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Cae “Picachu”: ¿Fin del *tigueraje* en Pedro Brand?

¡Klk, mi gente! La calle se puso picante en Pedro Brand con una noticia que ha revuelto el avispero del bajo mundo: Yunior Vargas Samboy, mejor conocido como “Picachu” o “El Pelu”, un tigueraje que tenía a las autoridades en un sube y baja, cayó abatido en un supuesto enfrentamiento con una patrulla de la Policía Nacional. La vaina se dio en La Guáyiga, una zona de Pedro Brand que muchos pensaban que estaba tranquila, pero ya vemos que la delincuencia no coge horario ni sitio.

Este suceso, que de una vez puso a la gente a hablar, nos hace pensar en la complejidad de la criminalidad en nuestro país. “Picachu”, con apenas 31 años, no era un novato en esto; tenía un historial más largo que un tren de caña, siendo buscado por una pila de hechos violentos que mantenían en zozobra a los barrios. Desde Cristo Rey, donde residía, hasta otras esquinas del Gran Santo Domingo, su nombre sonaba a peligro, a problemas.

Asegún el informe policial, la guagua de la PN le dio el alto a un vehículo sospechoso. Y ahí fue que se armó la chercha, pero de la mala. “Picachu”, dicen, no se dio por vencido y sacó una pistola Glock, calibre 9 milímetros, disparando contra los agentes. La policía, en su versión, repelió el ataque, resultando el presunto delincuente herido de muerte. Lo llevaron al Hospital Dr. Vinicio Calventi, pero ya era tarde, ahí mismo entregó el alma al Creador. Esta secuencia de hechos siempre genera debate; la ciudadanía, con la experiencia que tiene, a veces se queda con la duda si fue un enfrentamiento “de verdad” o si al “tiguere” lo “ejecutaron”. Es un tema delicado que siempre levanta polvareda.

Dentro del vehículo, un Daihatsu Mira gris, placa A956108, donde “Picachu” iba montao con dos acompañantes (que ahora están bajo investigación, a ver qué dirán), la policía ocupó la pistola, un chaleco antibalas y un pasamontañas. ¡Usted se imagina! Eso no es para ir a comprar pan. Eso grita que andaba en algo fuerte, con una planificación que metía miedo. Los detalles del caso, como siempre, están en manos de los investigadores, que tienen una papa caliente entre manos.

La figura de “Picachu” no era desconocida para las autoridades. Su historial delictivo es un claro ejemplo del camino sin salida que muchos eligen en el bajo mundo. La Policía informó que, entre sus hazañas, figuraba un enfrentamiento a tiros en febrero de 2026, ¡en el propio sector La Goya de Cristo Rey!, donde se midió a tiros con otro “tigueraje” conocido como “Antoni (a) Pelu”. En esa ocasión, un carro Kia K5 quedó como un colador, con un viaje de impactos de bala. La Científica recolectó 19 casquillos, ¡una pila de balas! Eso fue un coro de balas, eso fue una vaina seria.

Y para colmo, en enero del mismo año, ya había una denuncia en la Fiscalía de un ciudadano a quien “Picachu” supuestamente le disparó sin piedad, un hecho que también quedó grabado por cámaras de seguridad. Estas vainas, grabadas o no, lo que demuestran es la impunidad con la que operaba este tipo, hasta que le llegó su hora. En la escena del enfrentamiento en La Guáyiga, los forenses encontraron dos casquillos calibre 9 milímetros, prueba de que hubo plomo.

El caso de “Picachu” es más que un simple enfrentamiento; es un reflejo de los desafíos que enfrenta la sociedad dominicana en la lucha contra la delincuencia. La guagua del crimen sigue rodando, y aunque se logre “darle pa’ bajo” a un personaje como este, siempre quedan otros que buscan ocupar ese espacio. La criminalidad, mi gente, es una hidra de mil cabezas. No se trata solo de la acción policial, que es vital, sino de abordar las raíces de la violencia: la falta de oportunidades, la descomposición familiar, la falta de educación y la facilidad con la que se consiguen armas ilegales. Es una batalla en muchos frentes.

La comunidad de Cristo Rey, por ejemplo, donde “Picachu” vivía, es un barrio con una cultura vibrante, lleno de gente trabajadora y de buen corazón, pero también es un caldo de cultivo para la delincuencia debido a las condiciones sociales y económicas que algunos enfrentan. El “tigueraje” se desarrolla en esos entornos, muchas veces como una forma distorsionada de buscar respeto o poder, o simplemente como una vía rápida para conseguir cuartos.

La muerte de “Picachu” cierra un capítulo para este individuo, pero la lucha contra el crimen organizado y la delincuencia común en lugares como Pedro Brand y otras zonas del país sigue de pie. La Policía Nacional asegura que la investigación continúa, buscando esclarecer todos los detalles y desarticular cualquier red que estuviera detrás de este “tiguere”. Ojalá que esta vez, la vaina sirva de ejemplo y mande un mensaje claro a aquellos que andan por el camino torcido.

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