¡A coger cabeza, mi gente! El Centro de Operaciones de Emergencias (COE) ha activado el nivel de alerta verde para toda la franja costera norte de nuestro país, desde Bahía de Manzanillo hasta Cabo San Rafael. La vaina es seria, señores, y es que se esperan fuertes olas que podrían alcanzar hasta 10 pies de altura, lo que significa que el mar estará de lo más picante y con potencial de provocar inundaciones costeras menores, sobre todo cuando suba la marea. Esto no es chercha, hay que estar pilas.
Esta alerta, que abarca un tramo considerable de nuestro litoral, desde Montecristi hasta La Altagracia, no es solo para los pescadores o los que se meten en el agua por deporte. Asegún el COE, la recomendación es que todo el mundo, desde las embarcaciones frágiles y pequeñas hasta los bañistas, se mantengan fuera del agua. El Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) ha sido claro: hay que guardar las lanchitas y botes en puerto en toda la costa atlántica. En la costa caribeña, desde Isla Beata hasta playa Barahona, también se recomienda suspender la navegación, y en el resto del litoral, pues a navegar con precaución. No queremos que nadie coja riesgos innecesarios por ahí, porque el mar no juega.
El COE es nuestra institución de cabecera cuando se trata de enfrentar y prevenir desastres naturales. Trabaja de la mano con el Indomet, que es el que nos avisa cuándo viene una vaguada, un frente frío o cualquier vaina que pueda poner en jaque nuestro clima. En este caso, la alerta por el fuerte oleaje se debe a la influencia de sistemas meteorológicos que, aunque no sean directamente huracanes, generan condiciones marítimas muy peligrosas. Las olas gigantes no solo son espectaculares; son un peligro latente para cualquiera que no las respete.
Y para que no se nos olvide la seriedad del asunto, esta alerta viene acompañada de una noticia bastante fea desde Puerto Rico. Allá andan en un operativo de búsqueda de un turista estadounidense y una mujer residente de la isla que fueron arrastrados por un oleaje montroso mientras estaban en una zona rocosa, la Cueva del Indio. La policía de allá cuenta que tres personas estaban echándose fotos cuando, ¡zas!, una ola los tumbó y los llevó mar adentro. Uno de los tigueres logró salir, pero los otros dos siguen desaparecidos. Es una situación que nos pone los pelos de punta y nos recuerda que el mar, por muy chulo y bacano que se vea, tiene su lado oscuro.
El operativo de búsqueda en Puerto Rico es una muestra del tigueraje y el esfuerzo que se despliega en estas situaciones, con agentes de las Fuerzas Unidas de Rápida Acción (FURA), personal de Manejo de Emergencias y la Guardia Costera trabajando sin descanso. El Servicio Nacional de Meteorología de San Juan ha reiterado su advertencia sobre las condiciones marítimas peligrosas por el paso de un frente frío, y su llamado es el mismo que el nuestro: ¡fuera del agua! Esto no es un bulto, es una realidad que hay que enfrentar con prudencia.
En nuestro país, con una costa tan hermosa y extensa, el turismo y la pesca son pilares fundamentales. Pero la seguridad es lo primero. Hemos tenido casos trágicos donde la gente, por imprudencia o desconocimiento, se mete en líos con el mar. Las corrientes de resaca, los remolinos y las rocas sumergidas son enemigos invisibles que pueden sorprender al más experimentado. Por eso, cuando las autoridades emiten una alerta, hay que hacerle caso de una vez y por todas. No es para joder a nadie, es para salvaguardar vidas.
Pensemos en nuestras comunidades costeras, en los pescadores que dependen del mar para su sustento. Ellos son los primeros en entender el poder del océano y en respetar sus señales. Esta alerta les afecta directamente, ya que un día sin poder salir a faenar significa menos ingresos. Pero es un sacrificio necesario para evitar males mayores. Y para los que viven cerca de la costa, esas “inundaciones costeras menores” pueden significar perder pertenencias o tener que reubicarse temporalmente. Es una vaina que impacta a la familia, al barrio, a la comunidad entera.
Así que, mi gente, a estar atentos. Si viven en la costa norte o piensan darse un viaje por allá, háganle caso al COE y al Indomet. No se metan en el agua, no arriesguen sus embarcaciones y estén siempre informados. El mar nos da muchas alegrías, pero también exige respeto. Seamos responsables y evitemos que una visita a la playa termine en un desastre. Hay que ser prudente y entender que, a veces, la mejor forma de disfrutar de la costa es desde la orilla, con los pies en la arena y la seguridad garantizada. No hay necesidad de ir a la brava, ¿verdad?
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