En los rincones más vibrantes de nuestra Quisqueya, el dembow germina con fuerza imparable, convirtiéndose en el pulmón sonoro de una juventud que busca su voz. Tal es el caso de Jeury Alexander Reyes Balbuena, Jeo380 en el tigueraje, un joven de Capotillo que, con 18 años, ya produce su música. Desde los 11, improvisando en la esquina con sus panas, este muchacho es la clara muestra del talento genuino que florece en el patio, sin esperar la luz del gobierno.
La historia de Jeo380 no es un caso aislado; es el reflejo de una movida cultural que arranca desde abajo. Como él, Estiven Manuel Hernández, de Herrera y mejor conocido como Estiven Produce, aprendió la vaina viendo tutoriales en YouTube y dándole mente con programas como FL Studio. Con apenas 22 años, ya ha grabado un viaje de canciones y colaborado con artistas de renombre. Estos muchachos son la encarnación del “Dembow” dominicano, un género que no solo es música, sino también un grito de identidad y superación para un sinnúmero de jóvenes.
Es que el dembow, aparte de ser un sonido que te sube el ánimo, funciona como un verdadero vehículo de movilidad social para muchos que crecen en sectores populares. Asegún Pasquale Sorrentino, fundador de La Natural Radio, esta música es la expresión del “saoco” que tienen nuestros barrios. El sociólogo Juan L. Brito lo ve clarito: cuando las vías tradicionales como la educación o un empleo digno no están de lo más bien, la música urbana se convierte en el camino para alcanzar los sueños, ofreciendo una esperanza palpable. Es la pura verdad, el género ha traspasado fronteras, demostrando ser el principal producto cultural exportable que tenemos.
Para Jeury Reyes, y muchos otros en la misma onda, la falta de apoyo estatal es un relajo que no se coge en serio. El Presupuesto General del Estado 2026 le asignó al Ministerio de Cultura apenas RD$4,419 millones, que representan un mísero 0.051% del Producto Interno Bruto. Este poco interés se traduce en la escasez de proyectos culturales en las comunidades, dejando a muchos talentos bacanos sin las herramientas ni el respaldo para canalizar su creatividad y evitar caer en la delincuencia. Es una llamada de atención para que el Estado se ponga las pilas de una vez y apueste por la juventud.
Sin embargo, la comunidad no se queda de brazos cruzados. Tigueres como Alex Taylord, activista social del género urbano, han echado pa’lante proyectos como “Los Refuerzos”, una iniciativa que brindaba estudios comunitarios gratuitos para grabar y aprender softwares de producción. Empezó en Herrera, se movió a Los Alcarrizos, y aunque ahora su estudio móvil está detenido por falta de recursos, su visión es más que una simple grabación: busca ofrecer acompañamiento legal y psicológico a jóvenes en situación de riesgo, un proyecto chulo que apunta a una formación integral y a darles una segunda oportunidad.
La realidad es que el potencial de nuestros jóvenes dembowseros es inmenso. Tienen la chispa, el saoco y la creatividad para seguir poniendo nuestra bandera en alto. Lo que hace falta es que las autoridades entiendan que invertir en cultura es invertir en futuro, en menos delincuencia y más orgullo patrio. La música urbana no es solo entretenimiento; es una fuerza transformadora que merece ser abrazada y apoyada. Es hora de que el Estado reconozca el valor de este movimiento, nacido y crecido en las calles, y le dé el empuje que se merece.
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