 minutos de Houston, se desarrolló también a principios de la década de los 60 como una comunidad de estilo de vida lujoso, en su esfuerzo por atraer al personal de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio, que se mudaba de áreas prósperas con una alta calidad de vida como podían ser California o Florida.

placeholderColt Stadium en 1963 (Fuente: Wikimedia)
Colt Stadium en 1963 (Fuente: Wikimedia)

Uno de los antiguos hitos notables de la ciudad es el Nassau Bay Resort Motor Inn. Según la historiadora de la ciudad, Ann Davidson, muchos de los astronautas se quedaron en el hotel con sus familias mientras buscaban un hogar. Los reporteros esperaban en las salas de redacción en la parte superior del hotel durante las misiones espaciales, y un restaurante dentro era donde muchos empleados de la NASA pasaban la hora del almuerzo. Fue demolido hace años.

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En 2019 se cumplieron 50 años de la llegada del hombre a la Luna. Fue aquella una época difícil, una mezcla de todos los sucesos que llegaban o estaban por venir: la desesperación de la guerra de Vietnam, el asesinato de líderes políticos, el malestar general de la nación. De alguna manera, aunque hubo críticas por comprometer tantos recursos para llegar a la Luna cuando no podíamos resolver los problemas que sucedían aquí abajo, sí que había una brillante esperanza de que la nación americana podía seguir soñando para llegar hasta el infinito y más allá.

Fue aquella una época difícil, una mezcla de todos los sucesos que llegaban o estaban por venir: la desesperación de la guerra de Vietnam, el asesinato de líderes políticos, el malestar general de la nación

Prácticamente todos los niños de los 60 soñaban con convertirse en astronautas, pero algunos tenían el sueño mucho más cerca de casa.

La película de Netflix ‘Apolo 10 1/2′, de Richard Linklater, es un ejercicio de nostalgia centrado en la vida en los años 60. Para ser más exactos, el protagonista en concreto comparte recuerdos de su infancia viviendo en Houston, muy cerca de la NASA, junto con otras ideas un poco más imaginativas como un relato fantástico sobre el primer viaje a la Luna (con él como protagonista). Se trata de una buena descripción de lo que fueron aquellos años ya tan lejanos en Estados Unidos, cuando se mezclaba la incertidumbre por el futuro con la esperanza de los avances tecnológicos y espaciales.

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