La situación en Haití sigue siendo una preocupación de primer orden para la República Dominicana, una auténtica espina clavada en nuestra política exterior y de seguridad. Recientemente, Sigfrido Pared Pérez, una figura con experiencia probada en asuntos de defensa y migración, ha vuelto a alzar la voz para advertirnos sobre esta realidad. Asegún el exministro de Defensa, el colapso institucional y el control de pandillas armadas en el vecino país representan una amenaza persistente que no podemos darnos el lujo de ignorar. Y es que la verdad, mi gente, es que esto no es una vaina de ahora, sino una película que se repite y cada vez se pone más intensa.
Pared Pérez, quien también fue director de Migración, sabe de lo que habla. En una entrevista en ‘Panorama de la Tarde’, no se anduvo con rodeos y sentenció: “La frontera dominico-haitiana es la frontera más compleja del mundo”. ¿Y por qué dice eso? Porque los 390 kilómetros que nos separan del territorio más pobre del hemisferio no son solo una línea en el mapa; son un punto de encuentro de culturas, de esperanzas y, lamentablemente, de grandes desafíos. Es una frontera viva, dinámica, donde el trasiego de personas y mercancías es constante, y donde el Estado dominicano tiene que bregar con un viaje de situaciones que no son para cualquiera.
En este escenario tan complejo, la construcción de la verja fronteriza es, sin duda, una iniciativa que tiene su lógica. Pared Pérez la respalda de una vez, entendiendo que, aunque no va a resolver el problema migratorio de raíz –porque ninguna verja lo hace por sí sola–, sí que facilita un control mucho más efectivo y refuerza la seguridad. Es vital, dice él, porque nos permite echarle la mano a nuestras autoridades para que puedan manejar el flujo migratorio de una manera más organizada y menos caótica. Además, insistió en la necesidad de mejorar la carretera internacional, una vía clave para que nuestras Fuerzas Armadas tengan una capacidad de respuesta militar chula cuando la situación lo amerite, sin perder tiempo en caminos que no están en óptimas condiciones.
La migración irregular haitiana es otro de los puntos calientes que el dirigente del PLD puso sobre la mesa. No es un secreto que miles de haitianos se ven empujados a cruzar hacia nuestro lado de la isla. Las razones son un cúmulo de factores: la reducción drástica del hábitat, la crisis de supervivencia que es un despelote, la falta de oportunidades y el ambiente de inseguridad que se vive allá. Imagínense ustedes, si la vida en tu propio país se pone color de hormiga, ¿qué esperas? La gente, desesperada, se la busca como puede, y cruzar la frontera es, para muchos, la única opción que ven para echar pa’lante. Y aunque ninguna frontera puede sellarse totalmente, es claro que se requiere una política más firme y, sobre todo, sostenida en el tiempo, para evitar que esto se convierta en una jartura.
Pero la vaina no se queda solo en la migración. El componente criminal es un palo que nos está dando dolores de cabeza. Pared Pérez se refirió a casos escalofriantes, como el de mujeres encontradas muertas en Haití, vinculadas a bandas que operan con secuestros y extorsión. Él lo dijo claro y pelao: “Esa es la cruda realidad de lo que está pasando en Haití… no hay ningún tipo de límites para hacer criminalmente”. Esto no es relajo; es un tigueraje criminal que no respeta nada ni a nadie, y que representa un riesgo directo para nuestra seguridad, especialmente en las zonas fronterizas donde la infiltración de estas actividades delictivas es una preocupación constante. No podemos hacernos de la vista gorda con esta realidad.
En este panorama tan complicado, la decisión del presidente Luis Abinader de permitir la instalación de fuerzas estadounidenses en el país para combatir el narcotráfico fue calificada como positiva por el almirante retirado. Y es que, siendo honestos, la República Dominicana y Estados Unidos somos aliados estratégicos, una relación que está de lo más bien y que se fortalece con este tipo de cooperaciones. El narcotráfico es una plaga global, y si podemos unir fuerzas con un país con tanto músculo como EE. UU. para frenarlo, pues ¡bacano! Es una forma inteligente de bregar con un problema que nos afecta a todos y que tiene ramificaciones internacionales.
Ahora, sobre los niveles de seguridad que reflejan las estadísticas oficiales, Sigfrido Pared también lanzó una puya. Él cuestiona que muchas veces esos números no coinciden con la percepción que tiene el ciudadano de a pie. “Las estadísticas se maquillan”, soltó, en un tono que dejaba entrever su desconfianza. Y es que no es lo mismo que te digan que la delincuencia bajó, que sentir tú mismo en la calle que la cosa sigue apretada. Aunque reconoció la importancia de que los datos sean reales y sustentados, porque al final del día, “los muertos no los puedes ocultar nunca”. La transparencia en estos temas es fundamental para que la gente confíe y para que las políticas de seguridad sean verdaderamente efectivas y no solo un coro.
Históricamente, la relación con Haití ha sido un delicado equilibrio de coexistencia en una misma isla, pero con realidades muy distintas. Desde su independencia, Haití ha lidiado con una inestabilidad política crónica, desastres naturales devastadores como el terremoto de 2010 y, más recientemente, el asesinato de su presidente, que sumió al país en un caos sin precedentes. Esta sucesión de tragedias ha dejado un vacío de poder que las bandas criminales han sabido llenar, creando un narcoestado de facto en muchas regiones. La República Dominicana, por su parte, ha logrado un desarrollo económico y social notable en las últimas décadas, pero siempre con la sombra de la inestabilidad haitiana acechando, lo que nos obliga a mantener una vigilancia constante y a destinar recursos significativos a nuestra frontera, recursos que podríamos invertir en otras áreas si la situación fuera distinta.
El impacto de esta crisis en Haití se siente directamente en nuestra economía y en nuestros servicios públicos. La migración irregular, aunque con un componente humano innegable, también ejerce presión sobre el sistema de salud, la educación y el mercado laboral informal. Es una carga que el país asume, a menudo sin la ayuda internacional que se esperaría para una crisis de esta magnitud en nuestro vecindario. Por eso, el llamado de atención de Pared Pérez no es solo una advertencia, sino un recordatorio de que debemos seguir siendo proactivos, fortaleciendo nuestras instituciones y nuestras fronteras, mientras abogamos por soluciones internacionales que ayuden a Haití a echar pa’lante, porque al final del día, la paz y estabilidad de nuestros vecinos nos benefician a todos.
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