Despacito, pero consistente, un extraño y toxico fenómeno viene avanzando en el tejido social dominicano dejando a su paso estelas de dolor e impotencia en decenas de familias de distintos puntos del territorio nacional.

El fenómeno de que hablamos, avanza, golpea y se enseñorea entre nosotros  mostrándonos una tétrica y fría cara  que nos coloca cada año entre la incertidumbre y el dolor interminable.

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Su efecto es brutal, lacera, desanima, perturba, desalma, despoja  las  ganas de vivir, y lo que es peor en muchos casos, termina destruyendo familias de manera inmisericorde.

El fenómeno que nos visita en este primer cuarto del siglo XXI, señores, es el de las desapariciones sin respuestas de cientos de hombres y mujeres en este pedazo de Isla caribeña.

El número es alarmante, aterra, paraliza,  ya suman 126 los desaparecidos en el 2022, unas 47 personas más que en el mes de mayo pasado, el número de extraviado en lo que va del año en la República Dominicana se incrementa, sin que las autoridades encuentren, en la mayoría de los casos, algún rastro que devuelva su presencia o aun sea la tranquilidad a sus familiares.

De igual manera, en el año 2021 desaparecieron 201, en el 2020 las fiscalías dominicanas recibieron 95 denuncias de desapariciones y en el 2019 contabilizaron 266, de los años anteriores no se tienen cifras.

Lo que se observa  y vive en  los últimos meses en la República Dominicana es de espanto y brinco para cientos de familia que tienen sus seres queridos desaparecidos. Y lo peor,  por más que se busque no aparecen, es como si la tierra se los haya tragado y sin que las autoridades cuenten con una pista para encontrarlos.

Para muestra varios botones, el joven Adrián Madera de 22 años de edad; Marino Agramonte, de 20 años, Alexander Moisés Sang Díaz, de 18 años, y Jesús Cuevas, de 30 años de edad, quien fue visto por última vez en el residencial José Contreras, así como centenares  más.

Esos desaparecidos están colocados en el umbral de la vida y la muerte, transitando por sendas que los llevan de la ausencia al misterio y  del olvido a la muerte. Que terrible Dios!.

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 Quezada.alberto218@gmail.com

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