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EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. – Con los avances en los tratamientos oncológicos, la supervivencia de los pacientes con cáncer ha aumentado de manera significativa; sin embargo, especialistas advierten que la recuperación no debe centrarse solo en la remisión de la enfermedad, sino también en la salud cardiovascular, ya que algunos tratamientos pueden generar efectos adversos en el corazón incluso años después de haber finalizado la terapia.
Así lo explicó la doctora Laura Gómez, cardióloga, cardio-oncóloga e internista, quien señaló que el impacto cardiovascular de los tratamientos contra el cáncer sigue siendo poco conocido por la población general, pese a que representa un riesgo real para muchos sobrevivientes oncológicos.
“La buena noticia es que la mayoría de las complicaciones cardiovasculares asociadas al tratamiento oncológico pueden prevenirse, detectarse de forma temprana o manejarse adecuadamente, siempre que exista una vigilancia médica oportuna”, indicó la especialista.
Gómez explicó que estos efectos pueden manifestarse de forma silenciosa, sin síntomas evidentes en las primeras etapas, por lo que recomendó mantener controles médicos periódicos aun cuando el paciente se sienta bien y haya superado el cáncer.
La especialista precisó que el riesgo cardiovascular no es igual para todos los pacientes, ya que depende del tipo de tratamiento recibido, la dosis acumulada, el tiempo de exposición, la edad y la presencia de condiciones como hipertensión arterial, diabetes, colesterol elevado, sobrepeso, tabaquismo o antecedentes familiares de enfermedades cardíacas.
Entre las manifestaciones cardiovasculares que pueden aparecer se encuentran la elevación de la presión arterial, fatiga intensa, falta de aire durante actividades habituales, disminución de la capacidad del corazón para bombear sangre, alteraciones del ritmo cardíaco, mayor riesgo de enfermedad coronaria y procesos inflamatorios como miocarditis o pericarditis.
Asimismo, advirtió que síntomas como dificultad respiratoria persistente, hinchazón en piernas o tobillos, mareos, palpitaciones, desmayos o dolor en el pecho deben motivar una evaluación médica inmediata, aunque no siempre estén asociados a una complicación grave.
La doctora Gómez subrayó la importancia de una valoración cardiovascular integral antes de iniciar el tratamiento oncológico, que incluya estudios como electrocardiograma y ecocardiograma, así como un seguimiento continuo durante y después de la terapia.
Además, resaltó el rol activo del paciente en la protección de su salud cardíaca, mediante la adopción de hábitos saludables como la actividad física acorde a su condición, una alimentación balanceada, evitar el tabaco, moderar el consumo de alcohol y mantener bajo control la presión arterial, el colesterol y la glucosa.
“La cardio-oncología no busca frenar el tratamiento del cáncer, sino hacerlo más seguro y personalizado. Cuidar el corazón preserva la calidad de vida y permite que, después del cáncer, el paciente pueda vivir plenamente”, indicó la especialista.



