¿De dónde proviene el nombre de la vía láctea y por qué se llama así?

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La Vía Láctea es la galaxia en la que se encuentra el Sistema Solar, y a su vez se ubica el planeta Tierra. Según las últimas investigaciones, tiene una masa de 10 masas solares. Tiene un diámetro promedio de 200.000 años luz y alberga entre 200.000 y 400.000 millones de estrellas. Es interesante saber de dónde proviene de la mitología griega.

La Vía Láctea ha tenido una gran importancia en numerosas civilizaciones a lo largo de la historia. Los vikingos creían que era el camino que llevaba al Valhalla, mientras que los aztecas creían que era el dios Mixcoati, que dominaba el cielo nocturno.

La Vía Láctea en la mitología griega

La leyenda cuenta que el dios griego Zeus, que era infiel a su mujer Hera, tuvo un hijo con Alcmena, llamado Heracles. Cuando Hera se enteró, hizo que Alcmena llevase en el vientre a Heracles durante 10 meses. Cuando tenía 8 meses, envío a dos serpientes para que acabaran con la vida del bebé. Pero Heracles se pudo librar de ellas. Sin embargo, Heracles consiguió zafarse de ellas y pasó a ser el favorito de Zeus.

Atenea, la diosa de la sabiduría, consiguió convender a Hera de que Heracles mamara de ella. Pero Heracles succionó la leche de forma violenta, hasta el punto de lastimar a Hera, quien derramó la leche.

Descubrimiento de la Vía Láctea

Resulta complicado saber a ciencia cierta quién descubrió la Vía Láctea. La teoría más aceptada es que fue Galileo Galilei el primero que reconoció la existencia de una banda de luz en la galaxia. Lo hizo a principios del siglo XVII, cuando valiéndose de su telescopio, observó cómo la galaxia estaba formado por miles de estrellas.

Sin embargo, no  fue hasta 1920 cuando, de la mano de Edwin Hubble, se obtuvo la primera evidencia de que las nebulosas espirales presentes en el cielo eran galaxias enteras. Fue un gran descubrimiento porque permitió saber con certeza cuál era la verdadera forma y naturaleza de la Vía Láctea.

Por último, cabe señalar que la Vía Láctea gira, pero las estrellas, planetas y el resto de componentes no giran a la misma dirección o velocidad. La velocidad depende en gran medida de la distancia: cuanto más cerca, más rápido. Por ejemplo, el Sol se mueve a 220 kilómetros por segundo.