¡Mi gente, la República Dominicana está que no cabe en la piel! El ambiente en el patio se siente diferente, como cuando uno sabe que viene un día de fiesta grande. Y es que no es para menos, el choque entre los nuestros, los dueños del Swing, y el trabuco de Estados Unidos en las semifinales del Clásico Mundial de Béisbol, es la vaina más esperada. Esto no es un simple juego, no; es un pleito de tú a tú entre las dos potencias más grandes del béisbol, un agarrón que tiene al país entero con el corazón en la mano, esperando que nuestros tigueres salgan a dejarlo todo en el terreno.
Este domingo, la atención del mundo entero y, sobre todo, de nuestra isla, estará clavada en el Loan Deport Park. Es un partido de “matar o morir”, de esos que te ponen los nervios de punta y que se viven con una intensidad que traspasa la pantalla. De un lado, la República Dominicana, ese equipo que ha pasado por encima de sus rivales como una guagua sin frenos, mostrando una ofensiva brutal y un pitcheo que está de lo más bien. Del otro, Estados Unidos, un equipo que ha tenido que batallar un viaje para llegar hasta aquí, pero que, al final del día, es el vigente campeón y siempre es un rival de cuidado, con un tigueraje que no se le puede subestimar.
La expectativa por este juego es algo que se palpa en cada esquina, en cada colmado, en cada casa dominicana. Desde que se anunció la fecha, el coro ha sido el mismo: “¿Ganaremos? ¿Cómo lo veremos? ¿Dónde haremos la chercha?” Es el evento deportivo que paraliza el país, y eso es una cosa jevi. Nuestros muchachos llegan con una moral por las nubes, después de haber barrido a sus oponentes en la fase de grupos y demostrado que su ofensiva es un verdadero ciclón. Con un promedio colectivo de .312 y la friolera de 51 carreras anotadas, además de igualar el récord de jonrones en un Clásico con 14, se puede decir que la República Dominicana está caliente, ¡pero caliente de verdad!
El montículo promete ser un duelo de antología. Por los americanos, se sube Paul Skenes, el fenómeno de los Piratas que ya lleva un Cy Young de forma unánime y un Novato del Año en solo dos temporadas. Este muchacho de 24 años es una fiera, con una efectividad de 1.96 y un viaje de ponches. Contener a ese monstruo no es poca cosa. Pero de este lado, tenemos a nuestro orgullo, Luis Severino, quien ha tenido presentaciones magníficas y está listo para fajarse de tú a tú con cualquiera. La dirección de Albert Pujols, nuestro “Máximo Líder”, confía en su brazo para silenciar a la potente ofensiva de las barras y las estrellas.
Ambos equipos son un verdadero All-Star Game andante. Estamos hablando de plantillas repletas de súper estrellas, de gente que año tras año está en la boleta para el MVP o el Cy Young. De hecho, los dos combinan la mayor cantidad de jugadores que han recibido votos para el premio de Más Valioso en la temporada de Grandes Ligas. Esto no es un juego de niños, es una guerra de titanes donde cada batazo, cada pitcheo y cada jugada defensiva cuentan un mundo. Nuestros Juan Soto, Fernando Tatis Jr., Vladimir Guerrero Jr., Manny Machado, Julio Rodríguez, entre otros, no son gente que se asusta fácil, y están listos para demostrar el porqué somos la cuna de tantos peloteros de élite.
La ofensiva dominicana ha sido implacable, superando a sus rivales 41 a 10 en la fase de grupos, aunque Venezuela les marcó cinco. La efectividad colectiva de nuestros lanzadores es una belleza: 1.98, solo superados por Puerto Rico. Mientras tanto, Estados Unidos, aunque ha superado a sus oponentes 40-20, ha mostrado cierta vulnerabilidad en el pitcheo, concediendo 10 jonrones, la mayor cantidad junto a Corea. ¡Y se enfrentarán a los reyes del jonrón en este torneo! Ese dato, klk, no es cosa de juego.
La historia entre estos dos gigantes en el Clásico Mundial de Béisbol es chula, y siempre ha sido de altas emociones. Este domingo será el cuarto enfrentamiento. En 2013, cuando hicimos nuestra gesta invicta, le ganamos a Estados Unidos 3-1, con un Samuel Deduno monticular y las empujadas de José Reyes, Hanley Ramírez y Erick Aybar. ¡Esa vaina fue una gozada! Demostramos que cuando el dominicano se une, no hay quien nos pare. Ese año, el país entero se echó a la calle a celebrar una hazaña sin precedentes.
En 2017, la cosa se puso más picosa. Les ganamos en el primer encuentro 7-5, con los batazos claves de Nelson Cruz y Starling Marte, ¡unos cuadrangulares de esos que te levantan de la silla! Pero luego, en cuartos de final, ellos se la ingeniaron para devolvernos el favor, ganándonos 6-3. Ese juego fue memorable por la jugada de Adam Jones, quien le robó un jonrón a Manny Machado, una jugada que todavía hoy se comenta. Ese año, ellos lograron su único título en el Clásico, así que tienen esa espinita clavada de querer repetir la hazaña y nosotros la de volver a ser campeones.
Para nosotros, el béisbol es más que un deporte; es parte de nuestra identidad, de nuestra cultura, de lo que nos hace dominicanos. Cada vez que nuestra bandera se levanta en un estadio internacional, se nos hincha el pecho de orgullo. El “tigueraje” en el campo, la forma de celebrar, la alegría con la que se juega, eso es inherente a nosotros. Desde los callejones con un bate y una tapa de refresco, hasta las Grandes Ligas, el béisbol corre por nuestras venas. Es el sueño de muchos chamacos que ven en esos peloteros una inspiración, un camino a seguir.
Así que este domingo, no será solo un partido de béisbol. Será un evento nacional, un día para sacar la bandera, para reunirse en familia o con los panas a ver la guagua de nuestros peloteros. Es el momento de gritar “¡Sí, se puede!” y de mandar toda la buena vibra a esos hombres que nos representan. ¡La vaina está que quema, y estamos listos para lo que venga! Que gane el mejor, pero que el mejor sea el de la bandera tricolor. ¡Vamos, Dominicana!
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