¡Ay, San Pancho! La vaina se puso caliente en la Avenida Libertad, antigua Profesor Juan Bosch, donde el pueblo se tiró a la calle de una vez para decir NO a la instalación de una bomba de GLP. No es un secreto que la gente de la provincia Duarte está harta de que se juegue con su seguridad, y por eso, liderados por figuras como Santa María y Manuel Delgado, levantaron su voz contra lo que consideran una ‘planta de la muerte’ en pleno centro, rodeada por más de 500 viviendas. Es que esa gente no relaja con la vida, ¿oíste?
Esta protesta pacífica, que más bien fue un coro cívico, subraya un miedo profundo y justificado en nuestra gente. ¿Cómo olvidar las tragedias que han enlutado a otros puntos del país, como aquel estallido en Licey al Medio o el más reciente en San Cristóbal, donde la onda expansiva dejó un viaje de heridos y fallecidos? Por eso los comunitarios están claritos: no quieren repetir historias tristes en su patio. El llamado es fuerte y claro a la gobernadora civil y a las autoridades competentes: ¡que metan las manos y detengan los permisos antes de que sea tarde!
Es importante recordar que la regulación de las estaciones de GLP en la República Dominicana está bajo la supervisión de instituciones como el Ministerio de Energía y Minas (MEM) y el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM). Estas entidades son las encargadas de garantizar que dichas infraestructuras cumplan con estrictos estándares de seguridad y distancias mínimas respecto a zonas residenciales, hospitales y escuelas. Sin embargo, muchas veces la presión económica y el relajo con los permisos hacen que estas normativas se pasen por el forro, dejando a la población a merced del peligro. El tigueraje tiene que estar vigilante para que no le vendan gato por liebre.
El meollo del asunto no es solo el rechazo a la estación en sí, sino la ubicación estratégica y sumamente riesgosa que se ha elegido. Colocar una envasadora de combustible en una de las principales arterias viales de la ciudad, con un flujo constante de gente y vehículos, es una decisión que raya en lo irresponsable. ¿Acaso no hay otros terrenos menos poblados o alejados del bullicio urbano? Parece que algunos se hacen los chivos locos, sin pensar en el ‘bochinche’ que se podría armar si ocurre lo impensable. La gente está exigiendo transparencia y sentido común a quienes toman estas decisiones bacanas.
Este incidente en San Francisco de Macorís no es un caso aislado, sino un reflejo del empoderamiento de la ciudadanía que ya no se queda callada frente a lo que considera una amenaza a su bienestar. La voz del pueblo, cuando se une, tiene una fuerza jevi, capaz de mover montañas y de obligar a las autoridades a tomar decisiones justas y sensatas. Es una muestra de que, al final del día, el bienestar colectivo debe prevalecer sobre cualquier interés particular. Así es la vaina, el dominicano se cansó de aguantar y ahora defiende su pedazo.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




