¡Ay mi gente! Si hay una historia que nos ha puesto a reflexionar y a decir “¡klk con esa mente tan clara!”, es la del chamaquito Hensel Aquino. Este tiguerito de Básima, Villa Altagracia, se paró frente al mismísimo presidente Abinader, y con un “pico de oro” que dejó a todo el mundo boquiabierto, denunció las precariedades de su escuela Profesora Felicia Cuesta Díaz. ¡Una vaina bien seria, señores! El muchacho, sin pelos en la lengua, expuso la cruda realidad de su centro educativo, ganándose de una vez los aplausos del auditorio y la atención total del mandatario, que hasta tomó apuntes con su propio puño y letra. La escena fue jevi y, al mismo tiempo, un duro golpe de realidad.
El impacto de Hensel Aquino no se quedó ahí. Nuestro Ricardo Nieves, ese periodista que no se le va una y que siempre está en la lucha por las causas justas del patio, quedó más que estremecido. En su programa “El Café con Nieves”, el también médico soltó la frase que nos tiene a todos pensando: “En todas las escuelas del país hay un Hensel Aquino, niños así de brillantes”. ¡Y qué verdad más grande! Nieves, conocido por su vehemencia y su compromiso, resaltó la humildad, la dicción y la cualidad de comunicador innato del joven. No solo eso, sino que hizo un llamado urgente a invertir en educación y en valores, porque, asegún él, estos muchachitos son la esperanza de un mejor mañana para nuestra Quisqueya la Bella.
La educación en la República Dominicana siempre ha sido un tema de debates y, a veces, de mucho ‘aprieto’. Tenemos un viaje de retos: infraestructuras que se caen a pedazos, falta de recursos, maestros que luchan con uñas y dientes para dar lo mejor de sí con lo poco que tienen. Pero en medio de todo ese relajo, surgen lumbreras como Hensel, que nos recuerdan el inmenso potencial que tenemos como nación. No es solo un problema de cemento y pupitres; es un asunto de oportunidades, de creer en nuestros niños y de darles las herramientas para que brillen, para que no se queden “colgados como méritos en un cuadro de honor”, como bien apuntó Nieves, sino que tengan un camino asegurado.
Ricardo Nieves fue más allá y planteó la necesidad de que el Ministerio de Educación tenga un programa especial, uno que siga a estos talentos desde chiquitos. ¡Que se les garantice su educación desde ahora hasta que, si quieren, saquen un doctorado! Esa es la visión que necesitamos, una que no solo celebre el momento sino que construya un futuro. Imagínense qué bacano sería que estos niños, estos cerebritos, sirvan de paradigmas, compartiendo sus experiencias en charlas, en videos, motivando a otros chamacos a fajarse con la lectura y el estudio. Eso sí sería un coro que le cambiaría la perspectiva a un viaje de gente.
Y es que la preocupación de Nieves por la educación no es de ahora. Hace ya unos años, este avezado comunicador, que es un ejemplo de cómo la educación y el trabajo duro te llevan lejos, le propuso a pasados ministros un programa integral que llamó “Superación y Avance” (PIENSA). El objetivo era precisamente ese: descubrir y premiar a estos niños sobresalientes. Lamentablemente, parece que la vaina no cogió el vuelo que debía en su momento. Pero la insistencia de Nieves nos demuestra que hay ideas y soluciones que, si se implementan de una vez por todas, podrían transformar nuestro sistema educativo de una forma chula.
El periodista no se cansa de poner ejemplos de países que van en la delantera en materia educativa. Mencionó a Taiwán, China, Corea del Sur, Singapur y Finlandia, naciones que han sabido invertir en sus talentos y que hoy recogen los frutos de esa visión. ¿Por qué nosotros no podemos hacer lo mismo? ¿Por qué no podemos tener un sistema que identifique, apoye y premie a sus jóvenes promesas, tanto a los estudiantes como a los profesores y directores que, con su entrega profesional, logran sacar lo mejor de estos tigueres? Porque detrás de cada Hensel, como dice Nieves, hay una directora y una profesora comprometidas, y una familia llena de valores que han sido la base de esa inteligencia y ese comportamiento ejemplar.
La verdad es que la historia de Hensel Aquino es una bofetá con guante blanco para todo nuestro sistema. Es un recordatorio potente de que no podemos darnos el lujo de perder a estos cerebritos en la marea de la indiferencia. Hay que garantizarles no solo el acceso, sino la calidad y el seguimiento, para que puedan desarrollar todo su potencial. La educación no es un gasto, es la inversión más grande que un país puede hacer en sí mismo. Y cuando vemos a un muchacho tan brillante como Hensel, nos damos cuenta de que el talento está ahí, esperando ser descubierto, pulido y potenciado.
Así que, desde este rinconcito del cibernético, hacemos eco del llamado de Ricardo Nieves: ¡hay que fajarse por la educación de verdad! No podemos esperar a que otro Hensel tenga que pararse frente al presidente para que se tomen medidas. Nuestros niños merecen lo mejor, merecen escuelas que estén de lo más bien, con todos los recursos y un apoyo incondicional. Es hora de que el Estado asuma su rol protagónico en la formación de las futuras generaciones, premiando la excelencia y creando un ambiente donde cada niño dominicano pueda soñar en grande y lograrlo.
La valentía de Hensel y la persistencia de Ricardo Nieves nos invitan a un coro nacional por la educación. Es el momento de dejar de la’o las excusas y de meternos de lleno en esta vaina que es fundamental para el progreso de nuestra gente. ¡Que la chispa de Hensel Aquino encienda un movimiento nacional por una educación de calidad para todos! ¡Qué viva el futuro de la República Dominicana, que está en las mentes brillantes de nuestros niños!
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