Color rosa: cómo se creó y otras curiosidades

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Cuando de pequeños aprendemos los distintos colores, se nos enseña oportunamente que hay algunos denominados “primarios”, a partir de los cuales derivan los demás: amarillo, azul y rojo. Pero, si nos detenemos en el resto de colores, probablemente existan preguntas sin respuestas, como por ejemplo cómo se creó el color rosa, uno que tanto espacio ha ganado en la sociedad.

Sin perder de vista que los significados de cada tono están dados por las construcciones sociales, lo cierto es que el rosa tiene una riquísima historia detrás, una que bien vale la pena conocer para desmitificar un poco actuales creencias absurdas.

Origen del color rosa

En lo que respecta a su origen, conviven diferentes teorías e hipótesis, si bien la más aceptada sostiene que el rosa nació de la mano de Madame de Pompadour, la amante principal del rey de Francia Luis XV quien, enamorada de ese tono, consiguió que el fabricante de porcelana Sèvres optara por denominarlo en su honor, “Rose Pompadour”, y finalmente “rosa”.

Paradójicamente, a mediados del siglo XVIII, el color rosa no era un color “femenino”, si es que los hay, sino que estaba más asociado con las figuras masculinas, lo mismo que sucedía con todos los rojos y sus derivados, que eran utilizados para vestir y agasajar a los niños recién nacidos.

No fue sino hasta el siguiente siglo, el XIX, que el rosa comenzó a relacionarse con el mundo de las mujeres, como consecuencia de que los tonos más oscuros, más sobrios, fueron adjudicados a los hombres y éste, en su delicadeza y gracia, quedaría como la opción más adecuada para ellas.

No era de extrañar, por esa época, que las damas de la realeza o que ostentaban títulos de nobleza, escogieran el rosa para sus vestidos, feminizándolo progresivamente en simultáneo con una sexualización creciente del sexo femenino, que tendría su desembocadura en el arte.

Desarrollos

Algunas décadas más tarde, y ya con los procesos de industrialización en su apogeo, los pigmentos químicos abrieron las puertas a tonalidades de rosa que poco tenían que ver con el color en sus orígenes, como el magenta, o los fucsias, casi siempre más baratos y accesibles que el rosa.

En resumen, el rosa no es un color que nos acompaña desde siempre, sino uno que fue creado y moldeado en virtud de los significados que se pretendían para él, demostrando así que sus representaciones no deben ser resumidas sólo a “lo femenino”.