¡Qué vaina, mi gente! En nuestro patio, las historias de superación a veces suenan a cuentos de camino, pero la de Ebenezer Guerra es pura verdad, de esas que te llegan al alma. Este muchacho, oriundo de Higüey, la provincia de La Altagracia, ha logrado lo que muchos sueñan: pasar de la brega intensa a la alfombra de los Premios Soberano. De una nominación a Revelación del Año para los galardones de 2025, no es poca cosa, y menos con apenas dos años metido de lleno en el ambiente artístico. Su carisma y talento son innegables, pero lo que realmente te para los pelos es el viaje que ha tenido que recorrer.
Asegún nos cuenta el mismo Ebenezer en una entrevista que se ha regado como pólvora por ahí, específicamente en el podcast “El Cuartico” de LISTÍN DIARIO, su camino no fue precisamente un paseo por el malecón. Antes de que el foco lo iluminara, antes de que su voz conquistara tarimas y antes de que su nombre sonara con fuerza en cada radioemisora, este tigre de la música se ganaba la vida limpiando cristales de vehículos en las avenidas de su natal Higüey. Y no solo eso, compartió una anécdota que te deja el corazón arrugado: para que los vecinos no chismearan sobre su situación económica, su familia tenía que hacer bulla con los calderos vacíos, como si estuvieran cocinando, ¡un verdadero guille para aparentar que había comida en la mesa!
Imaginarse a una familia, la de Ebenezer, en esa situación, simulando una cotidianidad que la necesidad les negaba, es una estocada. Nació el 15 de septiembre del 2001 en el sector Los Sotos, un barrio de Higüey. Recordaba que una vez su madre se jugó el todo por el todo, vendió su casa para invertir en un negocio de tapicería, y de una vez, como si el destino les quisiera jugar una mala pasada, el negocio se quemó en un incendio. Esa vaina los dejó en el aire, a la buena de Dios, sin nada y con el corazón en la mano. La frase “uno pasó su luchita” que usa Ebenezer, encapsula un viaje de sacrificios y resiliencia que muchos dominicanos, lamentablemente, conocen de primera mano.
Pero la cosa no para ahí. El propio merenguero reveló que hubo momentos donde tuvieron que jartarse de lo que en su casa se le daba a las mascotas: una mezcla de harina con sardinas. ¡Qué fuerte! Esas son las vivencias que te forjan el carácter, que te enseñan a ser un “caparazón duro”, como bien dice él. Su mamá le enseñó a aguantar la mala y la buena, a disfrutar el doble cuando llega lo bueno y a mantener la calma cuando la situación se pone chula, como si no estuviera pasando na’, normal.
Higüey, aunque es famosa por la Basílica de La Altagracia y el flujo constante de turistas que van y vienen de los resorts de la zona, también tiene su otra cara: la de los barrios humildes donde la gente brega a diario para echar pa’lante. Es un escenario donde el tigueraje no es sinónimo de maldad, sino de astucia, de saberse buscar la vida en un ambiente adverso. Y así fue como, entre limpiar cristales y buscar el conuco, el don de Ebenezer fue descubierto, dándole un giro bacano a su historia.
Su conexión con la música, sin embargo, no fue algo que nació de la noche a la mañana. Viene de herencia, de la casa, de su mamá, quien según recuerda, siempre estaba cantando. Él, desde chiquito, le hacía los coros en su familia cristiana. Una señora que, como él mismo dice, siempre está orando por él día y noche. Es esa base espiritual y familiar la que le ha dado el empuje para no rajarse, para seguir pa’lante con to’ y to’ las vicisitudes.
Ebenezer, el menor de tres hermanos, se sintió el “hombrecito” de la casa, el que tenía que luchar por los suyos. En la escuela, según cuenta, era medio rebelde, un “malcriado” que no se enfocó mucho en los estudios, llegando solo hasta tercero de bachillerato. El béisbol lo distrajo, la inestabilidad de vivir de un sitio a otro entre San Pedro de Macorís y otros pueblos lo desencantó de los libros. Pero esa misma inquietud, esa sed de salir adelante, lo llevó a enfocarse en “lo principal”: su propio camino, su propio talento, que al final de la jornada, fue la música.
El despegue musical de este montro ha sido un fenómeno. Su tema “Bolero” se viralizó de una vez en las redes sociales antes de su estreno oficial, y la versión en merengue típico, grabada también con El Blachy, se la bebió la gente con un gusto que da gusto. Al principio, Ebenezer tenía su quille, su miedo, por incursionar en un género que muchos jóvenes consideran “viejo”. Pero, ¡qué va!, el merengue típico lo atrapó, lo enamoró, y se dio cuenta de que no necesitaba tocar el acordeón para adueñarse de él.
Y es que el típico, ¡klk!, es un género que está de lo más bien para experimentar. Según Ebenezer, es uno de los ritmos más amplios para evolucionar, para mezclar con champeta, con cumbia, con lo que sea. Es un ritmo súper jevi que él eligió porque le gustaba, y al final, demostró que es posible darle un aire fresco y nuevo. Esa visión le valió la nominación a los Soberano, gracias a éxitos como “Bolero”, “Bolero típico”, su colaboración con Yailin en “NSSI”, y sus trabajos con el mismísimo Elvis Crespo, que le ha abierto un viaje de puertas.
En el 2025, Ebenezer pudo cruzar el charco por primera vez para acompañar a Elvis Crespo en el Coliseo de Puerto Rico y en los Latin Billboard, donde el astro boricua fue homenajeado. Esos son los momentos que te cambian la vida, que te ponen en el mapa mundial. Él no olvida a quienes le dieron la mano, a quienes llama sus “padrinos”: El Blachy, Yailin y Elvis, a quienes agradeció públicamente tras el anuncio de su nominación.
Y como si fuera poco, su vida personal también se ha convertido en un coro mediático. Su relación con la presentadora Nelfa Núñez, que comenzó con un baile viral en “De Extremo a Extremo” en abril de 2025, se fue por los cielos. Flores, rumores, y al final, la confirmación de un romance que, según Ebenezer, empezó como una estrategia de marketing para el videoclip de “Hipócrita” y se convirtió en una atracción real. Ahora, él confiesa estar “cansado” de que la prensa lo cuestione sobre su expareja y dice que no le interesa volver a tener una relación con una figura pública o con alguien que solo busque el bulto y la exposición.
La historia de Ebenezer Guerra es un espejo de la resiliencia dominicana, una prueba viviente de que, aunque la vida te ponga un viaje de pruebas y te toque simular que tienes la panza llena, el talento y la determinación, con la ayuda de Dios y el apoyo de los tuyos, pueden llevarte de la brega más humilde a la cima de la fama. Este montro es un ejemplo de que los sueños, aunque tarden y vengan con dolor, se pueden alcanzar.
Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




