La Poesía: ¿Qué ‘Vaina’ Tan Bacana y Necesaria es Esta?

¡Klk, mi gente! Hace poco se celebró el Día Mundial de la Poesía, y un amigo mío, al que le decimos ‘El Poeta Mayor’ —un bacano de verdad— me invitó a un recital que ya lleva ocho años dándose su buena pauta. Pero miren qué vaina, el clima se puso de lo más chulo, pero al revés: lloviendo como si no hubiera un mañana. Los caminos se pusieron intransitables, puro lodo. Uno pensaba ‘esto no se da’, pero la gente del patio llegó, el coro se armó y La Poesía habló. Aquella experiencia me dejó con una pregunta clave que me rondaba en la cabeza: ¿para qué sirve, de verdad, la poesía?

Asegún el pensar de muchos, en esta sociedad donde todo es productividad y ‘hay que estar resolviendo’, la poesía parece una pérdida de tiempo, algo que ‘no deja chelitos’. Es fácil caer en la trampa de pensar que no produce bienes, no acelera nada, ni te saca de un apuro de una vez. Pero esa es una mirada corta, una chercha que no nos deja ver más allá. El historiador Yuval Noah Harari, en su libro ‘Sapiens’, nos echa una luz sobre esto: el ser humano no solo cuenta lo que ve, sino que es capaz de hablar de lo que no existe. Creemos en mitos, en dioses, en naciones, en derechos… ¡en un viaje de ficciones colectivas!

Pues miren, la poesía es el cemento que sostiene esa capacidad nuestra de imaginar juntos. No es un simple adorno del lenguaje, no mi hermano. Es la expresión más pura y libre de lo que somos, el lugar donde las palabras se quitan las cadenas de lo material para crear sentido. Sin ese sentido compartido, sin esos ‘cuentos’ que nos unen, ¡no hay comunidad que valga! Lo que pasó en La Guama, ese pedacito de Santiago Rodríguez, fue la prueba del nueve. A pesar de que la guagua estaba difícil, la gente decidió irse en ese coro alrededor de la palabra, a escuchar y a reconocerse. Este acto, que para algunos es un relajo, es profundamente político y cultural, porque crea un espacio donde los significados fluyen y nos identificamos como un mismo grupo de gente.

Harari ya nos lo había dicho: la cooperación en grandes grupos, más allá de la familia o la fuerza bruta, viene de la creencia en relatos comunes. La poesía forma parte de ese tejido invisible que permite que una comunidad eche pa’lante y se mantenga viva. En un mundo donde todo es ‘líquido’, como decía Zygmunt Bauman, y los vínculos se diluyen en un dos por tres, la poesía es un ancla. Fija las emociones, condensa los momentos, guarda nuestra memoria. Ayuda a que algo se quede, a que no se pierda en el aire, cuando todo parece irse con el viento. Los ‘Artistas dominicanos’ que cultivan este arte, desde los más conocidos hasta los que se dan su recital en el patio, son vitales para esto.

Pero la cosa no para ahí. La poesía también nos abre los ojos y la mente, ¡un viaje! Edgar Morin nos recuerda que no solo vivimos en un mundo de cosas, sino de significados. La poesía expande ese universo. Nos permite ver más allá de lo obvio, nombrar lo que todavía no tiene nombre, explorar todo aquello que quizás no sea ‘útil’ de forma inmediata, pero sí profundamente necesario para el alma. Piénsenlo, Amartya Sen hablaba del desarrollo humano como la expansión de nuestras capacidades. Imaginar, crear, participar en la cultura… la poesía fortalece esa libertad de ser y de pensar.

Lo que se vivió en ese Día Mundial de la Poesía no fue solo un recital, no fue solo un ‘concierto’ de versos. Fue una comunidad entera ejerciendo su derecho a imaginarse a sí misma, a narrar su propia historia, a afirmarse en medio de la incertidumbre, ¡hasta bajo un chaparrón! La Poesía sirve para resistir, para decir ‘aquí estamos’ cuando todo empuja hacia lo inmediato, lo utilitario, lo que da ganancia. Detenerse a escuchar un poema es un acto de rebeldía cultural. Nos ayuda a que la sociedad no pierda ese ‘tigueraje’ simbólico, esa chispa que nos permite cooperar, proyectarnos y construir un futuro bacano para todos. Esa noche en Santiago Rodríguez, la poesía no detuvo la lluvia, pero sí permitió compartirla en comunidad. Y eso, mi gente, en estos tiempos, no solo sirve; ¡es imprescindible, klk! Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!

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