En la República Dominicana, y en verdad, en to’a la región, la Generación Z ha llegado para cambiar el panorama del dinero de una manera que los viejos quizás ni se imaginan. No es que estén de rebeldía, sino que les tocó vivir una época con una inflación que no da tregua, empleos que son más flexibles que una goma de mascar, la crisis climática encima y un consumo que es 100% digital. Esta vaina es el contexto, ¡klk!
A diferencia de nuestros abuelos o incluso de muchos padres que crecieron con la mentalidad de “ahorra primero, gasta después”, los centennials tienen su propio juego financiero, una mezcla rara donde priorizan las experiencias chulas, invierten desde temprano, consumen por la vía digital y, al mismo tiempo, tienen un ahorro “defensivo”. Es una forma de manejar el billete que, si te pones a ver, hace mucho sentido en los tiempos que corren para la Generación Z.
No es solo que usen más la tecnología, que eso ya es de cajón, sino cómo toman decisiones. ¡Imagínate! Un estudio reciente de EY, el Future Consumer Index 2024, nos dice que un viaje de jóvenes compra cosas online influenciados por esos creadores de contenido que siguen en las redes. Ya la compra no es solo por el precio o por lo práctico; ¡no, mi gente! Ahora es social, es una vaina que tiene que estar validada en el mundo digital. Según NielsenIQ, el 44% arranca su búsqueda de productos en línea, otro 40% usa los buscadores, y un 30% se la pasa explorando las redes sociales antes de soltar un chelito. ¿Quién diría que un “influencer” iba a tener tanto poder sobre el bolsillo?
Pero ojo, no todo es digital. Aunque vivan con el celular pegao’ a la mano, un 35% todavía se da su paseíto por las tiendas físicas. Eso demuestra que no han abandonado el mundo offline, sino que lo integran como parte de una experiencia de compra que siempre, o casi siempre, arranca en la pantalla. Como bien explica la Dra. Liduvina Valencia Márquez, una experta de BIU University Miami, para la Generación Z no hay diferencia entre consumir en la tienda o por internet; es una sola experiencia. Lo que vale más es la recomendación y la confianza que les da alguien, no la publicidad de antes que salía en la tele o en los periódicos. ¡Eso es una vaina bacana de entender!
En cuanto a qué le meten el diente a sus gastos, también vemos un cambio estructural. Por ejemplo, la gente de Anato reporta que un 61% de ellos busca viajes que dejen algo positivo en las comunidades locales, y el 51% hasta cambiaría de destino si eso significa dejar una huella ambiental más chiquita. Y aunque el 73% busca opciones que sean inteligentes en cuanto al costo, ¡agárrate de la mata!, el 45% planea gastar más en viajes para el 2025. El informe “Gen Z Latam: Mitos, Verdades & Tendencias” de Samy confirma que para un 58%, viajar es una prioridad, y un 51% prefiere invertir en festivales y conciertos. O sea, la plata no es solo para acumular propiedades o cosas materiales, sino para construir su identidad, para darse gusto y sentirse bien emocionalmente. ¡Están de lo más bien con su coro de experiencias!
Pero el cambio más profundo se ve en cómo conciben el ahorro, y aquí la cosa se pone un poco más seria. Un informe de Bank of America, el Better Money Habits 2025, revela que el 55% de la Generación Z no tiene ahorros suficientes para cubrir ni tres meses de gastos. Y lo que es peor, el 53% siente que no gana lo necesario para vivir como quisiera. Esto, mi gente, explica por qué sus prioridades financieras se han inclinado hacia el corto plazo. Según el Foro Económico Mundial, el 51% de los jóvenes prefiere ahorrar para emergencias, dejando la jubilación en un segundo plano. Al mismo tiempo, el 57% se da pequeños “caprichos” al menos una vez por semana, y un 59% reconoce que esto los puede llevar a gastar más de la cuenta. Es una batalla constante entre el ahora y el mañana.
Aquí es donde entra en juego el famoso “gasto invisible”. Me refiero a todas esas suscripciones, microtransacciones en los juegos o aplicaciones, y esos pagos fraccionados que uno hace sin darse cuenta de que se acumulan como si fueran una deuda. La Dra. Valencia lo pone claro: “Es una generación financieramente activa, pero emocionalmente presionada”. Ahorran por el miedo a la inestabilidad, que no es poca vaina en estos tiempos, pero consumen para mantener su bienestar y su conexión social. Es un equilibrio delicado, un vaivén entre la prudencia y el deseo de disfrutar la vida al máximo, aunque eso signifique apretarse un poco después.
La relación entre el trabajo y el dinero también ha dado un giro. Según Deloitte, para el 89% de los jóvenes, encontrarle un propósito a lo que hacen es clave para su bienestar laboral. ¡Imagínate! Solo un 6% aspira a ser jefe o tener puestos de liderazgo. Prefieren tener un equilibrio entre su vida personal y profesional, aprender cosas nuevas y desarrollar habilidades antes que subir escalones en la jerarquía de una empresa. Eso es un tigueraje inteligente, buscan la flexibilidad por encima de la estabilidad tradicional, diversificando sus ingresos con proyectos independientes o trabajos que les permitan manejar su tiempo. El dinero, entonces, no es solo un fin, sino una herramienta para vivir como quieren y cumplir sus propósitos personales.
Entonces, ¿qué significa todo esto para nuestra querida América Latina? En una región que, según Kantar, está envejeciendo a guagua, con proyecciones de que para el 2050 casi el 40% de la población tendrá más de 50 años, la Generación Z ya es el presente del consumo y, más importante aún, el futuro de nuestro sistema financiero. Ignorarlos sería un error garrafal, mi gente.
Están cambiando las reglas del juego en tres frentes clave: Primero, consumen por la influencia de sus valores y lo que les gusta, no solo por el precio. Segundo, priorizan tener el billete líquido y las experiencias por encima de acumular bienes a largo plazo. Y tercero, invierten desde temprano, pero con la cabeza puesta en las contingencias y los posibles problemas que puedan surgir. ¡Es una visión bien práctica!
Entender cómo esta generación maneja su dinero no es solo ver los hábitos de los muchachos. Es anticipar cómo van a evolucionar el ahorro, el crédito, el consumo y la misma estabilidad económica en toda la región durante la próxima década. La Generación Z no está eliminando las reglas financieras tradicionales; al contrario, ¡están escribiendo unas nuevas, adaptadas a un mundo que es más incierto, más digital y muchísimo más inmediato! ¡De una vez!
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