«El cloud nos ha traído ventajas, eso es indudable, pero esas ventajas han sido a cambio de desvanecernos en los brazos avariciosos de unos fabricantes que han dejado de pensar, hace ya mucho, en el cliente.»

Cuando en 2007/2008 estalló la gran crisis financiera que afectó a la economía mundial, las empresas de todo el mundo se encontraron con infinidad de activos tecnológicos sobrantes y de los cuales no podían desprenderse.

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A partir de ese momento nació con fuerza la cultura “cloud” donde se nos aseguraba que, aparte de poder disfrutar de los múltiples beneficios de no tener que hacer grandes inversiones en activos e inmovilizados TIC y de poder disfrutar de una tecnología que solo la economía de escala puede ofrecer, nos vendieron que iba a ser la solución a todos los problemas de inflexibilidad pasada para llevarnos a un futuro idílico de flexibilidad completa donde los activos TIC pudieran adaptarse en función de la necesidad en cada momento (entre otras cosas).

Durante 15 años fabricantes de primer nivel de todo el mundo nos han ido llevando hacia el Cloud como ovejas al matadero. Empezamos disfrutando aquello que nos prometieron, tecnología de primer nivel gracias a la economía de escala, nulas inversiones iniciales, adaptación a demanda en cualquier momento y con un precio competitivo.

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A medida que los años han ido pasando los sistemas Cloud se han vuelto rígidos, tan rígidos como lo era la compra de activos. Ya no podemos elegir según lo que necesitemos en cada momento y nos obligan a contratar por periodos largos donde solo podemos “añadir”…nunca “decrementar”. Los precios se han vuelto no solo estratosféricos, sino que entender la factura es casi tan complejo como comprender la factura de la luz y, lo más curioso, es que no tenemos medios ni capacidad para contrastar lo que realmente consumimos, estando supeditados a lo que el fabricante de turno nos diga. No hablamos de cosas tangibles (como por ejemplo el número de licencias)…sino que hablamos de unidades de medida en las facturas que son incomprensibles y que, por supuesto, debemos creernos como una creencia bíblica.

Quizás lo único bueno que queda de todo aquello es la velocidad a la que podemos incorporar nuevos ambientes. Eso sí que se mantiene, pero ¿a qué precio tanto monetario como de dependencia? Ya no hablamos de miedo a no saber dónde están nuestros datos (eso quizás ya lo hemos superado), me refiero a que hemos dejado de ser clientes para pasar a ser esclavos.

Los fabricantes de referencia como Microsoft, Google, Amazon, etc, etc…actúan como una apisonadora, alteran unilateralmente los contratos, cambian las condiciones de juego y cada vez más adaptan el mercado enfocado a la permanencia y esclavitud del cliente. Han dejado de pensar en el cliente, para pasar al estamento superior: Esclavizar al cliente.

Un cliente esclavo no tiene ninguna capacidad para negociar. Simplemente, es esclavo y solo puede liberarse si está dispuesto a sufrir una travesía por el desierto para moverse de donde inicialmente decidió estar. El cloud nos ha traído ventajas, eso es indudable, pero esas ventajas han sido a cambio de desvanecernos en los brazos avariciosos de unos fabricantes que han dejado de pensar, hace ya mucho, en el cliente.

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