La Romana está pasando por un ‘pleito’ serio con las inundaciones que, asegurún la gente del patio, no son solo obra de las vaguadas ni de la humedad marina que nos azota. La verdadera ‘vaina’ es un ‘tigueraje’ de cúmulos de basura que tapan las cañadas y calles, convirtiendo cada aguacero en un drama para los munícipes. Este problema, que se siente como si la ciudad estuviera en un ‘tapón’ constante, amenaza con agravar la situación, poniendo a la gente con el corazón en la mano.
Esta situación no es de ahora; asegún los residentes, la acumulación de desechos sólidos y plásticos es un mal de años. La Romana, conocida por su belleza y polos turísticos, esconde en sus barrios más vulnerables una realidad amarga: la falta de una gestión de residuos efectiva y, en ocasiones, la propia falta de conciencia ciudadana para mantener limpias las zonas aledañas a ríos y cañadas. Es un ciclo vicioso donde la basura bloquea los desagües naturales, y cuando el agua busca su camino, se ‘desata la chercha’ de los desbordamientos.
Un recorrido por el ‘patio’, por esos barrios como Barrio Obrero, Buenavista Sur, Callejón Guaymate, Padre Abreu y La Restauración, demuestra que la gente de allí está ‘a pique’, viviendo con la incertidumbre. Es ver cómo el agua trae consigo un ‘viaje’ de inmundicia que se mete en las casas, dañando lo poco que muchos tienen. La señora Vitalina Cedeño, con sus 82 años en La Restauración, cerca del río Salado, lo ha visto ‘un millón de veces’. Su testimonio es el de muchos: las ‘inundaciones’ siempre traen basura a casa, aunque ‘gracias a Dios’ no siempre les dañen los ajuares mayores.
El impacto va más allá del agua sucia y los bienes materiales perdidos. Hablamos de salud pública, del dengue que se forma con el agua estancada y de las enfermedades que pueden proliferar. La Romana, como muchas otras ciudades de la República Dominicana, enfrenta el desafío de equilibrar el desarrollo con la protección del medio ambiente y la salud de sus ciudadanos. Los barrios como Quisqueya Nueva, que llevan más de cinco años luchando con filtrantes insuficientes, son un claro ejemplo de que las soluciones parche no dan abasto.
La realidad es que, mientras las autoridades municipales y la gente del común no hagan un ‘coro’ para resolver este ‘pleito’, seguiremos viendo el mismo drama. No es solo de recoger basura ‘de una vez’ cuando llueve; es de educar, de fomentar una cultura de limpieza y de tener una infraestructura que sirva de verdad, con sistemas de drenaje que no colapsen a la primera gota. La inversión en educación ambiental es tan crucial como la compra de más ‘guaguas’ recolectoras de basura.
Las evacuaciones preventivas, como la de los 200 estudiantes y maestros del Liceo Profesora Julia Amada Mella De Goicochea, son un claro indicio de que la ‘vaina’ está ‘candela’. No podemos esperar a que ocurran desgracias para actuar. Es responsabilidad de todos, desde la junta de vecinos hasta el ayuntamiento, garantizar que la vida de los romanenses no esté siempre ‘a pique’ por un problema que, con planificación y voluntad, tiene solución. Hay que ‘chequear’ este asunto con seriedad.
Es momento de que La Romana, una provincia tan ‘chula’ y visitada por turistas, muestre que su gente es digna de un mejor ambiente y de soluciones reales. Los aguaceros siempre van a venir, pero las inundaciones por basura, esas sí tienen arreglo. Es hora de dejar el ‘relajo’ y ponerse ‘pa’ eso’.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




