Diego el Cigala, dos noches de un emotivo reencuentro con su público dominicano

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Diego El Cigala volvió a reunirse con su público dominicano, una audiencia con la que comparte nacionalidad y lugar de residencia, en dos noches en las que, como es costumbre en sus presentaciones, estuvieron matizadas por el encanto de su forma de interpretar las más representativas obras del cancionero iberoamericano. 

“Todo lo que tengo” es el nombre del concierto que presentó este viernes y sábado en la sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito, una presentación en la que estuvo acompañado del catalán Jaime Calabuch, un pianista extraordinario, con un talento para los teclados que fue valorado por el público con ovaciones de pie.

“Buenas noches mi querida dominicana; la tierra a la que tanto amo y que me ha dado su corazón desde el primer día que pisé este suelo. Les deseo mucha salud y mucha libertad”, saludó el cantante, a los presentes, muchos de los cuales, sigue la modalidad actual, que prefieren perderse algunos momentos irrepetibles del concierto, para grabarlo en sus celulares, detalle que muchas veces resulta molesto para el que se encuentra en el asiento de atrás por las luces que emite el teléfono inteligente. 

Una mesa pequeña en el centro del escenario, con un vaso de jugo y un pedestal con un par de bongos que El Cigala tocaba ocasionalmente, sobre todo en las descargas del final de la interpretación de las canciones que acostumbran poblar su repertorio, como “Lágrimas negras”, de Miguel Matamoros, “Corazón loco” (Richard Dannenberg), o “Inolvidable” (Julio Gutiérrez).

Temas que en la voz de Ramón Jiménez Salazar, nombre completo del cantaor nacido en Madrid, cobran una vida distinta, y provocan en el espectador un dejo de nostalgia o melancolía, y que invita a muchos a combinar esas letras y melodías con ardientes infusiones etílicas. 

El Cigala y Jumitus, como también es conocido Calabuch, se despidieron varias veces del escenario, y otras tantas fueron reclamados por los aplausos de un público que disfrutó del espectáculo de ambos.

En esos retornos hizo temas como “Se nos rompió el amor”, de Manuel Alejandro, o “La bien pagá”, de Juan Mostazo Morales y Ramón Perelló y Ródenas, para con “Dos gardenias”, autoría de Isolina Carrillo, decir adiós definitivamente a una noche en la que la palabra mágica puede definir lo que ofrecieron estos dos grandes artistas.