La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), nuestra Primada de América, siempre ha sido un pilar fundamental en la formación profesional del país. Sin embargo, en su recinto de Santiago, se está cocinando un verdadero despelote que amenaza con poner en jaque la calidad de la medicina dominicana. La falta de profesores es una vaina que, según el doctor Ramón Emilio Francisco, está afectando directamente la formación de los futuros médicos, y eso, mi gente, no es un relajo.
El doctor Francisco, un tiguere que participó en el concurso de oposición docente en 2023 y quedó en el registro de elegibles, se ha tirado al medio para denunciar que, a pesar de la necesidad palpable de docentes, especialmente en Medicina, los nombramientos brillan por su ausencia. ¡Klk con esto! Es como si a uno le dijeran que calificó para el juego, pero no lo dejan entrar a la cancha. Y mientras tanto, los estudiantes se meten un chapuzón de problemas que nadie, pero nadie, parece querer resolver.
La situación en las aulas es un verdadero manicomio. Francisco no se guarda nada al señalar que salones diseñados para 30 personas están albergando hasta 70 alumnos. Imagínense esa chercha: aulas repletas, un viaje de gente amontonada, donde algunos estudiantes tienen que coger clases desde la puerta, en medio del calorón y sin poder escuchar bien al profesor. ¿Así es que queremos formar a los galenos que mañana van a bregar con la salud de nosotros? ¡Eso está de lo más mal, señores!
Los laboratorios no se quedan atrás; son una vaina similar. Espacios para 10 estudiantes ahora acogen a 30. Esto no es solo una incomodidad, es un obstáculo serio para el aprendizaje práctico, vital en una carrera tan delicada como la medicina. ¿Cómo se supone que un estudiante va a desarrollar sus habilidades si no tiene el espacio ni la atención debida? Es como querer aprender a nadar sin agua, una locura.
Lo más chulo, o más bien, lo más irónico de todo este embrollo, es que el Gobierno está inaugurando nuevos recintos universitarios por ahí, haciendo un bulto bien grande con la expansión de la educación. Pero, ¡ay, ay, ay!, las autoridades internas de la UASD, según el doctor Francisco, no abren nuevas secciones ni aumentan la plantilla de profesores. Es como si estuvieran construyendo casas sin poner camas. Hay un desajuste del tamaño de un planeta entre la demanda educativa y la oferta de calidad, y la verdad, eso no es jevi.
Los estudiantes son los que pagan el pato. Unos tienen que jacer el viaje a otras provincias para coger sus clases teóricas, lo que implica un gasto económico y una logística que a muchos se les hace cuesta arriba. Otros, peor aún, tienen que interrumpir sus prácticas o esperar más de un año para poder inscribirse en ciertas asignaturas. ¡Eso es un abuso! ¿Hasta cuándo vamos a seguir con este tigueraje de maltratar a nuestros jóvenes?
La UASD, como la primera universidad del Nuevo Mundo, tiene una historia y un legado de peso. Es la cuna de grandes pensadores y profesionales que han sacado la cara por nuestra nación. Su facultad de medicina ha sido históricamente un referente, formando a incontables médicos que han servido con pasión y dedicación, tanto aquí como en el extranjero. Ver esta situación nos da en el corazón, porque la calidad de la formación médica no es un lujo, es una necesidad urgente para el bienestar de todo el pueblo dominicano.
El doctor Francisco también echa leña al fuego al cuestionar la finalidad del concurso docente. ¿Para qué se hace un proceso transparente y competitivo si después a los elegibles se les deja en el aire? El registro tiene fecha de vencimiento el 8 de agosto de 2026, y si no se actúa ahora, es una oportunidad perdida de darle a la UASD y a sus estudiantes los profesores que necesitan. Y aquí la vaina se pone más caliente: culpa al Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) de su silencio cómplice frente a todas estas irregularidades. ¡Eso es pa’ pensarlo bien!
La medicina es una carrera de vocación, sacrificio y, sobre todo, de un compromiso inquebrantable con la vida humana. Formar a un médico no es cosa de juego; requiere recursos, dedicación y un ambiente propicio para el aprendizaje. Si desde la base, en las aulas de la UASD, se está fallando, estamos comprometiendo el futuro de nuestra salud pública. Los problemas presupuestarios y las trabas burocráticas no pueden ser excusa para comprometer la calidad que merecen nuestros futuros profesionales y, por ende, todos los dominicanos.
La denuncia del doctor Francisco, según él mismo aclara, no es por intereses personales, ni para que le hagan un favor a él o a sus colegas. Es una cuestión de justicia, de responsabilidad institucional y de garantizar que la educación de calidad sea una realidad y no una quimera para nuestros jóvenes. Es un llamado a que las autoridades universitarias y el MESCyT se pongan los pantalones y actúen de una vez por todas. Es tiempo de que le den el respeto que se merecen a los procesos y, más importante aún, a nuestros estudiantes.
En resumidas cuentas, este despelote en la UASD Santiago es una alerta roja que no podemos ignorar. La calidad de la medicina dominicana depende de que nuestros profesores y estudiantes tengan las condiciones óptimas para su desarrollo. Es hora de que se deje el relajo y se tomen las medidas necesarias para que la Primada de América siga siendo un faro de excelencia. ¡El pueblo dominicano se lo merece!
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