Lo que en su día fue un símbolo de innovación tecnológica y compromiso con la sostenibilidad se ha convertido, para muchos conductores, en una decisión incómoda. Tener un Tesla solía representar una apuesta por el futuro, una forma de contribuir al cambio climático desde el volante. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa experiencia se ha ido desdibujando.
Ya no se trata solo de conducir un coche eléctrico. Para muchos, implica asumir también la carga ideológica y mediática que rodea a Elon Musk. Si eligen este vehículo, seguramente fue por su diseño, su rendimiento o la comodidad de su red de carga. Pero hoy, esa elección se ha transformado, para algunos, en una fuente de conflicto.
Lo que antes era una muestra de entusiasmo por la eficiencia y la ingeniería puntera de la marca, ahora convive con la incomodidad de estar vinculado a una figura que genera controversia casi a diario. El coche sigue siendo brillante sobre el papel, pero su significado ya no es solo técnico: también es político, cultural y profundamente personal.
Un coche eléctrico que ha dejado de ser solo un coche

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Un usuario compartió recientemente su experiencia tras comprar un Tesla Model S como regalo de cumpleaños y punto de partida para una nueva etapa de vida, después de que sus hijos se independizaran. Para él y su esposa, este coche simbolizaba libertad, sostenibilidad y modernidad.
Durante años recorrieron Europa, de Suiza a Francia, disfrutando de cada kilómetro sin preocuparse por el combustible o las averías. La red de Supercargadores de Tesla funcionaba a la perfección, y el servicio técnico incluso acudía a su casa si era necesario.
Pero con el paso del tiempo, todo cambió. Elon Musk, en lugar de mantenerse en un segundo plano como el visionario que construyó una de las empresas más disruptivas del siglo, decidió multiplicar su presencia en redes sociales, expresar abiertamente su apoyo a figuras de extrema derecha y, finalmente, asumir un rol político que muchos consideran divisivo.
Y ahí empezó el conflicto interno para muchos propietarios. Porque ¿cómo seguir respaldando una marca que representa valores con los que no te identificas? Según The Guardian, Las decisiones de Musk no solo generaron rechazo en parte de la comunidad, sino que también polarizaron a los propios grupos de usuarios.
En foros de propietarios de Tesla, quienes expresan su malestar ante el rumbo político de Musk son tachados de exagerados, o directamente atacados por otros usuarios más fieles al empresario. La situación ha llegado a tal punto que algunos se plantean vender su coche, aunque el mercado de segunda mano no está precisamente de su lado.
Los precios han caído, y no es fácil encontrar compradores que quieran hacerse con uno de estos coches con motor eléctrico sin estar al tanto del ruido que rodea a la compañía. Como comentaba uno de los afectados, “probablemente mi bicicleta valga más que mi Tesla ahora mismo”.
Y es que, a pesar de que el coche sigue funcionando con eficiencia, y de que el servicio técnico mantiene un alto nivel, la marca Tesla ya no representa lo mismo. El coche que un día fue símbolo de avance hoy es, para algunos, un recordatorio incómodo de una decisión que ya no volverían a tomar.
La próxima vez, muchos se decantarán por un vehículo europeo, menos politizado, menos ruidoso, más centrado en lo importante: la conducción, la sostenibilidad y la tecnología sin banderas ideológicas. Porque tener un Tesla, a día de hoy, ya no es solo una elección de movilidad. Es también una declaración pública, y no todos están dispuestos a asumirla.
Canadá declara la guerra comercial a Elon Musk

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Tesla está a punto de convertirse en una de las principales víctimas colaterales de la nueva guerra comercial entre Canadá y Estados Unidos. Las autoridades canadienses han propuesto imponer un arancel del 100 % a los coches eléctricos de Elon Musk, en respuesta directa a la política de aranceles promovida por Donald Trump.
Desde el entorno político canadiense han dejado claro que buscan afectar directamente a las empresas que apoyan o se benefician del discurso proteccionista de Trump, y Tesla figura en esa lista por su peso simbólico y mediático. La candidata a primera ministra, Chrystia Freeland, ha sido tajante: si Washington penaliza a sus socios, Canadá no se quedará de brazos cruzados.
Para Musk, el golpe no es menor, puesto que el país del norte representa un mercado importante para la marca y, además, tiene vínculos personales con el país. Sin embargo, la reacción pública no ha sido favorable.
Aunque el conflicto arancelario parte de decisiones gubernamentales, las repercusiones recaen directamente sobre Tesla, cuya imagen y presencia internacional podrían resentirse si más países optan por medidas similares. La tensión política, lejos de disiparse, está comenzando a pasar factura también en el terreno empresarial.
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