Cuando uno se para frente al majestuoso Coliseo de Roma, esa imponente estructura que ha visto de todo, la pregunta que a menudo nos pica es: ¿y la otra mitad, qué le pasó? ¡Esa es una vaina que cualquiera con un chin de curiosidad se hace! Contrario a lo que muchos piensan, que quizás se esfumó por arte de magia o que fue un solo evento catastrófico, la verdad es más compleja y, a la vez, fascinante. El icónico Anfiteatro Flavio, según la noticia, no desapareció sin dejar rastro, sino que sus piezas están, de lo más bien, regadas por toda la Ciudad Eterna, formando parte de otras edificaciones.
Es cierto que hubo un suceso importante que marcó su destino. Según el reporte, en 1349, un terremoto potente le dio un galletazo de los buenos, hundiendo gran parte de su anillo exterior, especialmente el lado sur. Los expertos dicen que esa zona era más vulnerable porque el suelo amplificaba con cojones las sacudidas, dejando el lado norte casi intacto. Pero, mi gente, aunque este desastre natural fue un golpe duro, no basta por sí solo para explicar la condición actual de este edificio tan emblemático. Hay más tela que cortar detrás de este misterio.
La verdadera ‘klk’ de por qué le falta tanto al Coliseo empezó mucho antes de ese temblor. Desde el siglo VI d.C., y por un viaje de siglos, el Anfiteatro Flavio se convirtió en lo que podríamos llamar una ‘cantera urbana’. La gente de la época, con un ‘tigueraje’ tremendo, empezó a desmantelarlo pieza por pieza. Esto no era un acto de vandalismo sin sentido, sino una práctica común donde los materiales de construcción valiosos, como el travertino y el mármol del Coliseo, eran considerados recursos disponibles para nuevas construcciones que Roma necesitaba con urgencia. Era como un supermercado de materiales a cielo abierto.
Así fue como parte de su robusto travertino y otros elementos arquitectónicos de lujo acabaron en lugares que hoy nos parecen sagrados o de lo más exclusivos. ¿Te imaginas? Componentes que una vez fueron testigos de gladiadores y espectáculos, hoy adornan otras joyas de la arquitectura romana. Por ejemplo, según la noticia, ese material bacano se utilizó en la construcción de la majestuosa Basílica de San Pedro, el epicentro de la cristiandad. También se usó para levantar el suntuoso Palacio Barberini, una edificación que ha albergado a familias de la nobleza y que es un palo de la arquitectura barroca. Esta reutilización masiva es un testimonio de la visión práctica de los romanos de aquella época.
La historia del Coliseo como fuente de materiales es un reflejo de cómo las ciudades, a través de los siglos, se reciclan y se construyen sobre sí mismas. Es un ‘dato curioso’ que nos enseña sobre la evolución urbana y la ingeniosidad humana para aprovechar lo que tiene a mano. Aunque hoy nos dé cosita ver una parte faltante, para los constructores de antaño, era una solución práctica y eficiente. Nos deja pensando en la resiliencia de la historia y cómo los monumentos, aun incompletos, siguen narrando sus ‘vainas’ a través de los tiempos.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!



