El mal de la ‘afantasía’ y lo que dicen tus pupilas sobre lo que imaginas

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Si hay algo que compartimos todos los seres humanos es la capacidad de imaginar, que nos diferencia del resto de animales que pueblan la Tierra. Esta nos permite muchas cosas: visualizar increíbles escenarios cuando vamos a dormir, pensar pinturas o relatos fantásticos o incluso pasarnos el día evocando el pasado con nostalgia o temiendo al futuro, creyendo que van a pasar cosas terribles. La imaginación puede sacar lo mejor y peor de nuestro cerebro.

Sin embargo, te sorprenderá saber que en realidad no todos los seres humanos cuentan con esa capacidad. Algunas personas tienen incapacidad para representar cosas en su mente, ya sea la cara de una persona querida o un bosque. Afantasía, así es como se conoce a esta curiosa afección, que en realidad no tiene que ver con la falta de imaginación (muchos de ellos se dedican a trabajos creativos) sino en una incapacidad para representar mentalmente objetos o personas mediante imágenes.

No tiene nada que ver con la creatividad, pero las personas que sufren afantasía son incapaces de crear imágenes mentales

El fenómeno fue descrito por primera vez en 1880, por Francis Galton, pues hasta hace poco seguía siendo una patología poco estudiada (se cree que solo del 2 al 5% de la población lo sufre). La afantasía nos lleva, irremediablemente, a pensar en aquellas personas que, por suerte, pueden visualizar cosas. Contrariamente a la sabiduría convencional, el tamaño de la pupila no es solo un reflejo de la cantidad de luz que llega a la retina, sino que en los últimos años los investigadores de pupilometría han establecido que las tareas cognitivas desafiantes y otros estímulos emocionales (como la excitación sexual) hacen que se agranden, independientemente de la luz ambiental, informa ‘Psychology Today‘.

La atención enfocada requiere concentración y una mayor excitación que activan el sistema nervioso simpático, lo que hace que las pupilas se dilaten (se vuelvan más anchas, básicamente). Es un mecanismo de lucha o huida que evolucionó para ayudarnos a ver mejor y sobrevivir a situaciones potencialmente peligrosas. Investigadores de pupilometría (sí, existe) de la Universidad de Princeton descubrieron recientemente que algunos pasajes convencionales o clichés escritos en libros (“como perros y gatos”, “la punta del iceberg”) causan que las pupilas de los lectores se ensanchen.

Por otro lado, las paráfrasis literales u oraciones concretas sin metáforas visualmente ricas no causan el mismo efecto. Otro estudio de pupilometría informa que cuando las personas usan su imaginación para visualizar imágenes mentales “oscuras” o “brillantes” también puede cambiar el tamaño de su pupila. Para probar la correlación entre la fuerza de las imágenes visuales y el tamaño de la pupila, varios investigadores han realizado una serie de experimentos con un grupo de personas con afantasía y compararon los cambios en el tamaño de sus pupilas con otras personas ‘normales’, que sí podían crear imágenes visuales.

En el primer experimento, los participantes del estudio tuvieron que mirar objetos extremadamente brillantes frente a otros muy oscuros contra un fondo gris neutro mientras se medía el reflejo pupilar de cada persona. Mirar formas deslumbrantes provocó que las pupilas se contrajeran, mientras que los objetos oscuros provocaron dilatación (en eso no cambió nada, fueran personas con afantasía o sin ella). En la segunda fase del experimento, los investigadores pidieron a los participantes del estudio que imaginaran los objetos que acababan de ver en la vida real, usando su imaginación, y se les pidió que calificaran la intensidad de esas imágenes mentales mientras se medía el tamaño de sus pupilas.

Mirar formas deslumbrantes provocó que las pupilas se contrajeran, mientras que los objetos oscuros provocaron dilatación

Como era de esperar, las personas con afantasía no informaron imágenes mentales vívidas. Curiosamente, esta falta de imaginación visual se correlacionó con que el tamaño de la pupila permaneciera igual durante los ejercicios de visualización. “Aunque ya se sabía que los objetos imaginados pueden evocar los llamados cambios ‘endógenos’ en el tamaño de la pupila, nos sorprendió ver cambios más dramáticos en aquellos que informan imágenes más vívidas. [Nuestra investigación] es la primera prueba biológica y objetiva para la viveza de las imágenes”, añadió el autor Joel Pearson.

Debido a que la afantasía no parece afectar la creatividad, será interesante ver cómo las personas que no pueden crear imágenes visuales compensan durante su proceso creativo y cómo estos mecanismos compensatorios afectan el tamaño de la pupila.

Si hay algo que compartimos todos los seres humanos es la capacidad de imaginar, que nos diferencia del resto de animales que pueblan la Tierra. Esta nos permite muchas cosas: visualizar increíbles escenarios cuando vamos a dormir, pensar pinturas o relatos fantásticos o incluso pasarnos el día evocando el pasado con nostalgia o temiendo al futuro, creyendo que van a pasar cosas terribles. La imaginación puede sacar lo mejor y peor de nuestro cerebro.

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