¡Qué vaina, mi gente! La política dominicana siempre nos da con qué sorprendernos, y en esta ocasión, la protagonista de un tremendo ‘bochinche’ en redes es nuestra ministra de Interior y Policía, Faride Raful. Resulta que un tuit del 2013, donde ella misma cuestionaba si la gasolina llegaría a los RD$300 sin que el pueblo se tirara a la calle, ha resurgido como el ave fénix. Ahora que estamos en la chercha de que el combustible roza esa cifra, el mensaje se ha vuelto viral, y el tigueraje en el ciberespacio no ha tardado en sacarle punta a la situación, comparando el pasado de Faride en la oposición con su presente en el Palacio.
Este recuerdo digital ha puesto a muchos a reflexionar sobre la coherencia política y cómo el tiempo cambia las perspectivas. En aquel entonces, Faride era una figura prominente de la oposición, conocida por su crítica acérrima a las políticas del gobierno de turno. Su tuit no era solo una pregunta; era una provocación, un llamado a la acción ciudadana ante lo que ella percibía como un inminente descalabro económico. Diez años después, la misma situación, pero con los papeles invertidos, nos deja pensando un viaje de cosas, ¿verdad?
La subida constante de los precios de los hidrocarburos siempre ha sido un dolor de cabeza para el dominicano de a pie. Cuando la gasolina o el gasoil suben, es como un efecto dominó que afecta desde el pasaje de la guagua hasta el precio de la comida en el colmado. La economía nacional se siente de una vez, y el bolsillo del ciudadano se resiente. Es un tema que invariablemente prende la alarma y genera un klk en cada esquina, porque la mayoría de las familias dependen directamente de la estabilidad de estos precios para sus gastos diarios.
Más allá de la figura de Faride, este episodio nos invita a mirar la complejidad detrás de los precios del combustible. No es solo un asunto de voluntad política local; hay factores internacionales que juegan un papel preponderante, como el costo del barril de petróleo en el mercado global y la tasa de cambio del dólar. Sin embargo, no podemos obviar que las políticas fiscales y la estructura de impuestos internos también tienen un peso considerable en el precio final que pagamos en el dispensador, lo que a menudo genera un coro de quejas entre la gente.
La verdad es que en la República Dominicana, la historia de los combustibles y las protestas está jevi de ligada. Desde la época de los “gasolinazos”, las alzas han sido motivo de levantamientos populares y debates intensos. Este tuit de Faride, aunque viejo, nos recuerda que el clamor por precios justos y una mayor transparencia en la gestión económica es una constante en nuestro país. Es un eco del sentir popular que, independientemente del partido que esté en el poder, siempre sale a flote cuando el bolsillo aprieta.
Finalmente, la viralización de este tipo de publicaciones antiguas demuestra el poder de las redes sociales para escudriñar el pasado de los funcionarios públicos y mantenerlos “en capilla”. Es una herramienta de fiscalización ciudadana, a veces implacable, que obliga a los líderes a ser más cautelosos con sus declaraciones y a recordar que todo lo que dicen o escriben puede ser usado en su contra, o a su favor, según la vaina. Un bacano debate, ¿klk?
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