El cubano que hizo de Trujillo en “La fiesta del chivo”

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Tomás Milián llevó la
cubanía hasta en la
manera de entender
el surgimiento de su
vocación profesional.

‘‘Cuando nací del útero de mi madre
y lloré, todo el mundo pensó
que había nacido un niño normal’’,
me dijo como para intentar
introducirme en la virtud de ese
desdoblamiento que lo ha caracterizado.
Estaba consciente de
que me encontraba frente a un
cubano mayor, uno de los grandes
actores de la historia del cine.

Llevó más de cincuenta años
fuera de Cuba pero nunca perdió
su identidad ni sus referencias frente
a otras culturas e idiomas.

Me habló de Bola de Nieve, de
Luis Carbonell de la Sonora Matancera,
del Trío Matamoros y de María
Teresa Vera como si no hubiera
dejado de escucharlos. Mientras
conversamos, no puede ocultar ese
acento peculiar, inconfundible de
los habaneros.

Le brillaban sus ojos mientras me intentaba reconstruir su vida.
Saltaba de un tema a otro como
un adolescente. Su discurso era tan
emotivo, medular e intenso, como
el gesto de sus manos al moverse
delante de mis ojos: Tomás Milián
estaba convencido de su nacimiento
y muerte en cada uno de sus personajes.
Tuvo tantas vidas como actores
en su carrera.

Su vida entera era una puesta en
escena. Para él no había nada más
importante que meter dentro de su
piel a un ser con una historia que
valía la pena ser contada.

Habanero de pura cepa, emigró a los Estados Unidos en 1957 y allí
comienza a hacer teatro en el famoso
‘Actor’ Studio’’ de Lee Strasberg.
También se integra a la saga
de Broadway. El cine llegaría poco
después, cuando viaja a Italia y comienza
su brillante carrera profesional.

En los momentos de esta entrevista
Tomás Millán vivía en Miami
Beach con su esposa de toda la
vida, Margarita. Pero sus viajes a
Nueva York eran frecuentes. Allá
vive su único hijo, Tomás, vinculado
al mundo de la publicidad y
le acaba de dar un nieto.

En su carrera de más de 45 años
fue dirigido por maestros del cine.

Ha personificado a hombres de todas
las calañas, tanto galanes como
villanos. Mauro Bolognini, Luchino
Visconti, Michelango Antonioni,
Bernardo Bertolucci, Oliver Stone,
Steven Spielgberg y Steven Sonebergh
han elogiado su histrionismo.

En “La fiesta del Chivo” Tomás
Milián interpretó a Rafael Leonidas
Trujillo. Muchos consideran que la selección del director Luis Llosa para el protagonista de su filme no pudo ser mejor.

P: ¿Usted abandona Nueva York por Italia?
R: Yo era un hombre teatro en Nueva York. Fui uno de los primeros strippers masculinos del teatro americano. Allí fueron mis inicios. A Italia fui a llevar teatro. Después vino el cine. Tuve una oportunidad y la acepté.

P: ¿Cuál fue su primera película?
R: Debuté con “La notte brava” de Mauro Bolognini con guión de Paolo Passolini.

P: ¿Le hicieron otras ofertas después?
R: Al terminar ese filme regresaba a Estados Unidos pues yo no tenía ninguna intención de quedarme en Italia. Pero casi de inmediato me ofrecen la segunda película “El bello Antonio” con Marcello Mastrionani y Claudia Cardinale. En el proceso de filmación, Claudia me dijo que su novio, un famoso productor, me ofrecía un contrato por cinco años para hacer cine exclusivo en Italia.

P: ¿Y qué le ofertaba?
R: Este señor me aseguró que si me quedaba iba a trabajar con los mejores directores, que tendría dinero seguro y que al final del contrato iba a ser un actor muy famoso en todo el mundo.

P: ¿Cuántas películas hizo en Italia desde entonces?
R: Unas cien. Muchas como protagonista.

P: Usted es un mito en Italia…
R: Roma me adora. No puedes tener una idea. Y ahora más que nunca porque los que eran niños cuando yo hacía esas películas ahora han crecido y las ven en TV y en vídeo. Yo estoy muy feliz con el cariño que me tienen los romanos. Hace quince días me han incluido en la enciclopedia Treccani, la más importante del mundo.

P: ¿Qué tiempo pasó en Italia definitivamente?
R: Primero vino una primera etapa donde alterné teatro y cine, de cinco años. Después vinieron cinco años de western, después otros cinco años de cine acción y después inventé a un personaje que se llama Monneza (significa basura) con el cual hice 16 películas primero de ladrón y después de policía. Yo me escribía mis propios textos en dialecto romano porque conozco muy bien su idiosincrasia.

P: ¿Qué pudiera decirnos de su relación con Michelangelo Antonioni?
R: Yo nunca me identifiqué con el personaje, sino con el guion. Fui con él a una comida donde hablamos de muchas cosas. Él me preguntó por mis trabajos recientes. Le respondí que había hecho muchos filmes comerciales donde digo un brujón de malas palabras, de esas que a usted no le gustan. Él me respondió que las veía todas y que se divertía como un loco. Y ahí me conquistó. Antonioni me dijo que él sabía que a mí no me interesaba hacer su película pero que de todas formas me iba a enviar el guion. Cuando lo leí, me enamoré de la historia. Lo felicité y le aseguré que su historia me unía mucho al momento por el que estaba pasando desde el punto de vista emocional. Entendía que él no me quería por la caracterización del personaje sino por mi rostro de hombre inteligente y le reiteré que como actor no le servía para esa película. Pero por primera vez en mi vida iba a hacer una excepción, pero con la condición de que él, como director me tenía que indicar durante todo el rodaje qué era lo que tenía que hacer en cada caso. Me embarqué en esa historia y fue como una epifanía. No entré en el personaje, fue el guión el que entró dentro de mí. Como yo estaba completamente vacío de emociones ese texto me invadió y yo lo viví en primera persona.

P:¿Le ocurrió eso alguna otra vez?
R: No, nunca. Esa fue la primera vez que el texto completo de un guion me atravesó completamente y no me dejaba usar la emoción. A veces me conmovía y no me dejaba sacar las lágrimas de los inojos. Esta experiencia, desde el punto de vista intelectual y mi viaje a la India desde el punto de vista espiritual significaron una especie de bola redonda que me iluminó.

P:¿Ese fue su adiós a Italia?
Sí. Regresé a los Estados Unidos renunciando a un millón de dólares que me daban en Italia por cada película.

P: ¿Cuántas películas ha filmado en Santo Domingo?
R: Hasta el momento tres. Fui llamado para Washington Heighs, The Lost Citty y La fiesta del Chivo. Anteriormente había venido al país cuando Sidney Pollack filmó Havana, pero no participé en esa película.

P: ¿Qué es lo que más conoce del cine cubano?
R: He visto películas de Tomás Gutiérrez Alea como “Memorias del subdesarrollo”, “Fresa y chocolate” y “Guantanamera”. Él y yo nos conocimos en Santo Domingo en el hotel Jaragua, durante el rodaje de “Havana”.

P: ¿Qué referencias guarda usted de Cuba?
R: Nunca me ha abandonado la cubanía. En mi juventud era un fanático de la Sonora Matancera, del Trío Matamoros, María Teresa Vera con ‘‘20 años’’, Bola de Nieve, Luis Carbonell. Pero después dejé todo eso a un lado y comencé a alimentarme de cosas americanas para poder aprender el inglés. A Italia llevé un disco de Bola de Nieve que se lo presté a un director que no me lo devolvió más nunca, pues se enamoró de sus canciones.

P: ¿Cómo transcurre un día de su vida?
R: Me levanto, desayuno y miro a mi esposa que la quiero mucho. Salgo a regar las plantas del jardín antes de que salga el sol fuerte. Vivo en un edificio, pero yo he hecho todo el jardín del patio interior. Después almuerzo y entonces escribo. Llevo cinco años escribiendo mi libro de memorias. Asisto a conciertos y al teatro.