La gente de Dajabón está en una verdadera ‘vaina’, con el temor y la incertidumbre campando por sus respetos. El tráfico ilícito de migrantes haitianos se ha convertido en una preocupación creciente, afectando la tranquilidad de las familias y la seguridad ciudadana en esta zona fronteriza que, de por sí, siempre tiene su ‘klk’.
Lo que para una gente sin escrúpulos representa un negocio ‘jevi’, para los residentes de Guayajayuco, Restauración y otras comunidades en Dajabón y Montecristi, como Las Matas de Santa Cruz, es un dolor de cabeza constante. Dicen que los ‘poteas’ —como se le conoce a los que andan en ese ‘tigueraje’— usan de todo: motores, carros privados y hasta ‘guaguas’ de transporte para mover a los migrantes, buscando caminos vecinales para zafarse de los controles.
Este ‘desorden’ no es un chisme de pasillo, sino una denuncia abierta por ciudadanos valientes como Juan Soto de Chacuey, Rigoberto Contreras de Guayajayuco y Ana Lucía Cruz de Clavellina. Ellos, junto a otros residentes, claman por una vigilancia más efectiva y acciones concretas para frenar el trasiego irregular de extranjeros por sus calles y carreteras.
Y aquí es donde la ‘vaina’ se pone más ‘complicá’, porque hay quienes señalan que, ‘asegún’ la noticia, la presunta anuencia de algunos miembros de los organismos castrenses destacados en la frontera podría estar facilitando estos movimientos. Obviamente, estas son acusaciones graves que necesitan una investigación seria y transparente, porque la confianza en las autoridades es lo último que se puede perder en la frontera.
La preocupación va más allá del simple traslado de personas. Se teme que estas mismas rutas, usadas para los migrantes, sean un colador para el contrabando de mercancías, armas y hasta sustancias prohibidas. Aunque la noticia aclara que no se han presentado pruebas específicas de estas conexiones, el simple pensamiento de esa posibilidad mantiene a la gente con el corazón en un puño.
Detrás de esta problemática, hay una realidad humana ‘dura’. Los propios migrantes que se embarcan en esta travesía clandestina quedan expuestos a la explotación, accidentes y mil peligros más. Y para las familias fronterizas, su seguridad y tranquilidad son fundamentales para echar pa’lante, trabajar y criar a sus hijos en un ambiente sano. Cuando esa paz se altera, todo se va en un ‘disparate’.
Un hecho reciente vino a recordarnos lo ‘peligroso’ de esta situación: el accidente donde diecisiete ciudadanos haitianos, incluyendo cinco niños de pecho a cuatro años, resultaron heridos en una yipeta por Los Tres Puentes, en Montecristi. Este suceso, según el reporte, subraya la urgencia de investigar quién se beneficia de estos movimientos ilegales y cómo evitar que más vidas inocentes queden en el medio de esta situación tan delicada.
Frente a este escenario, la pregunta del millón es: ¿Quién tiene el control real de la frontera? Se necesitan respuestas claras de las autoridades militares, Migración, el Ministerio Público y los organismos de inteligencia. La frontera no puede ser un ‘territorio libre’ para el crimen organizado ni sus habitantes pueden sentirse ‘desamparaos’. El pueblo dominicano, y en especial el de la frontera, merece transparencia, investigaciones a fondo y acciones contundentes para recuperar la ‘tranquilidad’ que tanto anhelan.
Al final del día, lo que está en juego no son solo estadísticas, sino la confianza de una nación en sus instituciones y la seguridad de su gente. ¡Así que a darle mente a esta ‘vaina’ de verdad!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).


