No fue un ferrocarril ni fue subterráneo, pero se capta la esencia de lo misterioso y prohibido. En realidad fue una red clandestina organizada en el siglo XIX, que ayudaba a los esclavos afroamericanos a que escaparan de las plantaciones del sur de Estados Unidos hacia los estados libres de Canadá (podían caminar hasta 800 kilómetros). El nombre pasó a la historia debido a que sus miembros utilizaban metáforas ferroviarias para referirse a sus actividades.

¿Por qué un ferrocarril precisamente? Según relataba en una ocasión el historiador Richard Blackett a ‘BBC‘, la metáfora tenía un sentido dentro del contexto histórico: “Lo primero que hay que tener en cuenta es que hablamos de un periodo, durante el siglo XIX, en el que los ferrocarriles se volvieron bastante comunes en Estados Unidos. Pero otra historia más interesante y política habla de un esclavista que trataba de atrapar a un fugitivo y, cuando pensó que estaba a punto de lograrlo, este de repente desapareció y el esclavista se dijo: ‘Debe de habérselo tragado la tierra’. Ahí es donde la gente empezó a hablar de un ferrocarril subterráneo”.

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Un trayecto peligroso

Las primeras referencias se remontan a 1830 y se fue perfeccionando hasta alcanzar su máximo apogeo en los años 50. En aquella época, se le proporcionaba a los esclavos fugitivos (pasajeros, en la jerga) disfraces, mapas e instrucciones sobre lugares en los que hospedarse. En algunas ocasiones eran los propios ‘maquinistas’ los que los acompañaban, guiándolos durante el peligroso trayecto y jugándose la vida en la búsqueda de la libertad.

placeholderPeter, un esclavo de Misisipí, 1863.
Peter, un esclavo de Misisipí, 1863.

Otros miembros del ferrocarril eran los que establecían las “estaciones” (es decir, casas particulares) donde los fugitivos podían llegar, esconderse, comer, recibir asistencia médica y, en definitiva, descansar, así como recibir información sobre la siguiente etapa de sus viajes. Los miembros se conocían entre ellos por pseudónimos con la idea de no comprometer su seguridad, y los fugados también debían mantener el secreto.

“Un esclavista trataba de atrapar a un fugitivo y, cuando pensó que estaba a punto de lograrlo, este de repente desapareció y el esclavista se dijo: ‘Debe de habérselo tragado la tierra'”

Aunque es complicado saber cómo era el sistema exactamente, se tienen algunas pistas: la mayor parte de la gente provenía de los estados más al norte del sur (Maryland, Virginia, Kentucky, Missouri) donde había menos distancia que recorrer y, por tanto, era menos peligroso. La mayor parte huía por vía terrestre, aunque algunos lo hicieron en barco. Durante todo aquel tiempo (con la Guerra de Secesión se abolió la esclavitud y dejó de funcionar) se liberaron miles de esclavos y ayudó a que la opinión pública se volcase en la causa abolicionista.

Algunos miembros de la red se hicieron famosos por sus increíbles historias, como Harriet Tubman (apodada la ‘Moisés’ de los esclavos), nacida esclava en Maryland. Tubman, vejada desde su infancia, sufría dolores de cabeza, visiones e hipersomnia frecuente debido a un golpe que había recibido por parte de uno de sus amos siendo adolescente. También era una persona extremadamente religiosa, y finalmente se decidió huir junto a sus hermanos en 1848. Tras llegar al norte se decidió a hacer algo a lo que pocos se atrevían: volver a la tierra donde había sido una esclava para ayudar a sus familiares a escapar.

“Fui guía del ferrocarril subterráneo durante ocho años, y puedo decir algo que no todos los guías pueden: no perdí ningún pasajero”

Se incorporó como miembro del ferrocarril y durante 11 años estuvo viajando a Maryland y volviendo continuamente, consiguiendo salvar así a cientos de esclavos. Utilizaba estrategias precisas: se disfrazaba de vendedora, viajaba en invierno cuando las noches eran más cortas y solía volver los sábados, sabiendo que los periódicos no publicarían las noticias sobre huidas hasta el lunes. Llevaba una pistola para protegerse y, según una de las anécdotas que se contaban sobre ella, en una ocasión tuvo que apuntar a un hombre que presa del pánico deseaba volver de nuevo a su plantación. Aunque los esclavistas ofrecían recompensas para capturarla viva o muerta, ella siguió con su labor. Años más tarde diría: “Fui guía del ferrocarril subterráneo durante ocho años, y puedo decir algo que no todos los guías pueden: no perdí ningún pasajero”.

placeholderLas rutas del ferrocarril. (Wikimedia commons)
Las rutas del ferrocarril. (Wikimedia commons)

Desde el principio de la era colonial, la esclavitud en Estados Unidos fue practicada sin ningún reparo, aunque hay que mencionar la expansión gradual de abolicionismo en el Norte frente a la expansión de la industrial del algodón en el Sur. De hecho, en la época que nos atañe, la mayoría de los esclavos eran propiedad de los dueños de las plantaciones, que podían tener hasta diez o más.

A mediados del siglo XVII se estableció una ley por la cual un hijo de madre esclava nacería en esclavitud, independientemente de que el padre fuera inglés o cristiano nacido en libertad, lo que liberaba a los blancos de la responsabilidad legal de reconocer o mantener a sus hijos mestizos, y establecía una esclavitud con estatus hereditario. El trabajo de los esclavos era fundamental para la acumulación de riqueza en los Estados Unidos cuando comenzó a operar el ferrocarril subterráneo, y cuando finalmente se abolió, provocó el irremediable declive de la economía sureña, mientras que la norteña evolucionó y esto marcó el desarrollo de la economía moderna en el país.

La abolición de la esclavitud provocó el irremediable declive de la economía sureña, basada en las plantaciones

La historia de aquellos que escapaban en busca de la libertad fascinó a los que vivían en las ciudades a las que se dirigían. Se susurraban leyendas, se contaban historias a escondidas. Todavía se cuentan, pues obras como el fotoensayo ‘Through Darkness to Light, Photographs Along the Underground Railroad’ o la miniserie de 2021 de Barry Jenkins de Amazon (basada a su vez en la novela de Colson Whitehead) son la muestra de ello.

De hecho, la obra de Jenkins retrata al ferrocarril no de manera metafórica, sino que se trata de un verdadero ferrocarril de los sueños. Los que ansiaban su libertad viajaban buscando la Estrella Polar, hacia lo que podía ser su Tierra Prometida. Como relató Tubman: “Cuando supe que había atravesado la frontera, miré mis manos para comprobar si seguía siendo la misma persona. El Sol, con sus rayos dorados, atravesaba los árboles y caía sobre los campos. Sentí que estaba en el Cielo

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No fue un ferrocarril ni fue subterráneo, pero se capta la esencia de lo misterioso y prohibido. En realidad fue una red clandestina organizada en el siglo XIX, que ayudaba a los esclavos afroamericanos a que escaparan de las plantaciones del sur de Estados Unidos hacia los estados libres de Canadá (podían caminar hasta 800 kilómetros). El nombre pasó a la historia debido a que sus miembros utilizaban metáforas ferroviarias para referirse a sus actividades.

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