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Boris Johnson y su vaina con Bitcoin: La comunidad lo educa de una vez

¡Mi gente, klk! Se armó un coro jevi el otro día con el ex primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, y la comunidad de Bitcoin. Resulta que el hombre se mandó a decir en X, como Pedro por su casa, que sospecha que “Bitcoin es un gigantesco esquema Ponzi”. ¡Dique un Ponzi! Esa vaina, como era de esperarse, levantó un viaje de polvo y la respuesta de los tigueres del ecosistema no se hizo esperar; salieron de una vez a educarlo, pero con altura, claro está.

Y es que cuando un personaje público suelta una declaración así sobre un tema tan técnico como

Bitcoin

, sin un fundamento claro, la comunidad, que está bien empapada del tema, tiene que salir a aclarar el panorama. Porque aquí en el patio, como quiera, la gente está buscando alternativas, y la información errónea no ayuda a nadie a entender estas nuevas olas financieras que están transformando el mundo.

Para los que no están muy claros, un esquema Ponzi no es un chiste, mi gente. Es una estafa piramidal donde un operador central promete rendimientos altísimos con poco o ningún riesgo. ¿Cómo lo logra? Pues paga a los inversores tempranos con la plata de los nuevos participantes, hasta que la pirámide se desmorona y todo el mundo, menos el estafador principal, se queda con los moños retorcidos. Es decir, depende de un flujo constante de dinero nuevo para mantener la ilusión de rentabilidad, una vaina que al final siempre termina mal.

Ahora, ¿por qué Bitcoin no encaja en esa descripción? Pues sencillo. Bitcoin no tiene un “dueño” o un operador central. No hay nadie que te prometa rendimientos garantizados porque su valor lo determina el mercado libre, ni te paga con el dinero de otros. Es una red monetaria abierta, descentralizada, impulsada por un código que es público y auditable por cualquiera, y por la demanda del mercado. No hay un CEO de Bitcoin a quien tú puedas ir a quejarte o a pedirle explicaciones, porque sencillamente no existe. Esa es la diferencia principal, una vaina bacana que lo hace resistente a la manipulación central.

Figuras prominentes como Michael Saylor, el fundador de MicroStrategy, que es uno de los mayores tenedores institucionales de Bitcoin, fue de los primeros en darle su cátedra a Johnson. Saylor explicó con claridad meridiana que “Bitcoin no es un esquema Ponzi. Un Ponzi requiere un operador central que promete rendimientos y paga a los inversores tempranos con fondos de los nuevos. Bitcoin no tiene emisor, no tiene promotor y no tiene rendimiento garantizado: solo una red monetaria abierta y descentralizada, impulsada por código y demanda de mercado”. Más claro de ahí, ni el agua.

Otro que no se quedó callado fue Fred Krueger, un analista e inversionista de criptoactivos, quien apuntó a la contradicción en la crítica de Johnson con una chispa de picardía dominicana: “Un Ponzi generalmente necesita un operador central, Boris. Bitcoin solo tiene matemática. Tu sistema tiene el Banco de Inglaterra”. ¡Palo seguro! Esa frase pone en perspectiva cómo el sistema monetario tradicional, con sus bancos centrales imprimiendo dinero a lo loco y manipulando tasas, podría parecerse más a un esquema inflacionario que lo que es Bitcoin.

Daniel Batten, un especialista en energía y Bitcoin, optó por la pedagogía visual, esa vaina que entra por los ojos. Le dijo a Johnson: “El dinero puede ser difícil de entender. Permíteme explicártelo de forma simple, Boris”. Y acompañó su respuesta con una imagen que ponía la deuda nacional de EE. UU. (un gráfico que sube sin parar, con suministro ilimitado y bajo control centralizado) al lado del suministro de Bitcoin (una curva con un techo fijo de 21 millones de unidades, respaldado por energía y sin control centralizado). El mensaje implícito era potente: si Johnson anda buscando un esquema insostenible que crece sin límite y depende de una autoridad central, que mire el sistema monetario fiat que ya conoce, no a Bitcoin.

Hasta Paolo Ardoino, el CEO de Tether, se lo tomó con humor, señalando que a Johnson lo habían “superado en votos por las notas de la comunidad” de X. Esto es un sistema de la plataforma donde la misma comunidad puede etiquetar comentarios como imprecisos, bajándole el perfil a la desinformación. Es decir, hasta la misma plataforma le dio su chercha a Johnson.

El patrón de las respuestas fue bien consistente: ninguno de los referentes del ecosistema trató la declaración de Johnson como una crítica legítima que necesitara una defensa a ultranza. La abordaron, más bien, como un error de comprensión, como si fuera un estudiante que no ha cogido la clase y que necesitaba una buena explicación. Esa es la vaina de la comunidad Bitcoin: educar es clave para que la gente entienda de qué va esto.

Y esta no es la primera vez que un político de peso le tira la mala a Bitcoin para luego cambiar de opinión. ¡Qué tigueraje! Podemos recordar a Donald Trump, por ejemplo. Durante su primer mandato presidencial, le tiraba con todo a Bitcoin, lo calificaba de activo sin valor y herramienta para criminales. Pero, ¿klk con Trump ahora?

Al inicio de su segunda campaña presidencial, el hombre se ha virado de una vez, adoptando un discurso pro-Bitcoin y pro-criptomonedas. ¡Un cambio jevi! De hecho, captó casi el 50% del gasto electoral corporativo del sector, ¡unos USD 197 millones!, y prometió convertir a Estados Unidos en la capital mundial de las cripto. Esto demuestra que la narrativa puede cambiar drásticamente, sea por una mejor comprensión, o por estrategia política y los votos. La verdad es que, cuando la gente se va educando sobre esta vaina, el miedo se les quita y empiezan a ver el potencial.

Pero, como decimos en el patio, del dicho al hecho hay un buen trecho. Una vez en el poder, y como CriptoNoticias ha reportado, el protagonismo de las promesas migró más hacia las stablecoins y otros activos digitales, dejando la Reserva Estratégica de Bitcoin en un segundo plano y sin una fecha exacta de aplicación. Esto nos enseña que hay que estar con los ojos bien abiertos y no solo creer en las promesas a lo loco; hay que darle seguimiento a la vaina.

Al final del día, lo importante es que debates como este, aunque empiecen con desinformación, terminan sirviendo para educar a más gente sobre qué es Bitcoin, cómo funciona, y por qué está de lo más bien con su descentralización y su límite fijo. Esa es la esencia de esta nueva economía digital, una oportunidad bacana para muchos.

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