De Grasse gana los primeros 200 metros de la ‘era post-Bolt’

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El canadiense Andre De Grasse se coronó campeón olímpico de los 200 metros, sucediendo en el palmarés al mítico Usain Bolt, al ganar la final de este miércoles en Tokio con un tiempo de 19 segundos y 62 centésimas, nuevo récord de su país.

De Grasse, de 26 años y que había sido ya bronce en los 100 metros en estos Juegos, se impuso en la recta final a dos estadounidenses, Kenneth Bednarek (19.68, plata) y el campeón mundial Noah Lyles (19.74, bronce).

“Después de los 100 metros (tercer puesto) me sentí un poco decepcionado conmigo mismo, creo que pude haberlo hecho mejor. Así que me dije que tenía que ir a por los 200 metros”, explicó De Grasse.

“Sabía que los estadounidenses iban a presionarme y que me iban a llevar a tener que hacer una mejor marca personal. Hacía cinco años que no la superaba, así que ha sido bueno sacarse eso de encima”, añadió.

El estadounidense Erriyon Knighton, de apenas 17 años y señalado como la posible superestrella del futuro, se quedó con la cuarta plaza (19.93).

El joven adolescente de Florida ha batido ya los récords juveniles de Bolt y corre habitualmente más rápido que el legendario ‘Rayo’ cuando tenía su edad.

Andre De Grasse, de 26 años, consigue por fin dar el gran salto al oro. Con su mejor tiempo personal se convierte en el octavo hombre más rápido de todos los tiempos en la distancia.

En los Juegos de Rio-2016 había sido subcampeón en estos 200 metros, superado entonces por Bolt. En la cita brasileña fue también bronce en 100 y relevo 4×100 metros.

A los tres metales de esa edición olímpica suma los dos (oro y bronce) que ha logrado ya en Tokio-2020.

“Yuri, ¿me has visto?”
En el Mundial de Doha-2019, De Grasse confiaba en poder luchar por el título, ya con Bolt retirado desde dos años antes, pero entonces se topó con el fenómeno Lyles, que estaba en un gran momento de forma y que se llevó la victoria en la pista catarí. El velocista canadiense se conformó entonces de nuevo con la plata.

Lyles llegaba con la etiqueta de favorito a estos Juegos pero se vio superado en el desenlace por el acelerón de De Grasse y Bednarek.

Para De Grasse, el oro de este miércoles tiene sabor a revancha por los problemas que tuvo en el pasado, especialmente en 2017 en los isquiotibiales. Las lesiones le costaron en realidad dos temporadas a este corredor cuyo padre es originario de Barbados y su madre de Trinidad y Tobago.

Tras la carrera pudo hablar por videoconferencia en la pista con sus familiares.

“Yuri, ¿me has visto? ¿He ganado?”, preguntó a su hija de tres años, que saltaba de alegría junto a su madre, la campeona mundial y subcampeona olímpica de 2016 en 100 metros vallas, la estadounidense Nia Ali.